Entre diciembre de 2020 y febrero de 2021 hubo 435 partos en el Materno Infantil, 115 menos que en el mismo periodo un año antes, un descenso del 21%. En el Hospital Santa Teresa, la caída fue del 12%: 67 nacimientos un año y 59 al siguiente en esos tres meses. Fue en este tramo del año cuando vinieron al mundo bebés engendrados en los primeros días y semanas del estado de alarma por coronavirus, cuando la población se tuvo que encerrar en sus casas sin apenas contacto social. Expertos en demografía auguraban entonces que la pandemia (de duración incierta en aquel momento pero amenazante en todo caso), con la crisis económica y el estrés emocional que traería y otros factores derivados como la dificultad para acceder a tratamientos médicos vinculados a la fertilidad o las tensiones en la convivencia, causaría un descenso en la natalidad. En A Coruña se confirma.

A falta de los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (los tiene hasta el primer semestre de 2020), los registros civiles aportan tendencias orientativas, como informó hace unos días El País para vaticinar un desplome de la natalidad por el confinamiento: hasta el 22,6% de bebés menos han nacido en España solo en diciembre y enero respecto al año anterior. LA OPINIÓN ha consultado a los hospitales coruñeses las cifras de nacimientos en los últimos meses para comprobar si la población ha respondido a la misma tendencia nacional.

En el Materno Infantil hubo curiosamente tantos partos en 2019 como en 2020, un total de 2.182, aunque las tablas reflejan las notables diferencias comparativas de los últimos tres meses entre un año y otro: 192 frente a 157 en diciembre, 186 frente a 137 en enero y 172 frente a 141 en febrero. En el Santa Teresa se nota la caída interanual: 336 nacimientos en 2019 sin contar los datos de enero frente a los 296 de todo el año pasado (un descenso del 12%, con el matiz de ese mes sin registros aportados), además de 41 en lo que va de este año. Y Maternidad HM Belén alumbró 901 niños y niñas en 2019 y 868 (un 3,6% menos) un año después, con 141 en los dos primeros meses de 2021.

Estos son los datos, que dan como resultado un centenar menos de partos en enero y febrero de 2021 en comparación con los mismos meses del año anterior. Está por ver en adelante qué consecuencias, y de qué alcance, tendrá la pandemia sanitaria en la planificación familiar y en qué dirección trazará las curvas demográficas. La incertidumbre laboral, el daño económico que ha provocado en no pocos sectores (hostelería, comercio, turismo, cultura...) y el juicio individual respecto a la crianza de un nuevo ser humano en un contexto social diferente determinarán, entre otros factores, la decisión de las familias respecto a la procreación. Probablemente con conclusiones distintas a las que concebían el 14 de marzo de 2020.

Bienvenido al mundo COVID, Roque


Lucía y Carlos tuvieron a su tercer hijo el pasado 3 de enero EEl pediatra les dice que sonríe poco porque las mascarillas limitan la recepción de estímulos


Roque nació el 3 de enero de 2021. Sus padres, Lucía y Carlos, lo concibieron en marzo y en abril se enteraron de que Bosco y Teo tendrían un hermano. A algunos amigos les anunciaron la noticia preguntándoles si tenían patines de sobra de la talla más pequeña para poder prestar a su tercer hijo, no fuera a ser que a Roque también le atrajese el hockey, como a sus hermanos mayores, de 9 y 7 años. Los padres, en aquel momento, conjugaban alegría y preocupación. Trabajan ambos en el ámbito sanitario y conocían de primera mano y en tiempo real los riesgos que podría suponer traer a una criatura a un mundo contagiado de COVID.

“La alegría fue enorme, claro, pero al mismo tiempo estábamos intranquilos. Yo soy anestesista y mi marido trabaja en el 061. Veíamos cómo estaba todo cada día, con los hospitales saturados y el miedo continuo en la población. Asustaba ver que a las madres las separaban de sus bebés para evitar riesgos y extremar las precauciones”, recuerda Lucía Vizcaíno, que admite que se pasó los primeros meses del estado de alarma leyendo informaciones médicas y textos científicos para que las impredecibles consecuencias del coronavirus no la cogieran desprevenida.

Ella y su marido no se han contagiado en ningún momento y Bosco y Teo tampoco, aunque en este largo año tan distinto han tenido que estar aislados algún periodo por varios casos en el colegio y otro caso en el equipo de hockey. Los niños son ahora muy cautelosos, sobre todo con su hermano recién nacido, y se lavan las manos siempre antes de tocar a Roque, de hacerle mimos. “Vamos por la calle y si la capota del coche del niño va algo descubierta ellos la mueven y lo tapan más. Incluso se preguntan por qué el bebé no puede llevar también mascarilla”, cuenta la madre.

Llevar cubierta la cara, algo tan inesperadamente cotidiano en los últimos doce meses, explica además una anomalía que la familia Hidalgo Vizcaíno ha advertido en las primeras semanas de vida de Roque: la falta de sonrisa en su hijo más pequeño, o lo poco propenso a reírse. “Le preguntamos al pediatra y nos dijo que en los nacidos este último año es común que a los padres les sorprenda que su bebé se ríe poco. Es porque el niño ve a gente que no es de casa con una máscara que le cubre el rostro, que oculta gestos y limita estímulos que transmite al bebé. Nosotros nos la quitamos si no estamos en la calle y nos ve, pero no pasa lo mismo con otras personas. Y es algo que nos da pena y tristeza, porque en nuestro caso el abuelo no conoce aún a Roque”, explica Lucía con su hijo en brazos, observando el mundo extraño en que ha nacido.