A María Jesús Rodríguez Ventureira nadie la conoce por su nombre completo. En el Belén, donde ayudó a nacer a miles de bebés durante los 45 años en los que trabajó como enfermera en la maternidad, la llaman Mari o “la mami”. Hace ya más de un año que se jubiló, justo en marzo de 2020, cuando el coronavirus era un enemigo desconocido a combatir. La pandemia la dejó sin su gran fiesta de despedida, aunque, asegura, algún día la hará, para agradecerle a sus compañeras el apoyo recibido.

Sus compañeras le dicen por los pasillos que no se va del hospital...

Es mi casa y es mi familia. Empecé en 1975, hice las prácticas aquí, ya cuando estaba acabando la carrera.

¿Y quería hacer las prácticas en maternidad o le tocó y ya se quedó?

Siempre. Mi ilusión fueron los niños, sobre todo, los bebés y las madres y los padres. La Maternidad es mi vida. Tuve la suerte de que trabajé toda la vida en lo que más me gusta, en enfermería y en maternidad.

¿Cambió mucho el tema de la maternidad en estos años?

Muchísimo. Antes la gente venía con miedo, no tenía preparación, los bebés salían como Dios quería. Ahora hay muchos medios y pruebas y las madres están muy miradas.

Por sus manos pasó media Coruña o quizá tres cuartos.

Miles de niños. Cada tres días venía una señora a parir. Estaban aquí 48 horas y teníamos el hospital lleno y teníamos bebés y bebés... Yo voy por la calle y me canso de saludar, ahora ya a la segunda generación. Vi nacer a los padres y a sus hijos.

“Me dieron la opción de ir al Quirón, pero yo dije que me quedaba en mi casa, en el Belén”

En 45 años habrá pasado de todo en el Belén, ¿hay momentos especialmente buenos o duros ?

En la báscula siempre pesa más lo bueno. Aquí nació la primera niña probeta de Galicia, hace ya más de treinta años. Tuvimos trillizos, una niña prematura que nació con 600 gramos que salió adelante... Tuvimos algún aborto, que siempre dan mucha tristeza. Tenemos un refrán que dice “mujer legrada, mujer embarazada”. Suele pasar que después de un legrado, al año, se quedan embarazadas. Vas por las habitaciones y la gente te mira como si fueras de su familia, te piden apoyo, los padres ahora entran a los partos y viven ese momento, que es el más bonito de la vida. Después cuando van a la habitación, se agobian muchísimo.

¿Y qué les dice?

Siempre les digo lo mismo, que los niños lo único que necesitan son tres cosas: el culo limpio, un poco de cariño y que les respeten los horarios. El carrito de marca, la cuna de flores... Eso es para los padres. Al bebé solo le importan esas tres cosas y que no los molesten cuando duermen, porque si te están despertando para decirte lo guapa que eres, el primer día te dará igual, pero al tercero ya te cabreas. Y tú tienes que dormir cuando duerme el bebé.

¿Había tradición sanitaria en su familia o es una vocación que empezó con usted?

De mi generación, empezamos dos primas y yo, que somos enfermeras. Fuimos las primeras. En aquella época tampoco podían estudiar mucho. Mi madre estudió lo básico, trabajó en el Sergas como limpiadora y en la lavandería y, ahí ya se retiró.

María Jesús Rodríguez Ventureira, en el Belén, con un chupete. | // VÍCTOR ECHAVE Gemma Malvido

¿De dónde le viene la vocación?

Tengo una hermana pequeña y primos pequeños y siempre me gustaba quedarme a cargo de ellos. Para mí son como quitapenas. Tienes un día que estás de mal humor, vienes aquí y bañas a un bebé, te quedas mirando para él y ya se te pasó.

¿Y nunca quiso cambiar de hospital o de especialidad?

