Virxilio da Silva. | // LA OPINIÓN

Antón Iglesias es titulado superior en batería de jazz. Lo es, al menos, en Portugal, donde obtuvo su licenciatura a través del Instituto Politécnico de Porto. En España, a donde regresó tras concluir los tres años de estudios y obtener su título, a efectos prácticos, no tiene nada. Aunque su título equivale al que se otorga en España por los mismos estudios, los años no coinciden, y tampoco los créditos, pues Portugal se guía por el sistema 3+2 (tres años de licenciatura y dos de máster) mientras que en España impera el 4+1. “Yo allí soy universitario. Vengo aquí y resulta que no tengo nada. En la Xunta te homologan créditos por créditos. Tengo un título de licenciado superior en jazz, pero aquí te reconocen un máximo de tres años”, explica.

Antón Iglesias, que lleva meses luchando contra las administraciones para obtener la homologación de su título, guarda pocas esperanzas de que le sea reconocido su nivel de estudios. Algo que, sobre el papel, estaría solucionado, pues el plan Bolonia, aparentemente, facilitaba la equiparación de estudios entre los distintos países europeos. “Bolonia no es una ley, es una declaración de intenciones. Es algo que fui averiguando estos días. Se dio la opción a los países de escoger 3+2 o 4+1”, asegura el músico. La única solución que obtuvo, tras meses de pesquisas y de tocar puertas, fue la de matricularse en primero en el Conservatorio Superior de Música de A Coruña, pedir el máximo de convalidaciones pertinente y cursar los créditos que restaban hasta obtener el mismo título aquí.

“Tuve que hacer más exámenes, pedir el adelantamiento de la convocatoria, porque yo escogí la vía de la convalidación. Escojas lo que escojas, tienes que pasar por un proceso largo. Estoy repitiendo un nivel de estudios que ya tengo”, denuncia.

Emilio Atanes, batería de jazz, ya se encuentra en disposición de su título superior, pero tuvo, para ello, que cursar un año más de los tres obligatorios en Portugal y pasar, de nuevo, por los exámenes y trabajos finales. “En su momento, la única opción que tuve fue ingresar en primero en el Conservatorio de A Coruña y pedir las convalidaciones. Solo me reconocían el 60% de los créditos. Afortunadamente, la jefa de estudios del Conservatorio supo entenderlo y se portó genial conmigo a lo largo de todo el proceso, pero tuve que cursar un año más de estudios que ya tenía”, recuerda. Fue el primero de su especialidad, el jazz, en tener que pasar por esos trámites, pero, como imaginó entonces, detrás vendrían muchos más. Uno de ellos es Pablo Reyes, pianista, a quien la burocracia de la homologación le costó el puesto de trabajo. Resume fácilmente la contingencia. “La música en este país, a nivel administrativo, es un desastre”, asegura. “En España no están materializados unos estudios universitarios de música”.

Reyes trabajó, tras su vuelta, en dos escuelas municipales de música de dos concellos coruñeses que trataron la situación de forma dispar y que tuvo que abandonar tras muchos vaivenes con distintas administraciones. “En la Xunta no me pusieron problema para impartir clases. En uno de los concellos tampoco, pero en el otro sí”, recuerda.

A Virxilio da Silva, guitarrista de jazz, la faena le salía todavía más cara: habiendo concluido sus estudios de licenciatura y máster entre Portugal y Ámsterdam, ambos acogidos a la modalidad 3+2, la única propuesta que ha recibido es la de canjear esos estudios únicamente por los de grado, teniendo que renunciar al nivel de máster. “Aún así, me dicen que es complicado, porque las asignaturas no van a coincidir”, lamenta. Un problema que no tuvo a la hora de cursar el máster en un país distinto al de la licenciatura, lo que le ha hecho plantearse el salir fuera de Galicia para obtener una equivalencia justa. “Por ciertas razones, estoy empadronado en Madrid. Estoy pensando en tramitar la homologación allí. Por las conversaciones que ya he tenido, en Madrid no me pondrán el problema que tengo aquí”, juzga el músico. A consultas de este diario, la consellería no respondió.