Un niño de once años haciendo terapia para vencer su adicción al juego es una situación impensable. Sin embargo, es posible. Ocurrió hace unos años y es, desde entonces, la persona más joven que llamó a las puertas de Agalure en toda su historia: el pequeño llegó a la asociación, centrada en la prevención y tratamiento de ludopatía, con una deuda de 1.900 euros que había adquirido a través de compras realizadas jugando a videojuegos.

Un caso impactante que, sin embargo, escenifica una realidad: la edad de las personas que empiezan a jugar a cualquier tipo de juego de azar es cada vez menor. En Agalure hace años que perciben el fenómeno: el perfil preponderante que llegaba a la entidad buscando ponerle nombre a su problema para enfrentarse a él no bajaba de los 35 años y la principal actividad eran las máquinas tragaperras. Ahora, la edad en la que el usuario comienza a jugar en A Coruña ha caído hasta los 19 años y el foco principal son las apuestas deportivas.

En la plataforma Fóra Casas de Apostas da Coruña buscan visibilizar la realidad del juego en la ciudad utilizando los datos como su mejor argumento. Según un informe que ha elaborado la organización partiendo de datos oficiales, de asociaciones de prevención de la ludopatía y piezas de prensa, la cantidad de personas que piden ayuda diariamente a las entidades crece, en la ciudad, cada año. En 2015 eran 33. En 2019 ya eran 169. El problema de casi de la mitad de ellos era el mismo: las apuestas deportivas.

Manifestación contra las casas de apuestas en la ciudad en 2019. | // VÍCTOR ECHAVE

Cada vez más jóvenes

Con la entrada en vigor, ayer, del Real Decreto de Regulación de Comunicaciones Comerciales de actividades de juego, la publicidad sobre apuestas queda restringida a ciertas franjas horarias con el objetivo de limitar la exposición de los menores a estos anuncios. La nueva regulación prohíbe, asimismo, la aparición de famosos o personajes notorios en los anuncios, veta el ofrecimiento de promociones de bienvenida e impide a las operadoras de juego figurar como patrocinadoras en equipaciones deportivas. La semana pasada, el pleno de la Diputación aprobaba por unanimidad de todos los grupos una moción que insta a la Xunta a que impulse un Observatorio del Juego y una Ley del Juego de Galicia centrada en la prevención de conductas adictivas. En su día, la Xunta sentó a la mesa a todas las partes implicadas: empresas operadoras, asociaciones de ludópatas rehabilitados, investigadores en psicología social y representantes de Sanidad, Educación y Juventud. “Desde 2015 no había datos de juego en menores. No se puede dejar fuera de los estudios a los menores, está sesgado. La media real está todavía por debajo de lo que dicen los informes oficiales”, lamenta el psicólogo social e investigador Antonio Rial Boubeta, integrante de aquel grupo asesor. Ya entonces se habló de la creación de un Observatorio, pero hasta hoy no ha habido avances en la materia.

Ese vacío de datos le llevó a poner en marcha un informe al respecto que arroja unas conclusiones y define unas tendencias poco tranquilizadoras. “Hay en torno a un 2% de menores con síntomas claros de adicción al juego. Estamos hablando de más de 2.000 menores con serios problemas de adicción”, asegura Rial. Según su estudio, que ha definido un 24% de menores jugadores habituales, en Galicia serían 25.000 los menores para los que apostar se ha convertido en una actividad normal dentro de su ocio. “Uno de cada diez de los que juegan termina desarrollando una verdadera ludopatía. Cada vez hay un caldo de cultivo mayor. En breve se va a colapsar el sistema sanitario”, augura el investigador. Rial Boubeta insiste en que, en contra de lo que se pueda pensar, la mayoría escoge la modalidad presencial para jugar y no el móvil. El 70% lo hace en las terminales de bares y cafeterías. A la mayoría jamás se les ha pedido el DNI. “No puedes pedirle a un menor que sea responsable con una coletilla en tu anuncio. El que tiene que serlo es el sector del juego, el empresario y la administración”, propone el experto.

