El comercio, la artesanía y la alimentación en puestos de venta regresa este verano al entorno del casco histórico. No será en la Ciudad Vieja de momento, donde los comerciantes asociados de la zona están a la espera de la respuesta del Concello a su petición de organizar la Feira das Marabillas un mes más tarde de lo habitual, a finales de agosto, sino en la explanada de O Parrote, lugar en el que la empresa Shark Events Leader promueve del 30 de julio al 8 de agosto Summer Coruña. Habrá 70 casetas de madera con productos artesanales, ropa y complementos y asientos para consumir bebida y comida. La asistencia requiere el cumplimiento de las indicaciones de seguridad relacionadas con los protocolos contra el COVID y la organización ha tomado medidas para evitar aglomeraciones, aseguran sus responsables.

La planificación para Summer Coruña es muy parecida a la que manejan los promotores de la feria medieval de la Ciudad Vieja, con más precauciones por la crisis sanitaria. La diferencia entre las dos concentraciones es que la de O Parrote precisa de la autorización del Puerto para la ocupación de esa superficie, aunque condicionada a que la empresa tramite los permisos necesarios para desarrollar su proyecto, como la licencia de actividad que ya le ha concedido el Ayuntamiento. La Feira das Marabillas no la organiza una empresa privada, sino los comerciantes del casco histórico, y se celebra sobre suelo municipal, por lo que los promotores necesitan una autorización del Concello que, debido a que el verano está condicionado por la evolución de la pandemia, todavía no tienen.

Ni una ni otra feria se celebraron en 2020. Summer Coruña se estrenó el año anterior con una edición en Semana Santa y otra en el verano, también en la explanada de O Parrote. En esas ocasiones no utilizó casetas de madera sino toldos y carpas. Hubo música en vivo que este año está descartada. La organización ha diseñado un itinerario de entrada y otro de salida y habrá señalizaciones claras y visibles y un arco de control de aforo en la zona con personal privado de seguridad que podrá limitar los accesos en función de la afluencia de público. Las casetas estarán separadas con la distancia aconsejada, salvo que más de una pertenezcan al mismo comerciante. Se colocarán geles hidroalcohólicos y aunque el espacio ocupado es exterior se recomienda el uso de mascarilla a todos los visitantes. El consumo de comida o bebida habrá de hacerse en asientos y no se podrá consumir mientras se pasea. La mayor parte de los puestos son de comerciantes gallegos.

Un protocolo COVID parecido a este forma parte de la planificación de los comerciantes de la Ciudad Vieja para poner en marcha la feria medieval este año. Su intención es organizarla un mes más tarde de lo habitual, ya que por lo general ha sido en la penúltima o última semana de julio. Así se lo han trasladado al Gobierno local, que de momento no les ha dado una respuesta. Si finalmente tienen permiso, los puestos de venta, algunos de ellos procedentes de otras comunidades, se dispondrían en las calles del casco histórico, que solo podrían ser recorridas en una dirección. Habría control en cada acceso peatonal a la zona para impedir la acumulación de gente. Quedarían descartadas actuaciones musicales y desfiles por las calles. Estas medidas antiCOVID se aplicarían como complemento del plan de autoprotección que los organizadores tienen desde hace años para el desarrollo de feria.