Hace casi nueve años que Luis Manuel Gurriarán, histórico dirigente de los hoteleros de A Coruña, dejó la vida laboral, pero sigue muy activo. Entre sus múltiples ocupaciones, acaba de presentar su libro ¿Lidia o Victoria? “Siempre escribí y lo sigo haciendo”, dice. Es su cuarta publicación, su segunda novela, a las que se suman una guía de Galicia y un anecdotario. En pleno azote de la pandemia al sector del hospedaje, ofrece su punto de vista.

¿Es un escritor de hábitos o ahora, que está jubilado, es más laxo?

No, no soy tan metódico porque los jubilados estamos siempre pluriocupados, haciendo cosas. Ocupadísimos. Hay que hacer ejercicio, me gusta la jardinería, arreglar el mundo, aunque ahora es una faena porque no se puede hacer. Yo tengo una tertulia mañanera y al estar los barres cerrados...

Y entonces le dedica más tiempo a la literatura...

Pues no espero a que me venga la inspiración. Estoy ahí con la pantalla en blanco y entonces sí que llega, aunque sea para corregir lo del día anterior, borrarlo y reescribirlo. Eso de las películas de a ver si llega la musa para escribir la novela de tu vida es difícil. Es, en parte, un trabajo. En la primera me sentaba todos los días a una hora determinada, aunque también era porque tenía otras ocupaciones.

¿Cómo llega a una novela de ficción con la violencia de género como telón de fondo?

Empecé a reflexionar sobre el maltrato, sobre las mujeres que mueren a manos de maltratadores. Pasa un día y otro, y empecé a leer todo lo que caía en mis manos y te vas haciendo una idea, te dices “habrá que escribir”.

¿Se documentó con afectadas?

Sí, entrevisté a gente que lo pasó mal, a mujeres que han sido maltratadas. Siempre con mucha cautela porque es remover malos momentos y su intimidad. Hablé con unas y otras. El maltrato de la novela no es de nadie en concreto, refleja una síntesis, aunque hay temas y patrones que se repiten. La protagonista es Lidia y es Victoria porque en su momento cambia de nombre y de personalidad. Es un compendio. Sacas un modelo y lo plasmas.

¿Le salió natural o tuvo algún frenazo creativo?

Pues sí que lo tuve. La novela la colgué en determinado momento y luego la reemprendí. La empecé como narrador y corté. No me gustaba. La metí en un cajón y estuvo meses ahí. Tuve que hacer una reflexión y me dije que tenía que ponerme en cuerpo y mente de mujer y seguir narrándola en primera persona. Era lo que pedía.

¿Le ha pasado como a otros creadores que está siendo menos productivo en pandemia?

Pues sí. Me fue peor. He escrito menos. De hecho, la novela estaba para salir en mayo y la tuvimos que frenar. En otoño la puse de nuevo a andar porque podía estar parada tres años más. Iba a ser una gripe larga y mira cómo estamos.

“Dejémonos de coñas: a Galicia la gente viene a comer. A Coruña es una ciudad muy completa”

Y llegó la tercera ola...

Sí. Cuando se editó pensé en hacer una presentación masiva, como la primera vez, y pedí tantos libros y, de repente, me encuentro con todas las cajas en casa porque volvieron a subir los contagios. Me dije ‘¿y ahora, qué hago?’. Pero ha pasado el tiempo y ya no hay ningún libro en casa. Empecé a moverlo con gente conocida, por WhatsApp y, como viví en muchos sitios y tengo pandillas por ahí... Vendí los mismos libros que tenía pensado colocarlo.

Hace años que dejó la dirección de los hoteleros de A Coruña, pero ¿cómo ve la crisis desde fuera en un sector que fue el suyo?

La vivo como propia, incluso una hija mía trabaja en un hotel. Están casi todos cerrados, solo quedan cuatro abiertos. Llevamos desde marzo que si abro, que si no abro. Y luego llegó lo salvar la Navidad y fue un desastre.

¿Habrá recuperación?

Pueden levantarse más fácilmente que otros sectores. Si arreglan la pandemia, que es que nos vacunen a nosotros y a los extranjeros, y abren la persiana, pues volverán a andar. La gente está deseosa de escapar, de salir, pero lo que es la hostelería de base, bares, cafeterías, pequeño restaurante... El hotel que cierra mañana abrirá aunque sea en otras manos. Los bares es más complicado, habrá una remodelación del sector. Igual había demasiados, aunque en realidad todos vivían de ello y eran puestos de trabajo que existían.

Justo el COVID le pilló al sector hotelero en un momento álgido...

Pues sí. Los hubo duros y que viví de cerca, como el crecimiento de manera descontrolada de hace años. Abrieron un montón grandes y era repartir el pastel que antes era para seis entre catorce. Ahí hubo un bache para los que estaban. Aunque a raíz de eso también se hizo un esfuerzo promocional de la ciudad, incluso desde Hospeco. Campañas potentes. Tener una base hotelera buena empujó a actualizarse a los que ya estaban y tiró del turismo.

¿Ve bien gestionada la imagen de la ciudad de A Coruña como destino turístico?

No está mal, aunque estuvo mejor en otros momentos. Hubo algún bandazo, pero la imagen que se tiene de A Coruña es buena.

Algo más que gastronomía, ¿no?

Pero dejémonos de coñas: la gente viene a Galicia a comer. Y, encima, tenemos una playa en la ciudad y otras al lado. Y si quieres hacer una excursión, hay otras quince, y más y más restaurantes. Es un buen planteamiento. Hay una base muy buena. ¿Que el agua está fría? Sí, pero se pueden hacer otras cosas. Tenemos bares con unas grandes tapas. A Coruña es muy completa. Buenos teatros y cines. Y todo eso habrá que volver a ponerlo en el mercado. A ver si se puede aprovechar un poco del Xacobeo.

Es vicepresidente de la Fundación Fonte. ¿Qué buscan?

Nos encargamos de ayudar a emprendedores que empiezan. Se montó a raíz de la crisis anterior, la de 2008. Somos un grupo de amigos, la mayoría jubilados con una edad importante y con mucha experiencia en puestos directivos. Sumamos más de 300 años. Si no es viable la idea, se lo decimos. Y si lo es y necesita dinero, se lo damos. No sé si saciamos el gusanillo empresarial, pero si le devolvemos a la sociedad algo de lo que nos dio, no solo hay que mirarse el ombligo.