El consenso principal de todos los entes implicados pasa por limitar la accesibilidad al juego, ya sea imponiendo una distancia mínima en metros entre los centros educativos y las plazas e institutos, o ideando un sistema de registro para acceder a las máquinas. La primera medida no siempre se cumple: Fóra Casas de Apostas cita como ejemplo la casa de apuestas situada sin distancia alguna del parque de la plaza Padre José Rubinos. La segunda es más complicada de llevar a cabo. “Si donde apuestan es en las máquinas de los bares, no veo problema en dar a los hosteleros un mando para activar la máquina, como en el caso del tabaco”, propone el investigador.

Cuando B. se dio cuenta de que había pedido el control sobre una actividad que llevaba años realizando inconscientemente, ya había gastado un dinero del que no disponía. Empezó “como todos”, echando unas monedas a la tragaperras de vez en cuando. De ahí, invertir “el típico euro” en la máquina de apuestas del bar se convirtió en rutina. Con el paso de los años, la afición se le fue de las manos. “Un día decido contárselo a mi tío. Para entonces ya había perdido muchísimo dinero, incluso había cogido dinero que no era mío para seguir apostando. El problema es que siempre piensas que puedes recuperar lo perdido, pero acabas perdiendo más”, relata B.

La ansiedad generada por la situación le llevó a pedir ayuda a tiempo. Empezó buscando la forma de autoprohibirse, un mecanismo legal que veta a las personas con problemas de ludopatía en casas de apuestas y salones de juego, pero pronto se dio cuenta de que no era suficiente. Allí empezó su terapia, en a que todavía sigue inmerso pero cuyo final ya comienza a vislumbrar en el horizonte. “Te aíslan de tener dinero encima, solo para lo necesario. Tienes que gestionar cosas cotidianas. Te administran el dinero, vas apuntando los gastos de cada día en un libro de registros económicos con un presupuesto diario. Se trata de controlar los impulsos, porque no solo tienes un problema de ludopatía, sino de gestión del dinero”, relata B.

La terapia le ha ayudado no solo a vencer la adicción o a aprender a organizarse, sino a ver las apuestas deportivas y el juego como un problema en el que es fácil caer y complicado afrontar una vez uno está dentro. Su problema se acrecentó con la explosión del juego online, que eliminaba el paso previo de acudir a un local concreto y permitía el acceso desde cualquier lugar. “El problema del juego online es que no ves el dinero. No es como si vas a un bar con 1.000 euros y los metes a una máquina. Cuando juegas online, te parece dinero del Monopoly”, ejemplifica B. Escapar de los reclamos durante el proceso resulta cada vez más complicado, especialmente en el mundo del deporte. “Los patrocinadores de los equipos son casas de apuestas. En el descanso, casas de apuestas. Los periodistas deportivos, la radio, el periódico, Internet, casas de apuestas. Lleva un gran beneficio a los clubes deportivos, es comprensible, pero esta enfermedad puede destruir a una familia o a una persona”, apostilla B.

Su caso es de los más comunes. Cualquiera que tenga el juego como rutina podría reconocerse en su dinámica. Tras casi un año sin jugar, B. identifica perfectamente el punto de no retorno: “Llega un momento en el que quieres dejar de jugar y no puedes”, resume. “Escuchas casos y piensas que no te va a pasar a ti, que no es tu caso, y ya estás metido en eso. Es importante no perder tiempo y contarlo”, recomienda. Una vez se empieza a jugar habitualmente, es más fácil que la deuda se acumule que lo contrario. En A Coruña, la deuda media de los usuarios de Agalure ronda los 24.000 euros. La suma de todos ellos roza los 10 millones. El caso más extremo lo pone un usuario que llegó a la asociación con una deuda de tres millones de euros acumulada en partidas de póquer.

Desde Fora casas de apostas da Coruña insisten en señalar el fenómeno como un problema político, que precisa de la implicación de las administraciones tanto en su prevención como en su posterior tratamiento. Tener en cuenta el componente socioeconómico, aseguran, es fundamental para comenzar a atajar de forma eficaz los problemas derivados del uso y abuso del juego. “Al final, esto acaba afectando sobre todo a familias obreras y a gente joven que no tiene expectativas laborales. Si no se dan alternativas de ocio o de trabajo, acaban recurriendo a esto porque lo ven como una forma de ganar ese dinero al que no llegan de otra forma”, señala Carlota Álvarez, portavoz de la plataforma.

