El colegio Calasanz PP Escolapios es la casa de Berta Porto. Allí empezó sus prácticas cuando acabó la carrera y en esas clases pasó 38 años. Toda su vida laboral ligada al mismo centro al que ahora dice adiós. Todavía con emoción y con la promesa de volver siempre que pueda. “Pienso seguir conectada. Voy a venir a recoger a mi nieto y a tomar café con las compañeras. Entre todos formamos una familia”, resume la ya exprofesora, a la que se le quiebra la voz cuando rememora el homenaje de ayer.

Los alumnos de Primaria se sentaron en el patio para formar un corazón y llenar el silencio de aplausos. “Le regalamos un manzano, porque le encanta la huerta, un poema hecho por un compañero y un cuaderno con todas nuestras muestras de cariño”, desvela una de las profesoras del Calasanz PP Escolapios, que solo tiene buenas palabras para Berta Porto: “Deja un recuerdo muy bonito. Es cariñosa, respetuosa y está siempre pendiente de todos. Es muy buena persona”.

La profesora confiesa ser “muy llorona”, así que en la jornada de ayer no faltaron las lágrimas. Todas de felicidad. “En este tiempo he intentado hacer todo lo posible por los niños, por conectar con ellos. He aprendido de ellos y ellos de mí”, comenta.

En sus muchos años en el Calasanz, Porto fue profesora de primero y segundo de Primaria, aunque en esta última etapa se encargó de tercero y cuarto. Dio clases de Natulares e incluso de Física cuando existía la EGB. El homenaje continuó ayer por el patio de Infantil, donde tenían preparado más material para la huerta. “Ha recogido los frutos de una vida marcada por su discreción, trabajo constante, entrega y las buenas relaciones con compañeros, alumnos y familias”, apuntan sus compañeros.

La recordarán como una persona que “siempre está contenta” y que aportaba “tranquilidad” a todos. “Es una compañera excepcional. Nos da consejos sin imponer nada”, añaden. Así ha conseguido dejar grabada su huella en el Calasanz PP Escolapios, en el que seguirán como profesores su sobrina y su nuera. También su hermano fue docente del centro. “El colegio es su familia, como su casa”, destacan los profesores, que ya echan de menos ver a Berta Porto por los pasillos que ahora recorre su nieto mayor.