El fin del estado de alarma dejó imágenes de celebraciones y botellones como si la pandemia hubiese acabado. En medio de un festejo en Madrid se encontró la coruñesa Chela Santalla, que estaba en la capital por trabajo, y su reacción no fue otra que abroncar a los jóvenes que estaban sin mascarilla. Las cámaras de Mediaset grabaron su intervención. Las redes hicieron el resto y se hizo viral.

¿Fue una reacción espontánea?

Totalmente. Nada premeditado. Yo fluyo por la vida, así que fue algo muy impulsivo. Habíamos comido por Malasaña y en ese momento veníamos de tomar algo en la plaza del Dos de mayo. Nos encontramos el jaleo cuando estábamos yendo hacia Tribunal para acompañar a unas amigas al metro. Vi al reportero y al cámara, y al darme cuenta de que los jóvenes estaban hablando de celebración sin la mascarilla puesta... Pasó lo que todo el mundo vio.

Una coruñesa abronca a incívicos madrileños por no llevar mascarilla

¿Qué vio en las calles de la ciudad de Madrid?

La calle estaba repleta de gente. Parecía que no existía el COVID-19. Saltando, bebiendo... Muchos presumían de la libertad, pero la mascarilla se la dejaron en casa. Sigo recalcando que el cámara y el reportero estaban trabajando, ejerciendo su profesión, y esos jóvenes no tenían la mascarilla puesta. La conversación duró un poco más de lo que se vio en televisión. Porque yo insistía en que se pusiese la mascarilla y el chaval me decía que estaba bebiendo. Entonces me di media vuelta y me fui. Sin decir adiós.

¿Pensó en algún momento que su reacción se volvería viral?

No. Sí que cuando nos fuimos, mis amigas me dijeron que estaba loca. Me dio la arroutada. En casa seguíamos riéndonos. Al día siguiente, me decían: “No lo van sacar”. Pensé que les interesaría más sacar a los que hacen las cosas mal que a los que abroncamos. Pero al mediodía ya me llegaron mensajes. Y por la noche, igual. Me pasaron enlaces de Twitter y todo el mundo aplaudía mi reacción. Volví a pensar “mañana esto se acaba”. Pero no. Por la mañana no me cargaban las notificaciones de todo en lo que se me había mencionado.

"Lo único en lo que rectifico es que dije que Madrid es una vergüenza, pero Madrid es una ciudad maravillosa y lo que es una vergüenza es lo que está pasando"

¿Qué encontró en esos mensajes?

Casi todo el mundo tiene palabras buenas y bonitas. Estoy recibiendo cosas buenas. Me hace pensar que la gente cree que mi actitud fue correcta por defender a los periodistas y pedir al chaval que se ponga la mascarilla. También es cierto que siempre hay un sector que aprovecha el anonimato de las redes para hacer el mal.

Algunas críticas señalan que usted estaba borracha.

No estaba borracha. No bebo habitualmente. Me tomé unos tintos de verano solamente. Si hubiera estado borracha, no lo habría dicho así. Si lo dicen por las palabrotas... Soy una persona malhablada. No es políticamente correcto, vale, pero es mi forma de ser. Me salió así.

¿Con qué mensajes se queda?

Hay dos que son muy bonitos. Un sanitario me escribió por Twitter, que habían hablado de esta intervención y que hacia falta gente como yo. Lo retuiteé. Ellos son los que están ahí en primera línea y los que hicieron más que ningún político para parar la pandemia. También me escribió una profesora de un instituto, que iba a abrir su clase contando mi historia. Poniéndome como ejemplo de cómo se deben hacer las cosas. Para mí es un orgullo. También hubo gente que puso que soy digna hija de mi padre. Supongo que al ver mi apellido, no tuvieron duda. Mi padre trabajó en las concejalías de Deportes y Servicios Sociales hasta que se jubiló con la pandemia.

¿Se arrepiente?

No. Lo único en lo que rectifico es que dije que Madrid es una vergüenza, pero Madrid es una ciudad maravillosa y lo que es una vergüenza es lo que está pasando. Aunque ahora vivo en A Coruña, estuve allí diez años y estoy muy unida a esa ciudad. Jamás diría nada malo de Madrid. En el momento me expresé de esa manera. Pero es que la gente confunde el fin del estado de alarma con el fin de la pandemia y no es así.