“Qué bien se come aquí, qué productazo tenéis”. El halago fue de Samantha Vallejo-Nágera, presentadora y jurado de MasterChef, en el rodaje del programa que esta semana tuvo lugar en el Monte de San Pedro. Entre el centenar de comensales invitados que lo escucharon y recibieron con placer estaba Sonia Revert López, quien por sus manos pasa todos los días ese exquisito valor gastronómico de la ciudad y la comarca. Desde hace 33 años trabaja en la lonja del puerto y preside desde hace más de ocho la Asociación de Subastadores de Pescado y Marisco.

Usted es mujer de mar, pero trabaja todo el tiempo en la lonja.

Es que soy de mar pero de costa, totalmente de tierra.

¿Nunca le ha tentado salir a pescar y navegar?

No, no me tienta. Bastante trabajo tengo en la lonja.

¿Por qué hay tan pocas mujeres en la pesca?

No lo sé. Vendedoras somos pocas: yo, mi hermana y dos más. Hay placeras y alguna exportadora. Unas pocas se animan a embarcarse en barcos pequeños que vienen y van al día, pero para grandes recorridos todos son hombres. También hay mariscadoras, cada vez más.

¿Tuvo siempre vocación de dedicarse al pescado?

Pensaba estudiar Empresariales en la universidad, pero al terminar los estudios empecé a trabajar en el muelle, donde ya trabajaba mi abuela, porque quería comprar un coche de segunda mano. Me adapté bien, primero cobrando las facturas, luego me hicieron una prueba cuando el señor con el que trabajaba se quedó sin un vendedor y desde aquella empecé a vender y a cantar precios de pescados y mariscos. Me gustó lo que hacía.

Y a madrugar todos los días.

A las cuatro de la madrugada en pie. Con este horario me quedé sin opciones de hacer más cosas al mismo tiempo. Esto te tiene que gustar o no gustarte. A mí sí me gusta y aquí llevo 33 años. Ahora no me queda otra. No me veo en otro sitio. Aquí me jubilaré.

¿Qué se pierde con esta rutina de madrugar tanto?

Nunca me acostumbraré, me sigue costando mucho levantarme tan temprano por la mañana. En invierno no me pierdo mucho, pero en verano, meterse en la cama de día, buf… me tomaba una cañita en una terraza hasta más tarde, no a las seis de la tarde para estar a las ocho y media en cama y acostarme a las nueve.

¿Lamentó alguna vez no haber empezado Empresariales?

Si te digo la verdad, no. Estoy bien donde estoy. Tengo mi negocio a mi nombre, trabajan seis personas conmigo y aquí sigo, peleando todos los días.

Más de ocho años al frente de los subastadores. ¿Qué condiciones debe tener una presidenta?

Supongo que conocer bien a la gente. Cada día entramos en la lonja unas 500 personas, la gente de siempre, y a algunos los conozco desde que éramos niños. Al vender mucha clase de pescado, hay que tener ojo para saber quién compra tal especie, a quién le va a interesar, quién va a pagar más… Esto es como un pueblo pequeño dentro de una ciudad.

¿Se conoce a la gente tal como es vendiendo pescado?

Sí. Sabes quién tiene picardía y quién no. Es por el día a día. Esto es un negocio y la gente busca primero su interés: yo el mío y el comprador el suyo. Si te coge en un renuncio, pues te cogerá. Si yo engancho y lo pillo a él, también lo haré, porque eso es bueno para mi negocio y para el barco al que vendo. Esa es la teoría de cualquier vendedor.

¿Hay relevo en los oficios del mar?

No. El horario es fastidiado. Ahora tenemos un problema con los barcos, que no tienen tripulación porque nadie quiere embarcarse, pese a que hay buenos sueldos y una protección que no se tenía hace treinta años. La gente no se anima. Se buscan oficiales, gente que saque los títulos. Lo notamos: sin tripulación no vas al mar, te deshaces del barco; si no vas al mar, yo no vendo; si yo no vendo, el que compra no tiene pescado. Esta cadena se resiente en ocasiones. Hoy se mete a tripulantes de Indonesia, de Senegal… los únicos que sí quieren ir al mar.

¿Es tan bueno el pescado y el marisco que se venden en A Coruña, como presumimos?

Es muy bueno porque viene a la lonja todos los días. Vendemos entre 100.000 y 200.000 kilos diarios. No sabemos la suerte que tenemos de tener un producto de tanta calidad aquí y muchas veces no le damos la importancia de tener una lonja en el centro de la ciudad, con pescados que sale todos los días a las plazas y a las grandes superficies. Y todos los días se vende todo, no queda nada para el día siguiente. Durante la pandemia no hemos apagado la luz de la lonja ningún día.

¿Habrá que promover más la calidad de nuestro pescado?

Llevamos tiempo hablando con el Ayuntamiento para que haya una marca de calidad para la lonja, le haría mucha falta. Es imprescindible que quien compra sepa que el pescado es de la lonja de A Coruña, con garantía y de pesca sostenible. Estamos en ello, pero las cosas de palacio van despacio.

¿Cuál es el pescado y el marisco que más le gusta comer y cocinar?

Soy de poco cocinar, ya te lo digo. El pescado que más me gusta es el rape, preparado de cualquier forma. También una buena parrocha de aquí, como las que entran en julio y agosto. El bonito, del que tendremos la primera venta de temporada el lunes, antes que Avilés y Burela, 2.000 kilos. Soy menos de marisco, pero a unas buenas cigalitas, una centolla o un buen percebe no les digo que no.