Nani García se reencuentra con sus compañeros de Clunia Jazz para celebrar en el teatro Colón el 40 aniversario del Jazz Filloa. Todavía no está convencido de que el concierto del 29 de enero se celebre, pues “las cosas cambian cada día”, pero mantiene la ilusión por subirse a un escenario en un momento “complicado” para el sector cultural.

El Jazz Filloa elige a Clunia Jazz para celebrar su 40 aniversario.

Es un orgullo que el Jazz Filloa cuente con nosotros. Estamos separados desde hace tiempo por circunstancias de la vida, pero si surge la oportunidad, no tenemos problema. Esta es la oportunidad perfecta. Estamos orgullosos. Tiene lógica, porque prácticamente nosotros también llevamos 40 años. Empezamos casi a la vez y nos educamos junto con el Filloa. Sobre todo Baldo Martínez, Fernando Llorca y yo.

¿La actuación contará con invitados sobre el escenario?

Sí. Clunia siempre tuvo cuatro miembros, pero hubo cambios con el tiempo. Primero estuvo Antonio Cal, que falleció, y después Javier Escaned o Miguel Ogando. Hubo muchos colaboradores. De hecho, el último disco, de 2009, es a quinteto ya. Se llama Cinco, por eso y porque es el quinto disco de Clunia.

¿Es el que el grupo va a interpretar en el concierto?

Sí, porque quedó poco difundido y explotado en su momento, apenas hicimos dos o tres conciertos. Ahora aprovechamos y lo retomamos. Lo acabo de escuchar, diez años después, y me parece que está bien. La memoria a veces traiciona y te dice que es de otra forma, pero no me decepcionó. Estoy muy gratamente sorprendido. También tocaremos algún tema de publicaciones anteriores.

¿Cómo es ensayar en plena pandemia?

Complicado, por la pandemia y porque los ensayos suponen un coste. Uno vive en Madrid, otro en Barcelona, otro entre Vigo y A Coruña y yo en Cambre. Recabamos el material y las partituras, nos las pasamos y el día anterior haremos un ensayo. Son todos buenos músicos y sacarán adelante el tema sin problema.

En estos 40 años, ¿cómo ha sido la evolución del jazz en Galicia?

El Filloa fue un gran catalizador de todo lo que tuvo que ver con el jazz en Galicia. Por su pequeño local de 60 metros pasó de todo, se crearon grupos, se formó gente y hubo grandes jam sessions. Hubo épocas mejores y peores, pero lo cierto es que es un local de hostelería que tiene su sentido en la música en vivo. Ellos mantuvieron su existencia y sobrevivieron gracias a poder ofrecer directos. Ahora con el COVID-19 no podemos hablar de ningún panorama, pero en los 2000 empezó a crecer el número de músicos en Galicia, porque volvieron los que habían estudiado fuera. No fue nuestro caso, que empezamos de cero veinte años antes.

¿Fue la de Clunia la primera generación de jazz en A Coruña?

Se puede decir que sí. Quizá la primera fue la del saxofonista Antonio Cal, pero entonces la gente iba más por libre, no había un movimiento como tal. Era gente aislada que por iniciativa había tenido contacto con jazz. Luego llegó Clunia, pero también Fito Ares o Alberto Conde. Hubo generaciones intermedias pero ninguna hasta los 2000 se había educado fuera. Ese fue el cambio cualitativo. Ahora existe una generación de músicos jóvenes mayor.

¿Y las condiciones cambiaron?

No, sigue siendo precario y complicado. Y eso que cambió la política cultural, aunque seguimos siendo un país lento en ese sentido. Falto de iniciativa, bajo mi punto de vista. Fuera de que sobresalgan figuras y personajes aislados. No lo comparo con Estados Unidos porque sería una salvajada, pero sí con el País Vasco, que gestionan la parte cultura de otra manera, la miman, la respetan y la estiman.

Ese abandono, ¿se ha notado aún más con el coronavirus?

Sí, el sector cultural está olvidado. La música es poco socializante. El teatro y el de cine tienen más fuerza, pero la música es muy individualista. Se ha intentado durante estas décadas hacer piña pero es muy complicado. Sobre todo en este tipo de música. Nos afecta mucho y se nos oye poco. Ahora estamos haciendo piña toda la gente de la cultura. Ya no se puede distinguir entre gaiteiros, baterías o actores de teatro. El coronavirus nos afecta a todos. Pero no hacemos ruido suficiente. Es impepinable que, diga lo que diga Illa o Simón, la cultura no contagia. Las medidas son fáciles de controlar, sobre todo en teatros. No entendemos por qué nosotros. Esto es una ruina. Si viviese solo del directo, estaría muy mal ahora.