“Los jóvenes de la calle San José éramos un grupo de amigos que vivimos en una calle que tenía un encanto especial en los años cincuenta y sesenta porque era nuestro parque de recreo y entretenimiento, éramos los amos de la calle”, recuerda Francisco Santiso Rodríguez sobre su infancia y juventud en aquella época. Tras haber dejado la Marina mercante, en la que trabajó como capitán hasta 2016, se lanzó a la aventura de escribir y acaba de publicar Los jóvenes de la calle San José, una obra en la que refleja sus vivencias entre 1950 y 1980, firmada con el seudónimo de Capitán SanFran, en alusión a su pasado como marino.

Aunque en principio se había planteado escribir una novela aprovechando las experiencias vividas en la mar, cuando recopilaba notas para iniciarla, le surgió la idea de escribir una obra autobiográfica, por lo que optó por dejar la novela para más adelante. Según dice, cuando hoy en día los que fueron sus compañeros en los primeros años de su vida se reúnen recuerdan “con entusiasmo las anécdotas pasadas en el barrio y en la maravillosa Coruña de los años setenta, en la que como dice la canción se vivía de parranda y se dormía de pie”.

Fue así como surgió la idea de poner por escrito estos recuerdos “para que no se pierdan en el tiempo ni se tergiversen con el boca a boca y que puedan ser conocidas por generaciones futuras”, explica Santiso, quien se muestra convencido de que a muchas personas de su generación “la lectura de esta obra les traerá gratos recuerdos, ya que cuando hablamos de aquella época muchos hasta se emocionan”.

Eso fue lo que le sucedió a Carmiña, la actual propietaria del bar Olímpico, en la calle de la Torre, quien tras leer unas páginas del libro le dijo: “Los de Monte Alto somos de una pasta especial”, aunque, como él recuerda, los vecinos de la calle San José no se consideraban en aquella época parte de Monte Alto. Santiso pone de relieve que en su infancia la mayoría de las familias eran numerosas y los niños estaban siempre en la calle, “donde se creaba una camaradería y sentido del honor entre nosotros, ya que nos defendíamos unos a otros”, aunque señala que ese ambiente hoy ha desaparecido.

Entre los atractivos de su calle se encontraba el de contar con el cine Hércules, el único del barrio, del que recuerda que era muy grande para estar en una zona no céntrica, por lo que cree que se parecía más a un teatro, como el Gaiteira, calle con la que muchas personas establecían comparaciones con la de San José. “El cine era nuestra única diversión visual, lo era todo para nosotros, y al Hércules venían muchos niños de otros barrios y los soldados de los cuarteles, por lo que le daba mucha vida al barrio”, destaca Santiso sobre esta sala.

Carnavales

Otra de las peculiaridades de la calle era que contaba con una capilla protestante, una rareza en aquel momento, así como que era uno de los escasos lugares de la ciudad en el que se celebraban los carnavales en unos años en los que estaban prohibidos por las autoridades. “Siempre había el espabilado que se vestía de mujer, pero la policía a veces hacía la vista gorda mientras no bajara de la plaza de España hacia el centro”, comenta sobre cómo se festejaban.

Aunque la publicación del libro no tenía un objetivo económico, Santiso admite que le ha supuesto un esfuerzo. Se encuentra a la venta en la librería Encontros, situada en la calle Riego de Agua.