Los vecinos de San Cristovo das Viñas no saben ya a quién acudir para poder optar a una calidad de vida similar a la que gozan la mayoría de coruñeses. Son alrededor de 50 vecinos afectados que se sienten, desde hace años, en tierra de nadie: ni las administraciones responden a sus llamadas, ni las empresas telefónicas encuentran solución a sus problemas. Así lo denuncian. “Hace tiempo que sentimos que todo el mundo ha decidido que nosotros somos una isla en medio de la urbe”, se queja uno de ellos, José Videla.

Sus viviendas, enmarcadas en el lugar de San Cristovo das Viñas, entre la iglesia parroquial y el viaducto, viven en un limbo administrativo desde que finalizaran las obras del enlace de Lonzas con la tercera ronda. Desde entonces, aseguran que deben pelear a conciencia cada mínima demanda: tras el teléfono, a menudo, solo encuentran silencio. Los vecinos del núcleo de viviendas reparten las culpas entre las administraciones local, estatal y las empresas privadas. La primera de sus cuitas, la señalización. “Se le ha pedido al Concello que señalice la senda al cementerio parroquial, porque por ahí va mucha gente. Llevamos enviando solicitudes dos años. No hay respuesta”, lamenta Videla.

La segunda cuestión, las mejoras en la seguridad vial que piden para el tramo entre el Birloque y Lonzas, donde los vehículos discurren a gran velocidad, tampoco ha llegado a término o solución. “Sería bueno colocar badenes. Tampoco hemos recibido respuesta. En el tramo de carretera que va a San Cristovo das Viñas no hay ni papeleras. Cuando las pedimos, nada, silencio”, enumera. Las normas de edificación que pesan sobre la zona, que está delimitada como polígono en el plan parcial, tampoco dejan a sus vecinos margen de maniobra con sus propiedades. “Si los vecinos quieren construir en sus fincas viviendas unifamiliares, les dicen que no, salvo que todos los vecinos de las fincas colindantes quieran hacer lo mismo. No puedes mover una piedra”, lamenta.

Los afectados achacan parte de la responsabilidad del limbo de servicios en el que dicen vivir a la administración estatal, y, más concretamente, al ministerio de Fomento, propietario de los terrenos colindantes, cuya falta de mantenimiento, alertan, puede derivar en problemas de salubridad y seguridad, al crecer de forma descontrolada la maleza de la zona sin que nadie se preocupe de limpiarla o controlarla. Hace dos semanas, los vecinos pudieron ver las parcelas desbrozadas, pero no sin una lucha previa de por medio. “Tuve que escribir personalmente al delegado del Gobierno y a la Demarcación de Carreteras para que Fomento viniese a hacer el mantenimiento preventivo antiincendios de las fincas. La Ley de Prevención de incendios dice que esas fincas tienen que estar limpias, pero nosotros solo lo conseguimos a base de pelearlo”, aseguran.

La imagen de la desidia la pone, para los residentes, un montón de tierra que permaneció en una de las aceras durante tres años tras un desprendimiento y que los operarios enviados por el Ministerio retiraron este mismo mes. Fuentes de Fomento alegan, por su parte, que las parcelas de su propiedad se desbrozan, como mínimo, una vez al año y a veces incluso dos, una percepción que los vecinos no comparten.

El elemento que interfiere, quizás, de forma más tangible con su calidad de vida, es el hecho de que a estas viviendas no llega ni el cable ni el gas natural. Muchos vecinos se ven obligados a recurrir a Internet vía módem o a televisión por satélite, sin que las empresas responsables hayan sabido darles una solución al problema de no disponer de conexión a Internet en plena ciudad. “Según los de Telefónica, las obras de Fomento se cargaron canalizaciones y está previsto que algún día haya cable. Así llevamos cinco años”, concluye Videla. La sensación general no es otra que el hartazgo. “Tenemos la sensación de que solo existimos para pagar contribuciones”.