Poco más de 15 minutos desde que salió de la discoteca en la que iba a ser una noche de fiesta más y hasta que sus agresores huyeron dejándole inconsciente en el suelo bastaron para apagar la luz de Samuel Luiz el pasado sábado. Una pérdida irreparable para su familia y amigos, en cuyos testimonios, la sociedad pudo conocer más a ese joven por el que las plazas principales de más de 80 localidades españolas se llenaron en señal de duelo y rabia el pasado lunes.

Concentración en María Pita para condenar el crimen del joven Samuel Luiz Carlos Pardellas

Desde ese momento, su entorno se ha esforzado por mantener vivo su recuerdo y contar a una ciudadanía consternada por la brutalidad de los hechos cómo era su amigo, hijo y compañero, y por qué la bondad y la alegría de las que hacía gala siempre, sumado a su compromiso solidario, convierten el crimen en una tragedia de mayor dimensión todavía. Samuel trabajaba, desde hacía cuatro años, como auxiliar de enfermería en la residencia de mayores de Padre Rubinos. Solo hace falta ver el vídeo de los usuarios y trabajadores aplaudiendo emocionados al joven al exterior del centro tras conocer la noticia para saber lo querido que era por todos.

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Concentración en María Pita para condenar el crimen del joven Samuel Luiz. Carlos Pardellas

Un sanitario comprometido con su trabajo en primera línea durante la pandemia, que pronto terminaría sus estudios para convertirse, también, en protésico dental. “Los residentes lo querían mucho, los trataba muy bien y les hacía reír”, confirmaba Lina, la amiga y compañera de trabajo que estuvo con él la noche de los hechos.

En la Congregación Cristiana de la que su padre, Maxsoud Luiz, es diácono, Samuel, siempre junto a su padre en las reuniones, enseñaba la Biblia a niños y jóvenes y tocaba la flauta. Miembros de la congregación y amigos de la familia le han definido estos días como “la luz y la alegría de sus padres”. Cuentan que le gustaba ayudar a las personas mayores y a los enfermos, que aunque era silencioso “decía cosas importantes” cuando hablaba y que no escatimaba en miradas de cariño y palabras amables para los demás.

Su faceta solidaria la ejercía, también, como voluntario en Cruz Roja, un compromiso que trascendió a su muerte: una de las imágenes más emotivas de la concentración la puso la pila de casi 200 alimentos que la multitud llevó a la marcha con el objetivo de ser donados a la entidad a petición de su padre, para quien cuesta imaginar cómo seguirá la vida a partir de ahora.

El propio Maxsoud Luiz definió a Samuel como un joven “bueno, cariñoso y amigo de sus amigos”, que nunca se metía en peleas y que jamás llegó borracho a casa ni consumió drogas.

Mensaje del padre de Samuel, pegado en el suelo en el lugar donde sufrió una paliza mortal. CARLOS PARDELLAS

Samuel era gay, algo que para su entorno motivó el ensañamiento de su crimen, y aunque sus amigas aseguraron que nunca había tenido que ocultar su orientación, su padre admitió que esa conversación todavía estaba pendiente en casa. “Papá, lo que uno es o deja de ser es cosa de cada uno. Hay un tiempo para hablar las cosas y ahora no es el momento”, resolvió cuando su padre le preguntó al respecto.

Sus amigas le dedicaron, durante estos siete días, numerosas cartas y palabras de cariño y recuerdo que delatan el hueco que dejará la ausencia de Samuel en sus vidas. “Él es el carismático, el risueño, el que nunca se rendía, el pilar del grupo. Una parte de él quedará siempre en nosotros. Es de esas personas que llega a tu vida como un huracán. Estaba en las buenas, y aún más en las malas”, relataba Sandra, una de sus amigas más íntimas. “Es de esas personas que llega a tu vida como un huracán. A pesar de que nos reñía cuando hacíamos algo mal, nos hacía ver nuestros errores y a la vez nos ayudaba con ellos”.