El Premio Nacional del Cómic Javier Olivares trae a Viñetas desde o Atlántico su última obra, La Cólera, y uno de sus tomos más celebrados, Las Meninas, que desentraña los secretos del cuadro más famoso de la Historia del Arte española.

Es Premio Nacional de historieta, pero su despegue vino a raíz de su obra Las Meninas. ¿Cómo se le da vida en viñetas al cuadro más famoso del arte español?

Ese fue uno de los retos. Aprendí gestión del esfuerzo. Cualquier novela gráfica te lleva dos o tres años, tienes que aprender a gestionar el trabajo para que en cada fase hagas lo que necesites, y para no hundirte. Son muchos años, casi nunca te pagan lo que lleva. Las Meninas fue un libro que me enamoró, me pilló mayor, ya había decidido ser un dibujante ocasional. Nunca pensé que iba a hacer 180 páginas, mis libros eran de 25 o 30. Fue mi puesta de largo, me obligó a colaborar, que ya lo había hecho alguna vez, pero era muy autónomo: hacía mis historietas, mis guiones, la colaboración me asustaba un poco, el meterme en el mundo de otra persona.

Y de que otra persona se meta en el suyo.

Claro, ahí está el manejo del ego. Tienes que dejarlo en el perchero cuando entras. En una colaboración, el ego estorba. Santiago (García, el guionista de Las Meninas) y yo funcionamos tan bien por eso: nos conocemos mucho, confiamos mucho el uno en el otro. Yo sé por dónde va, y yo voy por ahí también. Entramos con facilidad uno en el espacio del otro. Se trata de que ambos pongamos el libro por delante. Luego está el trabajo de documentación, pero era un guion buenísimo y dije: a ver cómo hago para no estropearlo.

Juega con el imaginario alrededor de ese cuadro, pero también con la Historia de España que hay detrás de sus personajes.

Sí, nunca había trabajado con personajes reales. Siempre eran mis personajes, mis mundos personales, me había hecho un jardín a medida, muy familiar. De pronto, llega alguien de fuera y te dice: aquí sale Dalí, sale Picasso, sale Buero Vallejo, sale Italia, la corte, el Siglo de Oro. Me interesaba ese mundo, pero si no hubiese tenido ese empuje, igual no me hubiera acercado ahí. Eso es algo que me gusta, que te saquen de la zona de confort, de lo que sabes que haces bien. Las Meninas tenía esa oscuridad, el cuadro me fue mandando información, ahí encontré una de las claves del libro, la frontalidad.

El cuadro es casi una viñeta.

Sí, es un cuadro aparentemente soso. Ves un perro, nada arriba... hay otras obras que dicen más de sí mismas que son una obra de arte. Esto no es obvio, tienes que profundizar en el tema de por qué fue tan revolucionaria, en por qué esa especie de selfie tan extraño de Velázquez es un cuadro tan alucinante y por qué ha influido tanto a personas brillantes. Una de las ideas principales es la de quién construye una obra maestra: lo hace el tiempo y la sociedad, los demás pintores, no el propio pintor, que la pinta y nada más.

Antes, primero tenía que defender al medio y luego su trabajo. ¿Se han perdido los prejuicios sobre el cómic?

No sé si del todo, porque eso es muy difícil, pero como autor, me doy cuenta de que todo el mundo ha leído una novela gráfica, o le suenan los títulos. Ya no es una cosa extraña de un grupo aislado. Antes las entrevistas se nos iban en defender el medio. El cómic arrastraba la idea de medio infantil, ahora esa barrera psicológica se ha roto.

Ilustración de Miguel Olivares

Ilustración de Miguel Olivares