Gris en tiempos del todo color. Tenuidad en la era de la saturación. Rubén Panete invierte los códigos estéticos contemporáneos en su muestra Piedra y melancolía, en la que el fotógrafo coruñés hace confluir distintas piezas de las series a las que ha dedicado los últimos años.

Localizaciones como Albania, Kosovo, Turquía, Georgia, Armenia, Irán, Kurdistán, India, Cachemira, Líbano y las fronteras de Siria y Pakistán, entre otras; se entremezclan entre las piezas seleccionadas para la muestra, que ocupó las salas de la galería de arte Black Box este mes de diciembre. Una selección de su serie Arquitecturas Negras, en la que posa el objetivo de su cámara en distintos países europeos a encargo del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona complementó a las piezas nuevas de la exposición.

“No son dicotomías separadas, una confronta a la otra, una da lugar a la otra. Arquitecturas Negras es una herida dolorosa, pero que no se entiende como negativa, se siente como la posibilidad de que entren por ahí otras cosas. Las dos se comunican en ese sentido”, explica Rubén Panete. Arquitecturas Negras cuenta, a través del retrato de su urbanismo, los procesos de superación del dolor tras el conflicto de los Balcanes.

Escala de grises es el nombre escogido para ese trabajo nuevo que complementa y enfrenta a las Arquitecturas Negras. “Viene de varios años experimentando con distintas técnicas en países de Asia u Oriente Medio. Se trata de trabajar el color y rebajar las luminancias extremas de las imágenes para que empiecen a aparecer las cosas. Cada imagen requiere un trabajo de una semana o diez días”, asegura Panete.

El estudio del urbanismo de los países europeos, la aproximación al concepto de Eurasia y el clima de convivencia entre el devenir migratorio y la explosión turística en Italia son algunas de las narrativas que explora la muestra. En todas las ocasiones, aunque la geografía es un elemento crucial en el hilo conductor del proyecto, la localización aparece difusa y se pierde la referencia, de forma que solo el ojo avezado del espectador familiarizado con esas realidades podría distinguir dónde se ubican. “En mi manera de trabajar se pierde la referencia, se encuentra velada. En una imagen captada en Cachemira, se ve un texto escrito en urdu. Quien lo reconoce sabe que se ubica en Pakistán. No hay nada evidente, yo no me siento de ninguna parte, voy atravesando las fronteras”, explica el fotógrafo.

Una geografía difusa y única que delata a una persona, el artista, “que se siente atravesado por las cosas”, define Rubén Panete. No busca localizaciones con traumas, pues “el problema, realmente, está en todas partes”. Una muestra que el autor espera complementar pronto con instalaciones de vídeo y sonido, de forma que pueda disfrutarse en su plenitud una vez las restricciones den un respiro a la población. “No me podría quedar solamente en la imagen. Existe el tacto, el sonido. Reducirlo todo a imagen es una pérdida total”, apunta el autor.