Una multitud se amontonaba a las 13.00 horas de ayer en O Parrote, en el mirador de la estatua de la Virgen, en los pequeños resaltes de cemento que llevan hasta el castillo de San Antón, en el extremo del muelle de Trasatlánticos, hasta en las piedras, para ver el rescate simulado que uno de los Helimer, los helicópteros de Salvamento Marítimo, realizó a unas pocas decenas de metros del paseo para conmemorar los 30 años de la creación de su base en Alvedro. Mientras un remolcador lanzaba dos chorros de agua, a modo de saludo, un buque de Salvamento, el Betelgeuse, lanzó el humo naranja que señala la posición de un buque en apuros.

La primera aeronave en acudir al rescate fue un avión de ala fija, que pasó rugiendo sobre los espectadores y se perdió en dirección al istmo. Entonces llegó el helicóptero, un enorme aparato conocido informalmente como Super Puma y que, según explica Roberto Pereira, jefe de Salvamento Marítimo en A Coruña, tiene capacidad para llevar a veinte personas. Se detuvo en el aire, atronando, pues, pese a la distancia y el espacio abierto, las dos hélices del aparato hacían tanto ruido que dificultaban hablar a los espectadores. Bajó una cuerda hacia el barco, y, luego, un rescatador y una especie de arnés. Poco después este subía siguiendo la cuerda, llevando tumbado encima a un falso herido, con un movimiento rápido pero medido que reducía al mínimo las oscilaciones y aseguraba que la camilla no volcase. Ascendió entonces el rescatador, y las aeronaves dieron una última pasada, entre los aplausos de la gente que llenaba la fachada marítima.

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El velero noruego de 1914 Statsraad Lehmkuhl Arcay | Roller Agencia

Todo el proceso, incluyendo los vuelos de exhibición, se realizó en menos de media hora, y recreó una de las numerosas intervenciones que realiza el Helimer para trasladar a instancias hospitalarias a marineros heridos o enfermos que se encuentran en alta mar. En general, se realizan en circunstancias peores que la de ayer, con fuertes vientos, de noche o con mar picada. Desde que abrió la base coruñesa, según Pereira la mejor dotada de España, se ha rescatado a unas 1.200 personas. Además de marineros, Salvamento Marítimo auxilia a caminantes que caen al agua, bañistas atrapados por la marea o mariscadores que se lesionan entre las rocas de la costa y son incapaces de salir. Además de Salvamento Marítimo, colaboraron el Centro de Control de Servicios y Emergencias del Puerto, la Policía Portuaria, el servicio 112 y la Policía Local. El presidente de la Autoridad Portuaria, Martín Fernández Prado, presenció el acto y apostó por acercar el Puerto a los ciudadanos.

Vuelta al mundo en 20 meses para concienciar del cambio climático

Sobre las 10.00 horas de ayer llegó al Puerto el velero noruego Statsraad Lehmkuhl, botado por una fundación del mismo nombre que busca crear conciencia acerca del cambio climático. Tradicional participante de la Tall Ship Race, ya estuvo en una decena de ocasiones en A Coruña, y ahora recala como parte de una vuelta al mundo.

El barco estará hasta el mediodía de hoy en el Muelle de Trasatlánticos. Aunque no se puede subir a él, numerosos coruñeses admiraban ayer al buque, construido en 1914 en Alemania para servir de buque escuela de la marina mercante del por entonces Imperio. Según cuenta su capitán, Jens Joachin Hiorth, pasó al Reino Unido como parte de las reparaciones de la Primera Guerra Mundial y fue comprado por el ministro noruego Lehmkuhl (que da su nombre al buque, pues statsraad significa “ministro en la lengua nórdica). El país lo empleó como buque-escuela hasta los años 70 (con un lapso en la Segunda Guerra Mundial, cuando fue requisado por los alemanes), cuando fue vendido por un precio simbólico a la fundación que lo posee. Hace cinco años empezaron las circunnavegaciones.

Statsraad Lehmkuhl, Jens Joachim Hiorth, explica que el propósito fundamental de su buque es “crear conciencia de los desafíos que tiene el mundo en relación al cambio climático”. A Coruña es el primer puerto en el que ha recalado el barco, tras partir hace una semana de Bergen, como parte de una travesía de 55.000 millas náuticas en la que darán la vuelta al mundo a lo largo de 20 meses, hasta abril de 2023.

El buque tiene actualmente 122 personas a bordo, con 25 tripulantes, estudiantes e investigadores que se ocupan de sensores que van midiendo variables sobre el estado de los océanos), y el resto trainees, pasajeros que participan en la navegación. Esta noche embarcaron varios españoles. La próxima parada será en Lisboa, y tocarán 36 puertos antes de volver a tierra; en algunos tendrán “encuentros políticos de alto nivel” para promover la concienciación sobre el medio ambiente.

Según cuenta Hiorth, pese a que el buque tiene un motor para realizar determinadas maniobras, emplean sobre todo las velas, ya que “el viaje está centrado en la sostenibilidad”. Esto hace que el buque sea “totalmente dependiente del viento y su dirección” para navegar, lo que supone un desafío adicional. En su viaje desde Bergen a A Coruña han navegado más de un 75% a vela, una buena cifra, señala, teniendo en cuenta que pasaron por zonas de alta densidad de tráfico. “En los viajes largos, como cruzar el Atlántico, lo haremos aún más” promete el capitán.