Ahoga a A Coruña su sempiterno alto porcentaje de asfalto y últimamente tampoco ayudan los cierres perimetrales y las mascarillas. Pero hay resquicios verdes dentro de sus límites para respirar aire puro, escapar del concurrido paseo marítimo y redescubrir viejos caminos, olvidarse por un momento del coronavirus. De Bens, Feáns o A Silva hasta Eirís, As Xubias o el castro de Elviña, las sendas coruñesas han ido ganando adeptos desde el primer confinamiento y ahora vuelven a vivir una época dorada tras la decisión de la Xunta de pasar la llave al ayuntamiento. Muchos entornos están amenazados a medio plazo por el ladrillo, dadas las estrecheces de la ciudad y las directrices del plan general. Espacios que valorar y que se convierten en una nueva oportunidad para ampliar horizontes sin salir de A Coruña.

FEÁNS. Uno de los pocos entornos rurales de A Coruña centra gran parte de las miradas en esa búsqueda de pepitas de oro verdes. La aldea de Feáns y todo su entorno aspiran a convertirse en “el jardín de A Coruña”, tal y como manifiesta José Ramón Cernadas, presidente de su asociación de vecinos. Ya se notó un cambio con la construcción del barrio de Novo Mesoiro, desde donde sus vecinos “invaden” cada fin de semana la zona, pero la tendencia “ha ido a más” en los últimos meses con coruñeses venidos desde otros puntos de la ciudad.

Cernadas ve pasar “cada día más y más gente”. Todo parte del centro cívico desde el que “hay caminos hacia todas partes con un río (Monelos), muchas arboledas...”. Él siente especial predilección por el histórico Camiño de Campos, que une el núcleo con el Castro de Elviña, hay más. “Es un sitio muy apacible. Vas hasta arriba y bajas por A Regueira. Por la parte derecha de Novo Mesoiro hay otros senderitos hacia el cementerio, es muy bonito y tranquilo. Y luego llegas hasta la Urbanización Breogán y existen otras sendas por ahí, hay mucho por donde andar”, cuenta.

CASTRO DE ELVIÑA. El destino de una de las sendas recomendadas por Cernadas es el castro de Elviña y el entorno que rodea al campus, que muchos establecen como campo base para aparcar sus vehículos y a partir de ahí estirar las piernas y respirar aire fresco. Los vecinos ya notan el impacto de los nuevos visitantes. “Cuando acabó el confinamiento y establecieron las franjas horarias para pasear, había mareas. Ahora se normalizó, pero no estamos acostumbrados a ver tanta gente”, cuenta Luis Gómez, presidente de la asociación de vecinos. Él reconoce que la construcción de la tercera ronda cercenó muchas de las rutas largas de varias horas y hay un túnel que se ha convertido en el único paso convencional, “pero la gente investiga, utiliza la vía de servicio y acaba encontrando el camino para llegar al monte”, cuenta. Él conoce la zona y va eligiendo la ruta que le pide el cuerpo, aunque traza varias que pueden ayudar a los neófitos. “Hay una fácil. Sales del campus, vas por el perímetro del castro de Elviña, el camino de O Martinete hasta Mesoiro. Hay otra opción que es tirar para el monte, pero ahora hay que tener cuidado porque como te despistes acabas en Culleredo o en Arteixo”, relata. Gómez solo pide que los senderistas intenten hacer coincidir sus trayectos con los caminos marcados para favorecer la convivencia de su actividad con la vida diaria de los vecinos.

Viandantes en Feáns. Víctor Echave

A SILVA. A Silva y el territorio que ocupaba el antiguo poblado chabolista de Penamoa es otro de los lugares a explorar. Desde la asociación de vecinos de O Ventorrillo están deseando que la situación sanitaria dé un respiro para organizar actividades grupales y aprovechar el entorno de la aldea y de los depósitos, que se han convertido en “un vergel”, según relata. Aníbal Rodríguez, su vicepresidente. “Te encuentras animales de todo tipo, desde salamandras a conejos, que hay una barbaridad”, relata. “Pretendemos que más gente la conozca, incluso del barrio. Queremos que Penamoa se quite ese nombre, esa lacra, que vengan a pasear y que vean que ya no hay nada ahí arriba de todo aquello. Nuestro deseo es abrirlo al resto de los barrios también y darle vida a la zona”, cuenta mientras muestra los deseos colectivos del movimiento vecinal de la zona y recomienda una ruta hecha por él mismo hace solo unas semanas: “No es fácil, pero fui por detrás de los depósitos y después por el medio del monte hasta dar abajo con la entrada de Bens”.

SAN PEDRO DE VISMA Y BENS. Rebeca Rubio y Carlos Parrondo son una pareja joven con dos hijos, que hace poco más de un año se mudó a San Pedro de Visma. Para ellos fue un proceso natural tras vivir en Os Rosales y tener a sus niños escolarizados en los colegios de la zona. Valoran la vida en un entorno semirural, “las vistas” y todo el conjunto que ofrece a sus hijos “lugares y rutas secretas” y la convivencia con diferentes animales como “caballos, vacas u ovejas”, tal y como reconoce Rubio.

Tras el confinamiento y la imposición de las franjas horarias para pasear, confiesan que hubo “un aluvión” de visitantes y que “las aceras se quedaban pequeñas”, pero por debajo de ese primer boom había una nueva tendencia que se ha mantenido. “Ya no es todo aquello que vivimos, aunque sí que es cierto que ha habido un cambio de hábitos. Hay más movimiento de gente caminando, vestida con ropa de deporte”, cuenta Parrondo.