El colectivo planea llevar sus campañas de concienciación a los barrios con rentas más bajas, pero sobre todo, movidos por el descenso cada vez más acusado de la edad media en la que se comienza a jugar, a la gente joven. “Demandamos alternativas de ocio alejadas del consumo: más instalaciones deportivas, actividades culturales gratis, o que haya acciones para que la juventud pase las tardes sin ese ocio de consumo, que en A Coruña, concretamente, está muy arraigado, no solo con el juego: existe una cultura de centro comercial, de comprar, de consumir”, denuncia Álvarez.

Juego público y privado

En Agalure, tras casi 30 años ofreciendo tratamiento a adicciones derivadas del juego, fija la prioridad en proteger a los sectores más vulnerables de la ecuación: menores y personas autoprohibidas. “Lo que más viene son chavales de 18 a 25 años. Queremos que se cumpla el control de acceso en hostelería, y que sea efectivo, que la responsabilidad no recaiga en el hostelero que tiene la máquina”, propone Gerardo Rodríguez, portavoz de Agalure. Plantea métodos como el DNI electrónico para acceder a las terminales de juego o los registros previos. Para las personas autoprohibidas, y para la población en general, Agalure pide centrar la atención también en el juego público, principalmente el promovido por la ONCE y Loterías y Apuestas del Estado.

“Nadie discute la labor social que hace la ONCE, pero tiene productos que tienen un potencial adictivo importante y no hay ningún tipo de control sobre eso”, denuncia el portavoz de la organización. Rascas, boletos o quinielas suponen, a ojos de Rodríguez, la puerta de entrada a una adicción mayor y quizás más difícil de controlar. “Hemos visto que muchas personas que llegan con una adicción han empezado con el juego público. Luego eso no les llega, necesitan otro tipo de juego, más impulsividad”, insiste Rodríguez. El juego promovido por entes públicos expone a recaídas a otro de los colectivos más vulnerables ante la adicción: las personas autoprohibidas, para las que no existen mecanismos de veto efectivos ante este tipo de apuestas. “Hay mucha facilidad de acceso. Si una persona autoprohibida juega a la lotería y le toca el premio, no solo no se lo pagan, sino que además le multan”, ejemplifica.

La de que la opinión pública y los organismos reguladores se han cebado demasiado con el juego privado y han descuidado el poner trabas al que proviene de entes oficiales es una percepción que comparte la Asociación Gallega de Empresas Operadoras (AGEO). Denuncian que en los últimos tiempos existe una confusión entre lo que son las casas de apuestas y los salones de juego, los casinos o los bingos, y que se ha “demonizado” a un sector cuyos integrantes definen como “cumplidor” con la normativa y sus obligaciones tributarias. El sector del juego, que genera, según datos de Ageo, alrededor de 1.800 empleos directos y 62 millones anuales a la Hacienda pública, dice echar de menos que se cuente con su visión en los medios de comunicación que analizan el fenómeno.

“Meten a todo el mundo en el mismo saco. Un bingo es un bingo, un casino es un casino, parece que todo son casas de apuestas y no es así. Si hay un problema con las apuestas deportivas, centrémonos en eso”, reclama Serafín Portas, presidente de Ageo. En la asociación, que funciona desde hace 35 años, confluyen más de 50 pequeñas y medianas empresas, que defienden que el problema no se encuentra especialmente en sus establecimientos.

“De 4.342 inspecciones que hizo la Xunta el año pasado en casas de apuestas, solo encontraron a un menor. Con que haya un menor ya es un problema. Creo que como padres y educadores deberíamos ayudar a que nuestros hijos distingan lo bueno de lo malo. Hay que formar y prevenir, yo me brindo a dar charlas para que sepan afrontar el problema si lo hay”, propone Portas, que se muestra proclive a que el sector de las empresas operadoras participe en la prevención de las conductas adictivas, pero reclama que estas medidas preventivas abarquen más tipos de juego. “Ahora con el nuevo decreto muchas empresas no podrán hacer publicidad a ciertas horas. Estoy de acuerdo, pero que se le aplique también a la ONCE y a Loterías y Apuestas del Estado. No se puede perseguir más a una máquina de la calle donde lo máximo que te toca son 500 euros que al que está anunciando que por el Día de la Madre te pueden tocar 17 millones. No nos da miedo competir, lo que queremos es igualdad de condiciones”, señala el presidente de Ageo.