Voluntarios, en el Orzán, donde encontraron un sujetador y una maquinilla de afeitar. | // BRAIS PINHEIRO

La vergüenza que trae el mar

La vergüenza que trae el mar

La vergüenza que trae el mar

La vergüenza que trae el mar

Muchos luchan por lo contrario, pero es un hecho que el plástico es un elemento cada día más presente en el uso cotidiano de la población. Una realidad que se intensifica cada año y que tiene su reflejo más triste en los mares, que escupe, cada día, más pedazos de un material que tarda cientos de años en desaparecer.

“El 15% de los residuos están en la superficie, el 15% en la mitad y el 70% están hundidos”. Esos ya no se pueden recuperar”, explica Óscar Vales. Él, que lleva toda la vida haciendo surf, ha podido comprobar con sus propios ojos como la invasión del plástico ha crecido hasta alcanzar visos de no retorno. “La proporción, en los últimos cinco años, ha sido brutal. Si seguimos así, no sé como estaremos en 2030”, adelanta.

Es uno de los integrantes del proyecto WeSustainability, promovido, en un principio, por la marca de ropa Vazva e Hijos de Rivera, aunque han ido sumándose nuevos colaboradores y embajadores desde sus inicios en 2009. Entre otras estrategias de concienciación, la plataforma organiza, semanalmente, recogidas voluntarias de residuos en las playas coruñesas, con las que, más allá de dejar una huella visible de su contribución, buscan dejar un poso de compromiso en los participantes. “La mayoría de los residuos que se encuentran en la playa son de uso doméstico. La idea es que la gente vea lo que está ocurriendo en los últimos años”, explica Vales. La estrategia funciona, pues cada sábado reúne en la playa a más interesados.

“La última recogida que hicimos antes de la pandemia reunió a 400 voluntarios. Ahora estamos haciendo grupos de 40, por el COVID”, cuantifica Vales.

Cada fin de semana extraen de las playas residuos que ya se han acostumbrado a recoger, pero cada día hay más sorpresas entre los restos que el mar escupe. “Hay de todo lo que te puedas imaginar. Lo que más sale de la ciudad son colillas, es una barbaridad”, asegura. Con los restos de tabaco compiten de cerca los plásticos de cualquier naturaleza, los textiles, material sanitario como bastoncillos, compresas o, más recientemente, mascarillas. “Las gasas que dicen que son biodegradables, también. Pasa igual que con el plástico de fécula de patata, que en el mar no se degrada”, explica Vales.

Recientemente, a las playas coruñesas han llegado residuos como respiradores de coronavirus procedentes de Rumanía o plásticos venidos de Corea. Con todo, no hay solo malas noticias, pues hay elementos que han ido desapareciendo, como remanentes de pesca, cada vez menos comunes. “Ha ido a menos gracias al trabajo que se hace con las cofradías, hay un proyecto con la asociación Mar de Fábula que se dedica a eso. Antes, era muy común encontrar material de pesca y aparejo, ahora no se hace tanto”, reflexiona Vales. Aunque la calidad de los arenales coruñeses es innegable, no todas aprueban el examen. “La playa de Bens es de lo peor que he visto. Es el vertedero de A Coruña”, lamenta Vales.

Otros focos de concienciación

La recogida semanal de residuos en las playas coruñesas es solo una de las muchas actividades que WeSustainability programa con el objetivo de concienciar a la población sobre la huella que dejan las costumbres cotidianas en el medio ambiente. La iniciativa organiza, con cierta frecuencia, proyectos como talleres de recuperación y reciclaje de ropa vieja o cartón, charlas sobre sostenibilidad o actividades enfocadas a dar una segunda vida a los residuos que extraen de las playas, que pueden acabar convertidos en fundas para el móvil o elementos creativos. La plataforma ofrece, en su página web, talleres de cerámica sostenible, pintura orgánica, reconversión y reparación de tablas antiguas de skateboard o creación de arte a partir de basura marina. El proyecto dispone, en su sede de Pedro Barrié de la Maza, un punto de recogida de plásticos que abre los sábados entre las 10.00 y las 14.00 horas, pensado para que la ciudadanía deposite allí los residuos que genere en sus hogares, de forma que estos no terminen en el mar.