Estíbaliz Veiga encarna a la Emilia Pardo Bazán en la obra teatral El Reflejo, en la que la soprano Virginia Tola encarna a Amparo, la cigarrera protagonista de la novela bazaniana La Tribuna. La música de esta pieza, a medio camino entre la lírica y el teatro y en la que Javier Ozores ha hecho los textos y Gabriel Bussi las partituras, la pondrá el pianista Alfredo Abbatti. El estreno absoluto, con la dirección de escena a cargo de Emilio López, tendrá lugar en el Teatro Colón a las 20.00 horas de este viernes. La pieza forma parte de la programación de la Temporada Lírica.

¿Cómo se conjuga la parte hablada y la musical?

Las arias de Tola están incluidas en mi monólogo, no es que estén por separado: todo fluye como un río, y algunos acordes van a sonar durante la interpretación de mi monólogo. Yo soy actriz y escribo, y es una honra y un orgullo encarnar a esta escritora feminista, innovadora, visionaria, mujeraza. Es un reto con mayúsculas. La idea de la obra, que me apasiona, es una concepción de Emilia y Amparo como una mujer en total, desligándonos del hiperrealismo y tratando de llevar a escena a dos mujeres universales y atemporales. Pardo Bazán es una mujer gallega, que ha nacido en un siglo determinado, pero que podría haber sido la representante del movimiento feminista en cualquier lugar del mundo y cualquier época de la historia. Era una avanzada para su tiempo.

Hay una diferencia entre personaje y autora, en tanto que Amparo es una cigarrera y Pardo Bazán una aristócrata.

Desde mi humilde opinión, creo que Amparo es mucha de las cosas que Emilia querría haber sido. Es un alter ego típico, la boca por la cual yo quiero hablar.

La Pardo Bazán que escribió La Tribuna, rondando la treintena, es la que estaba introduciendo el Naturalismo en España, la que publicó los artículos La cuestión palpitante hablando del realismo o Zola. ¿Cómo la percibe y la siente?

Puedo hablar de manera subjetiva, por todo lo que he tenido que ir investigando sobre ella para este proyecto, y lo que ya venía de atrás. Yo hice Filología antes de Pedagogía Teatral, y la Literatura fue una de mis asignaturas favoritas; también tuve la suerte de tener muy buenos profesores de esa materia en el instituto. Suscitaron mi interés por personajes a los que no se da tanta importancia como merecieran. Como está comprobado con estudios, las mujeres aparecen en los libros de texto en un porcentaje mínimo, y no justo si tenemos en cuenta la realidad de su aparición en la historia. En cuanto a Emilia y su momento, creo que como en todo ser humano, la juventud te da una ilusión, una capacidad de soñar. De creer que puedes cambiar el mundo y luchar por tus ideales de manera más arrolladora. En el caso de Emilia, cómo habla de Jaime, su hijo, de lo que siente al ver a las trabajadoras y sus horarios, denota una inmensa empatía. También un carácter de mujer luchadora. Su padre le fomentó la igualdad al darle libros, que son sus herramientas para escribir como escribía; si no hubiera leído de niña, probablemente no hubiera escrito así de mayor. Hay un compendio de virtudes que hacen que pueda plasmar La Tribuna tantas inquietudes y tantas luchas. No solo está la lucha por la mujer: también por los derechos humanos, las necesidades laborales... Un montón de cosas están presentes en una sola obra. Y para escribirla en la edad en la que la escribió, y en las condiciones en las que vivía, fue una visionaria, una adelantada a su tiempo.

Su figura ha generado controversias por sus contradicciones. Parte de su familia apoyaba al carlismo, otra tuvo inquietudes liberales, está su visión acerca de las clases... ¿Se ven en la obra estas tensiones de su pensamiento?

El teatro, la literatura, te permiten viajar a todos los lugares del mundo sin tener que pagar peajes ni coger aviones. Te hacen conocer a personas que ya no están, personajes que no existen... Y todo lo que plasma la obra de un literato va a estar caracterizado por sus vivencias personales y forma de ser. Emilia, y todo lo que ha vivido, se refleja en su obra.

Usted tiene un currículum muy extenso y muy variado. Teatro, como está haciendo ahora, series, programas de televisión... Y ha tocado desde la comedia a hablar de la violencia machista. ¿Qué le lleva a ser tan ecléctica?

La primera obra de teatro que hice en mi vida la hice con siete años, en el colegio, gracias a un profe de Matemáticas que me escogió cuando me estaba escondiendo, literalmente, detrás de un compañero, porque me daba muchísima vergüenza. Desde ese momento, entendí que el teatro, la comunicación, la expresión, la cultura, en definitiva, es lo que puede hacer que el mundo sea un poquito mejor. Como decía Machado, un pueblo sin cultura es un pueblo moribundo. Me hace muy, muy feliz, contribuir en una porción mínima, desde mi humilde posición, a contar historias, reales o de ficción, escribir, dirigir, presentar un programa de testimonios en América como estoy presentando ahora... Cualquiera de los palos de esta bendita profesión me hace muy, muy feliz. Es una profesión sacrificada, es una carrera de fondo, hay que dedicar muchísimas horas de trabajo. Aunque la gente vea solamente lo que se cuelga en las redes sociales, la vida real de un artista o un trabajador de la comunicación es muy sacrificada, muy constante, hay que perseverar. Es un sueño y hay que luchar por él todos los días.