No, yo tuve cinco jefes. Con la fusión, el equipo del doctor Ron se fue para el Quirón. Me dieron la opción de irme, pero yo dije que me quedaba en mi casa. Me quedé sola, como el último mohicano, por eso quiero agradecer a las compañeras que me acogieron y me bautizaron como “la mami del Belén”. Me pedían que les echase una mano cuando un niño estaba un poco malo, y ellas me ayudaban a mí con la informática, que fue lo peor de estos últimos años. Me contagian alegría y juventud.

No paran de saludarla...

Es de hace diez años, que no es que me haya criado con ellas, porque el primer equipo entramos todas muy jovencitas, y estuvimos treinta años juntas. A mí me gusta siempre dar y enseñar a quien quiere aprender. Cuando hay una alegría vamos juntas y cuando hay un problema, también. Hay ginecólogos y médicos que trabajaron conmigo a los que vi nacer. No es que yo sea tan mayor, es que antes se tenían los hijos muy pronto. Ahora se programa mucho la maternidad. Si viene una niña de 22 años a parir nos asustamos y si viene una de 42 y nos parece normal.

“Las compañeras me llaman ‘la mami’, ellas me ayudaban con la informática y yo, con los niños”

Hay menos niños también en cada familia, ¿no?

Ahora viene una mujer a parir su tercer hijo y casi le llamamos el despiste, pobriño. Ahora prima la economía sobre la maternidad.

Y sus niños, ¿nacieron aquí?

Sí, los dos. Del primero me atendió mi jefe, que era Ron Fraga. Yo tenía 21 años, me daba todo miedo y fue un parto precioso. Y mi segundo hijo también nació aquí. Para mis hijos, el Belén es como su familia. Después tuve a mis nietos aquí y estuve en el parto de los dos y vieron a la abuela de primera. Es una experiencia muy bonita. De mi primer hijo, yo trabajé por la mañana y parí de noche. Tenía un camisón en mi taquilla y una muda de bebé porque pensaba que en el mejor sitio que podía estar era en el Belén y no en casa. La matrona que atendió a mi madre cuando nací yo, me atendió en mi primer hijo. Me trajo a mí al mundo y me dijo: “te cogí a ti, Mari, también voy a coger a tu hijo”. Yo tuve una vida laboral muy bonita. y voy por la calle y me habla mucha gente.

Y de toda clase y condición.

Políticos, banqueros, bomberos, policías, deportistas, trabajadores como yo...

Y, ¿cómo es eso de que nació en la casa de María Pita?

Mi padre es de la Ciudad Vieja y mi madre, de la calle de la Torre, y vivíamos en esa casa. Hace poco fui de visita y le dije al conserje que había nacido allí y me dijo: “¿cómo va a nacer usted en un museo?”. Y le expliqué dónde estaba mi habitación y no se lo creía. Y después nos fuimos para la Torre, que es mi Torre.

Me decía que la informática mal, pero ¿qué tal se le daban los otros avances tecnológicos que se fueron implantando?

Eso muy bien. Antes bañábamos a todos los bebés a las siete de la mañana en el nido para llevárselos a la madre, ahora se quedan en la habitación y vamos nosotras a enseñarles el primer baño y, normalmente, metemos al padre de primero porque quieren aprender. Algunos cogen al niño como si fuese un merengue, pero bueno, les enseñas y se van muy contentos. Antes todo era en privado, ahora ya no y está muy bien. Como lo de los padres en los partos, aunque hay algunos que entran muy valientes y acaban en el suelo.

Y cuando pasa eso, ¿qué hacen?

Les decimos que no se levanten, que vamos a atender a su mujer. Da mucha pena, porque entran con toda la ilusión, pero no todos valen.

¿Cuál es el momento más bonito de cuando nace un bebé?

La cara de la madre. Yo siempre digo que, hasta que el niño esté en la cuna, no se pude decir que fue bien. Cuando veo al niño llorando ya estoy tranquila. En este trabajo te están dando las gracias todo el día y siempre vas a estar en sus vidas. A mí, a veces, me paran chicas porque me reconocen de las fotos que tienen en sus casas. Siempre es bonito que te recuerden así.