Un vecino en As Xubias con la vista puesta en Santa Cristina, territorio hoy en día vedado para los coruñeses Víctor Echave

Con los niños no es sencillo planificar grandes rutas, aunque recomienda “las sendas por detrás de la iglesia” y bajar desde Visma a “A Gramela”. Todo con Bens y O Portiño cerca para buscar aún más espacios verdes y nuevas sendas.

EIRÍS, PALAVEA Y AS XUBIAS. Con Eirís como punto de partida, Palavea y As Xubias como satélites y bajo el influjo del inicio del Camino Inglés, esta zona que linda con Oleiros y Culleredo también ofrece alternativas en un entorno híbrido, “rural y urbano”. Xesús Prado, histórico dirigente vecinal, es un habitual de las caminatas cuando el trabajo se lo permite. Tiene una ruta muy definida que le lleva “una hora y cuarto sin correr, pero sin ir despacio” y que anima a cualquiera a emprenderla. “Salgo de Eirís, voy por Xuxán y luego desde el monte de Mero hay que salir a Pedralonga y A Pasaxe hasta As Xubias, pero, claro, sin pasar a Santa Cristina”, ríe. “Después llegas casi a Os Castros, pero yo intento subir por el concesionario de la Renault hasta las huertas urbanas de Eirís”, concluye.

Rebeca Rubio y Carlos Parrondo con sus niños Carlos Pardellas

El grupo de senderismo de la sociedad Ártabros anima a “conocer nuevos lugares y a olvidar la carretera y el asfalto”

Pepe Peñuela, aún cabizbajo por todas las rutas frustradas por Galicia y Portugal que tenía preparada la sociedad Ártabros, admite las dificultades que hay en A Coruña para encontrar senderos puramente verdes en los que el ladrillo no acabe asomándose, pero anima los vecinos a “conocer nuevos lugares y a olvidar las carreteras y el asfalto”. Él, para quitarse el gusanillo de las jornadas que solía hacer con su agrupación, se acerca últimamente hasta el “puente de A Pasaxe” y pasea por “As Xubias y por la playa de Oza”. También recurre al entorno de “la Torre y el monte de San Pedro, que tiene mucho verde”. En esas caminatas reconoce que se encuentra “a más gente que hace seis meses” y las considera “alternativas” interesantes al borde de las playas, el clásico coruñés, sobre todo para los vecinos del centro de la ciudad y el frente marítimo, con un alto nivel de ocupación a determinadas horas del día y el fin de semana. Y no solo esas localizaciones, hay más en la que cree que es importante fijarse y darles una oportunidad. “El Castro de Elviña y Feáns es quizás lo más alejado y es donde se puede hacer algo y dar una vuelta interesante. También están Bens y O Portiño, pero hay que tener cuidado porque si te descuidas, te sales del Concello. Por ejemplo, en A Zapateira en cuanto te despistas...”, cuenta. Más allá de los lugares, Peñuela considera que la verdadera motivación de muchos es encontrar un entorno diferente. “A la gente lo que le gusta al final son los caminos, escapar del tráfico y del resto de la gente”, asegura.

Los animales vecinos

No solo hay vistas por descubrir en los paseos por la ciudad, también, según indica el Grupo Naturalista Hábitat, mucha vida natural. Algunos de estos animales se pueden reconocer a simple vista, para otros, es necesaria una combinación de suerte y de experiencia.

A los que vayan a pasear al monte de San Pedro, los miembros de Hábitat les recomiendan que se fijen bien en las piedras y en los muros, porque no es difícil descubrir lagartos ocelados. En los campos de hierba se pueden ver también conejos salvajes y mariposas. En las charcas hay ejemplares de rana común y libélulas, aunque, estas especies, cada vez se ven menos, por la presencia de las carpas doradas, que se alimentan de sus larvas. 

Desde el paseo marítimo, a la altura de las Illas de San Pedro, la acción está en el cielo, ya que se pueden ver gaviotas patiamarillas, cormoranes grandes y moñudos, algún ejemplar de ostrero euroasiático y chovas piquirrojas volando. En el mar también se pueden ver algunas veces arroaces y toniñas. El toque de queda no permite dar paseos nocturnos, pero bien entrada la noche en el parque de Bens, no sería raro encontrarse con raposos. Por el día, son frecuentes, los vuelos de chovas piquirrojas y de los cernícalos. En la laguna del parque de Eirís se pueden ver somormujos y aves comunes, como los jilgueros.

En las inmediaciones de la Torre de Hércules, punta Herminia, los menhires y el cementerio moro, es fácil ver aves limícolas, que se alimentan de las algas de la playa de As Lapas, como pueden ser las lavanderas. Si los paseantes se ponen en el punto en el que se ve la isla O Boi Grande, podrán observar cormoranes y, si el mar está rebelde, también a los mascatos. En el parque de Santa Margarita viven pájaros forestales, como el carbonero, el herrerillo, el petirrojos y picafollas, especialmente en época de migración. En los jardines de Méndez Núñez hay, sobre todo, estorninos, que duermen en las ramas de los árboles.

Uno de los mejores lugares para avistar gaviotas de todo tipo es desde los pantalanes del castillo de San Antón, también, en los días de mal tiempo se pueden ver alcas. En el campus de Elviña, sobre todo, en el entorno del río se pueden ver herrerillos, chochín común, lavanderas reales y blancas. A Zapateira, sin embargo, es el lugar del carpintero verde y del busardo ratonero.

En Feáns predominan las libélulas a partir del mes de abril y, en As Xubias, las vuelvepiedras y otras aves limícolas, que se alimentan en la ría. En el puerto, a la altura de la Casa do Mar, se pueden ver no solo gaviotas y palomas sino también ejemplares de aguililla calzada y de halcón peregrino..