En la novela La congregación (Ediciones B), su autor, Miguel Conde-Lobato, es como esos tahúres callejeros que esconden la bolita debajo de tres cubiletes y la van mostrando cada poco tiempo. La bolita siempre está ahí, pero solo cuando se levanta el cubilete aparece de verdad. O como esos magos que hacen desaparecer un elefante de una habitación, pero el elefante siempre ha estado ahí. No se ha movido del sitio. Intriga, suspense y misterio (no le gusta mucho la palabra thriller) se fusionan en la segunda novela de este creativo publicitario que arranca la historia con una frase inquietante: “Hemos clonado a Cristo”.

Director creativo, productor, escritor, realizador de cine publicitario, fundador de la Fundación Knowcosters, presidente de la agencia BAP&Conde. ¿Cuándo se presenta a alguien qué dice qué es?

Me considero un creativo publicitario y la Fundación Knowcosters es esa parte que tenemos todos de compromiso social. Me considero un creador, a veces un creativo publicitario, otras veces un escritor, otras veces un narrador a nivel de imágenes…

Lleva tres décadas, como dice, creando historias audiovisuales y hace un par de años —La congregación es su segunda novela— da el salto a crear historias escritas. ¿Por qué?

Siempre he escrito. Muchos de nosotros escribimos. El que tiene una querencia por la escritura la tiene siempre.

¿Y cuándo se decide a dar el salto a escribir una novela?

Para escribir una novela, además de tener unas determinadas condiciones, hace falta ponerle tesón porque es difícil. Una niña me preguntó un día ¿es muy difícil escribir una novela? ¿Tú haces redacciones en el colegio?, le pregunté. Sí, me respondió. Pues es como escribir 400 redacciones, le dije. Siempre quise escribir novela. Me he dedicado a la publicidad porque es lo más parecido a lo que quería hacer: el cine, la literatura...

¿Y por qué ha escrito La congregación?

Es un libro con un telón de fondo social como son los límites de la ciencia, pero que el lector no se asuste: es un thriller, un libro para entretener. Pero me interesaba abordar hasta dónde se puede llegar en el mundo de la manipulación de la genética, de las clonaciones. Y también siempre me apeteció una historia que fuese capaz de hilvanar dos realidades chocantes como son Los Ángeles, Palo Alto, ese mundo de la tecnología, con Maianca en Oleiros, Samos o A Coruña. Y, además, me apetecía renovar la figura del detective y el personaje de Tyson Tabares es un Philip Marlowe en el siglo XXI.

El libro empieza fuerte: “Hemos clonado a Cristo”.

Cuando pensé en esa posibilidad me dije que es posible. Hay restos genéticos con los que se pueden clonar a Cristo, y solo lo frena la ética, los límites y los escrúpulos. Cuando alguien no tiene esos escrúpulos, ¿qué es lo que puede pasar? Esa es la premisa de esta novela: ¿qué es lo que puede ocurrir si alguien decide hacerlo? Y ahí aparece un científico y un cura gallegos, un detective de Los Ángeles, el mayor experto mundial en neurociencia…

La religión está muy presente en la novela. Para un publicista, supongo que el relato y la puesta en escena de la religión católica es una gran campaña de marketing de la que hay que aprender.

No te creas. No son tan buenos, sino tendrían más clientes. Es el único producto que promete la vida eterna que, sin embargo, pierde clientes. Entonces, algo mal están haciendo.

Además de la religión, la vida está muy presente en el libro con la clonación de Cristo, pero también la muerte. Uno de los personajes le pregunta a otro qué piensa que hay después de la muerte. Y le responde que “nada”.

En el libro salen todas las opiniones. Trato de reflejarlo desde el punto de vista del creyente, del no creyente, del que siendo no creyente cree en algo y del que cree que es todo materia y no existe nada más.

¿Y personalmente?

Si tuviese que elegir un bando estaría en el creyente.

El detective Tyson Tabares está leyendo La vida de Pi, de Yann Martel, y piensa que de haber escrito una novela, sería esa. ¿Esa parte está escrita en primera persona?

Sí. Lo tiene todo. Para mí es la perfección. Es un libro maravilloso de leer. Y en ese libro se plantea el tema de creer o no creer.

Por cómo acaba La congregación tiene toda la pinta de que va a haber una secuela con el detective Tyson Tabares.

Sí, la voy a escribir. La historia de La congregación concluye, pero el personaje continua.

“Al enviar el libro a la editorial dejas las uñas en el suelo porque no quieres desprenderte de él”

Picasso decía que un cuadro nunca estaba terminado, pero había un momento que tenía que dejarlo volar. ¿Cómo es este momento en su caso?

Es como cuando vas a entrar en un examen y tienes dudas, y si te dan diez segundos más repasas lo que puedas. Dejas las uñas en el suelo porque no quieres desprenderte de él. Pero hay que dejarlo marchar porque sino estarías siempre reescribiéndolo y te quedarías empantanado.

¿Por qué escribe?

Escribo para divertirme. ¿Por qué he escrito esta novela? Porque es una historia que a mí me gustaría leer. No tengo la presión que puede tener un escritor que solo vive de esto y que debe acertar con la trama para pagar las facturas. Lo que pido es que me divierta mientras escribo y divierta a los demás mientras lo leen.

¿Cómo es su proceso de creación de un libro?

Hay dos procesos. El primero es el del argumento general, que sería el primer boceto. Es un proceso mental que sucede en cualquier momento, no con el lápiz en la mano o delante del ordenador. Y luego está el segundo. La congregación la he escrito de forma distinta a la primera novela. En la primera fui lo que llaman de brújula: te lanzas a ver dónde te lleva, pero es muy fatigoso. La segunda es mucho más compleja en cuanto a personajes, tramas, localizaciones y por eso he tenido que ser más organizado. Creí que iba a ser siempre de brújula porque me parecía más auténtico, pero no.