La música volvió a sonar en A Coruña después de casi 15 meses de sequía nocturna en una ciudad a la que le gusta la fiesta. Cuando los jóvenes traspasaron, a las 21.00 horas, las puertas de la discoteca Pelícano, la canción que sonaba era Hawai, de Maluma, que se pudo bailar hoy por primera vez en la discoteca de la ciudad desde su lanzamiento el pasado agosto. Entonces, la posibilidad de disfrutar del ocio nocturno era todavía lejana. Minutos antes, cuando el personal de la sala abrió las puertas, en la cola se oyeron gritos de emoción. Hubo quien incluso se abrazó y lloró ante la perspectiva de volver a recuperar un resquicio de la normalidad de antes.

El control absoluto de las normas y medidas sanitarias fue la máxima en la sala Pelícano: desde la fila de entrada, que formaban pacientemente los 1.000 primeros afortunados y que el personal de la sala se esforzaba por mantener lo suficientemente separados, hasta en el interior de la discoteca, donde los trabajadores no bajaban la guardia un solo segundo: si no recordaban a los presentes que la mascarilla debía estar siempre puesta, se afanaban en que las distancias entre grupos fuesen las adecuadas. La audiencia, generalmente, acató la norma en una noche clave para el sector en la ciudad, que lleva en parálisis desde el inicio de la pandemia, a excepción de un mes en verano en el que la apertura dio marcha atrás rápidamente.

“Llevamos un año estudiando en A Coruña y es la primera vez que salimos”, cuentan, a la entrada, el grupo compuesto por Marina, María, Carolina, Marta y Paulina, jóvenes de Pontevedra que todavía no habían podido comprobar por qué se dice aquello de que mientras Vigo trabaja y Santiago reza, A Coruña se divierte. Ayer pudieron descubrirlo. “Se echa de menos la fiesta, la verdad. Cuando nos pasaron el link, cogimos la entrada enseguida”, aseguran.

Cerca de las jóvenes guardaban cola, desde casi media hora antes de la apertura del recinto, Kevin, Diego y Abel. La fila avanzó después lenta, debido al papeleo inicial del que ningún participante está exento: todos deben presentar, sin excepción, una PCR negativa, su DNI, su tarjeta sanitaria y su correspondiente entrada. Antes de acceder a la sala, además, deben cambiarse su mascarilla por una nueva que les proporciona el personal de la discoteca. “Es una gozada volver, la verdad. Ojalá salga todo bien y siga para adelante”, comentan los jóvenes mientras aguardan su turno para entrar.

“Ahora está todo mucho más controlado en cuanto al virus, pero creo que esto podría haber llegado mucho antes”, juzgan. Las expectativas, para todos, son las mismas: pasarlo bien de forma responsable, porque saben que nada sería más nefasto para el sector (y para su propia diversión) que un brote salido de la sala de fiestas. “Esto se hace casi una necesidad para liberarnos. Los jóvenes cumplimos y somos responsables, hay una minoría irresponsable que hace mucho ruido”, aseguran ellos.

La media de edad de los presentes en la sala, que no sobrepasó un tercio de su aforo, fue baja: la mayoría no rebasaba la veintena, aunque el clamor, entre el personal y los asistentes, es el mismo: responsabilidad para que pueda repetirse. “Ser universitaria sin ocio nocturno se lleva mal, ha sido un año aburrido, estamos emocionadas de estar aquí”, aseguran Natalia, Laura, Ruth, Zaira, Paula y María, las primeras de la fila en acceder a la sala, que se hicieron rápidamente con una de las mesas colocadas en la pista con el fin de disgregar a los grupos.

Cerca de las jóvenes, en uno de los reservados, David, Ainhoa, Jairo y Carla disfrutan tranquilamente de sus consumiciones, y desmienten el mantra de que son los jóvenes los que no cumplen las normas: “Solo por las ganas que teníamos de volver, ya vamos a ser responsables. Tenemos que serlo, al sector le hace mucha falta, está muerto. De esto come mucha gente”, reivindican.

Marina, María, Carolina, Marta y Paulina. | VÍCTOR ECHAVE

“Se echa de menos la fiesta, cuando nos pasaron el link, cogimos la entrada enseguida”


Kevin, Diego y Abel. | VÍCTOR ECHAVE

“Ojalá salga todo bien y siga para adelante, esto podría haber llegado mucho antes”

Natalia, Laura, Ruth, Zaira, Paula y María. | VÍCTOR ECHAVE

“Ser universitaria sin ocio nocturno se lleva mal, estamos emocionadas de estar aquí”

David, Ainhoa, Jairo y Carla. | VÍCTOR ECHAVE.

“Tenemos que ser responsables, al sector le hace mucha falta, de esto come mucha gente”