A contraluz frente a una ventana, Diana fotografió seis mascarillas entrelazadas junto a una máquina de coser. Sasha capturó varias maletas juntas sin destino. Iago tapó bajo una manta una figura de madera durmiente. Antía apuntó con su cámara a la calle, con sus manos y las de su padre aplaudiendo en primer término. Gloria encuadró unas flores rojas en un balcón cuando la primavera llegó a su aldea y Álex, otras rosas con el azul y las nubes de fondo en su pueblo. Estas y otras siete fotos se pueden ver desde ayer en el margen peatonal de la plaza de Lugo. Forman parte de la exposición de imágenes que durante casi cien días del estado de alarma por el COVID atraparon en sus objetivos los alumnos del Taller de Fotografía Inclusiva con Enfoque Profesional de la Fundación María José Jove. Durará hasta el 8 de enero.

Carla, Jorge, Lola, Adrián, Daniel, Alejandra y Aarón, que ayer tomaba fotos a los paneles de imágenes y a los asistentes en el acto de presentación, han volcado toda su intuición fotográfica en el contenido de esta muestra, Modo espera. 99 días en pausa, compuesta por las creaciones de jóvenes con diversidad funcional de entre 16 y 24 años que han participado a distancia en el taller de la fundación. La asociación Nos Why Not ha colaborado con el tutelaje del fotógrafo Felipe Alonso y cada imagen está acompañada en los paneles por textos de Martiño Maseda.

“Las maletas son como una caja de sentimientos que voy sacando y de dentro saco la imaginación para las fotografías”, explicaba ayer Sasha, a quien la cámara, confesaba, le hace sentirse “otra persona”. A la imaginación que le suscita su pueblo aludía Gloria para explicar “la composición de flores” que atrapó en su cámara. “Yo fotografié las mascarillas que hacía con mi madre al principio de la cuarentena, cuando no las había en los supermercados. Las creábamos nosotras y así ayudábamos a la gente”, contaba Diana. “Salía a aplaudir todos los días con papá a la ventana y había mucha gente aplaudiendo en sus casas”, recordaba Antía. Iago, Jorge y Álex repasaban también por qué quisieron retratar paisajes, flores, espacios, el sol.

Un perro que apoya las patas delanteras en el alféizar de la ventana y las traseras en el sofá se gira para mirar a Carla, que lo retrata. Jorge es testigo de una hermosa puesta de sol. Lola fotografía la plaza de Cuatro Caminos vacía, salvo por el paso de un solitario coche, a plena luz del día. Aarón, un huevo que se rompe y se encuentra con otros antes de convertirse en una tortilla.

“Esta exposición no se trata de una muestra de ocio o tiempo libre sino que es una prueba de querer dar a estos chicos una capacitación profesional para que puedan desempeñar trabajos. Hay mucho esfuerzo y dedicación detrás”, destacó la edil de Benestar Social, Yoya Neira. “Queremos transmitir sensaciones nuevas e intensas y, al mismo tiempo, visibilizar una labor inclusiva dentro de la ciudad a través de la fotografía, ubicando las imágenes de los jóvenes en un espacio público y de paso”, apunta la Fundación María José Jove.