El arquitecto coruñés Carlos Pita ha sido galardonado con unos de los premios FAD (Fomento de las Artes Decorativas) en la categoría de Ciudad y Paisaje por su reforma de la plaza de Armas de Ferrol. El jurado valoró su recuperación de la su vocación pública y cívica de la plaza mediante un diseño “discreto y sereno”, aunque con una “sobria contundencia” que la transformó en “hospitalaria, acogedora y amable” .

¿Está más satisfecho por recibir el premio FAD por la reforma de la plaza de Armas de Ferrol porque recibió el encargo a través de un concurso?

Casi todos mis proyectos son consecuencia de ganar concursos públicos y estoy muy satisfecho porque fue una obra muy dura y creo que es una de las actuaciones urbanas más importantes en Galicia en los últimos años. Fue una obra muy cuestionada políticamente, ya que se utilizó como herramienta de enfrentamiento partidista y con este premio, que es el decano en esta actividad en Europa, creo que al final la arquitectura se impone a todas las circunstancias que conlleva inevitablemente una obra pública.

¿Para obras que se desarrollan en ese tipo de espacios emblemáticos debe siempre convocarse un concurso?

Yo creo en el concurso porque la España democrática se hizo en gran parte a través del concurso público. Primero porque es la fórmula más democrática y segundo porque la Ley obliga a que lo haya a partir de un determinado presupuesto, lo sorprendente es que no haya concurso y que las administraciones estén utilizando un artificio que es el encargo directo, que además supone unos pagos miserables. En este momento se está elaborando una ley de defensa de la arquitectura porque realmente hace muchísima falta. El concurso es una herramienta cultural, porque no solamente sirve para elegir un ganador, sobre lo que se puede no acertar, sino que permite que se trabaje e investigue sobre la ciudad. En el de la plaza de Armas hubo otros proyectos que sirvieron para estudiarla y proponer otras ideas, ya que para los arquitectos es un campo de trabajo muy interesante.

Uno de los casos recientes en el que no hubo concurso es la reforma de los Cantones en A Coruña.

Por ejemplo. Fue un encargo directo a unos buenos amigos míos, pero un encargo directo no puede superar los 15.000 euros de presupuesto. No quiero hacer reivindicación sindical, pero a los arquitectos se nos está pagando muy poco, lo que les convierte en los elementos más débiles, cuando son quienes defienden los intereses de la propiedad. Una decisión de un arquitecto ahorra 50.000 euros con muchísima facilidad, por lo que es realmente donde hay que incidir. En el caso de la plaza de Armas hubo muchas decisiones que podían suponer una mejora económica para nosotros, pero no llegamos a agotar el presupuesto.

¿La ausencia de concurso impide contrastar propuestas estéticas?

El concurso permite enfrentarse a varias propuestas, por lo que hay que convocarlos bien. Un buen concurso necesita de un buen jurado, ya que con él mejora mucho al permitir evaluar los pros y las contras de las propuestas. Yo también gané el concurso del centro de interpretación del castro de Castromaior y mi propuesta era lo que estaba buscando el jurado y especialmente el Concello de Portomarín, ya que es un equipamiento que casi no necesita mantenimiento y no precisa personal. En el trabajo de la plaza de Armas de Ferrol hay una vocación muy clara de conseguir un espacio anónimo, en el que la figura del arquitecto desaparece y el protagonista es el ciudadano, el que pasea, el que necesita descansar o el niño que juega al balón. Y surge de mis recuerdos de infancia en la plaza de María Pita cuando era de tierra y de la Marina cuando mi abuelo iba detrás del edificio de Sanidad Exterior a jugar a la petanca.

¿Debe excluirse a los políticos de los jurados de los concursos?

No sería tan tajante, pero tengo claro que deberían figurar lo menos posible, aunque en el de la plaza de Armas es evidente que tenía que estar el alcalde o la persona en la que delegase. Creo que un buen político es aquel que sabe escuchar y si en un jurado se rodea de gente que sabe de lo que está hablando, el político tiene mucho que decir pero sobre todo mucho que escuchar. No digo que no tengan que estar representados todos los grupos políticos, pero el peso de la decisión debe recaer sobre gente con preparación y conocimiento.

En A Coruña se convocó en el anterior mandato municipal un concurso de ideas sobre el futuro de los muelles. ¿Fue una oportunidad perdida?

Estuvo perdida antes de convocarse, ya que fue muy mal planteado y convocado. Y carísimo, por cierto, por lo que es un modelo de lo que no debe hacerse.

¿Cómo cree que debería haberse planteado?

Eso exigiría hablar de muchas cosas. Cuando se convocó decidimos no presentarnos porque además estaba excesivamente dirigido por un jurado en el que había gente por todos los lados. Creo que fue un concurso para la galería.

¿Es necesario convocar un concurso para reordenar los muelles?

Lo que es necesario es que nos condonen la deuda del mismo modo que hicieron en Valencia y luego habrá que estudiar la ciudad en su conjunto para renovar aquella visión de boom inmobiliario y de nuevo rico que hizo el plan general, en la que más que de ciudad se hablaba de solares y beneficios, por lo que mantener aquella España y aquella Coruña me parece que es un atraso. La solución empezaría porque nos condonasen la deuda porque se van a malvender y luego la van a condonar. Luego, a través de un plan general o de la figura que sea, que la ciudad decida cuál es su futuro.

Se dice que es una oportunidad para cambiar la fisonomía de la ciudad. ¿Cree que es así?

No creo que haya que cambiar la fisonomía de la ciudad, por lo menos en los muelles históricos. La oportunidad es la de repensar la ciudad que queremos, pero me interesa más el puerto como un agente productivo que genere riqueza para la ciudad, pero de riqueza real, no la de la especulación que al final es siempre el ladrillo. Creo más en la activación del puerto como motor económico de esta ciudad, que lo fue y mucho.

Hay quienes defienden la pervivencia de ese papel del puerto y quienes apuestan por construir viviendas. ¿Por qué se decanta?

En los muelles históricos creo que no hay que construir e incluso que habría que hacer derribos, como por ejemplo un centro comercial que no funciona. O en todo caso convertirlo en viviendas, pero en todo caso los ejemplos de actuación en el puerto han sido siempre nefastos. Creo que hay que incentivar que los muelles históricos sean generadores de riqueza real porque la pandemia ha demostrado la necesidad de seguir produciendo y no estar siempre dependiendo de traer las cosas de fuera. No me parecería mal que zonas del muelle de San Diego se dedicaran a viviendas, pero habría que estudiarlo. No deberíamos olvidar que el polígono de Agrela está casi medio vacío, porque cuando nos presentamos al concurso de la sede corporativa de Estrella Galicia vimos que un altísimo porcentaje de las naves que solo sirven como almacén solo trabajan una o dos personas, por lo que A Coruña tiene espacio para crecer. Y hay que empezar a pensar que el entorno de la ciudad —Oleiros, Arteixo, Culleredo...— debería estar pensándose cada vez más de forma conjunta.