El COVID ha frenado en seco la actividad crucerística a nivel mundial justo cuando A Coruña se había consolidado como el primer puerto español de la franja atlántico-cantábrica, pero la pérdida de actividad en los muelles de Batería y Calvo Sotelo en un plazo de “dos años” por el traslado a Langosteira abre al Puerto y a A Coruña un mundo de posibilidades en esos terrenos ganados para la ciudad. El Concello se plantea, en ese sentido, “convocar a medio plazo” para el muelle de Calvo Sotelo “un concurso de proyectos para ejecutar una nueva estación marítima al nivel de las existentes en otras ciudades europeas”, con la terminal del puerto portugués de Leixões, en Matosinhos, como “modelo a seguir”. Antes, el Gobierno local propone eliminar la actual estación marítima del muelle de transatlánticos y acondicionar un espacio temporal para sus servicios en la planta baja de Palexco.

Al Ayuntamiento le atrae de la instalación lusa, una de las referencias por sus dimensiones y por sus formas en el skyline de la zona costera del Gran Oporto y, sobre todo, su modelo mixto que “combina estación marítima, centro de investigaciones marinas (CIIMAR-Centro Interdisciplinar de Investigação Marinha da Universidade do Porto) y sede de empresas vinculadas con la biología y la robótica, relacionadas también con la Universidade do Porto”. Remarca, además, que puede convertirse en punto de referencia cultural, ya que “en la cubierta” de la terminal de Matosinhos “se realizan conciertos y actividades lúdicas”.

La terminal de cruceros del puerto de Leixões cumplirá en los próximos meses su primera década y supuso el símbolo de la gran apuesta del gobierno luso y de los autoridades portuarias de Leixões, Porto y Viana do Castelo por el tráfico de pasajeros en la segunda década de siglo XXI, donde la ciudad del norte de Portugal se ha convertido en referente, al igual que A Coruña, y que le sirvió para completar su oferta de entrada de turistas por el aeropuerto de Sá Carneiro, dominado por las líneas de bajo coste.

La construcción, con forma de caracola y formada por millones de pequeñas baldosas con tonalidades de blanco simulando las olas del mar, costó unos 500 millones sin contar con las aportaciones posteriores para ir mejorando instalaciones y eficiencia. Los espacios diáfanos, las líneas curvas y los juegos con las entradas de luz son las líneas maestras con las que se levantó el edificio y las que guían la experiencia en el interior de la estación del sur del puerto de Leixões.

Cubierta de la terminal en forma de anfiteatro. | // PORTO DE LEIXOES

En un principio, se barajó incluir en su interior tiendas y oferta del sector terciario para los cruceristas que desembarcaban, pero finalmente se optó por dedicar el espacio a la investigación y a ser sede de empresas “vinculadas con la biología y la robótica”, tal y como apunta el Concello en su documento de líneas estratégicas que ha hecho llegar al Puerto.

La terminal de Matosinhos se encuentra a escasos metros de esta localidad, pero a unos quince kilómetros del centro de Oporto, una distancia que no hay que recorrer en A Coruña, ya que los cruceros llegan al corazón de la ciudad, otra de las potencialidades de la futura terminal coruñesa.

Este concurso de ideas para una nueva estación es una de las ideas importantes para la tercera fase del proceso de apertura de los muelles de Batería y Calvo Sotelo, que debería empezar a producirse en un plazo de dos años. Antes se permitirá el tráfico en su interior, se trasladará la parada de transporte interurbano de Entrejardines y se llenarán de utilidad algunos de los espacios interiores con “diferentes actividades deportivas, comerciales y de ocio”, según planea el Ayuntamiento.