Vuelta a los conciertos tras las vacaciones, con ganas de escuchar al nuevo fenómeno de la ópera, como es la soprano Lise Davidsen, que con la primera nota que dio en el Teatro Colón dejaba bien claro que este escenario se le iba a quedar pequeño de tamaño, ¡qué voz!, ¡qué fuerza!, capaz de despeinar a los de la primera fila al principio del Don Carlo y en muchos momentos de la noche. La soprano noruega dio un recital técnico de emisión en todos los registros. Su Verdi, buenísimo, imposible no emocionarse escuchándola. Quizás en momentos algo exagerado en potencia en un teatro de estas dimensiones, y, aunque fantástica en todos los papeles a lo largo de la noche, es cuando canta en alemán, y sobre todo interpretando a Strauss y Wagner, donde sobresale con esa potencia y belleza de sonido acompañada de una gran musicalidad y convencimiento del papel que logra llegar al gran público. Público que, por otra parte, se ganó desde el comienzo, con gritos y aplausos, más que merecidos, que se prolongaron durante toda la velada. La Sinfónica de Galicia estuvo al nivel al que nos tiene acostumbrados. Sin embargo, tardó en encontrar el sonido en un escenario y un repertorio no habitual, alcanzando esa comodidad en las obras que puede interpretar como “sinfónicas” y no como operísticas, cosa que le va como anillo al dedo como se pudo comprobar en la Forza del destino con ese fantástico flauboe de Walker y Villa, esos fabulosos metales o una cuerda que se gusta cuando puede cuidar su sonido. Perfecto y solvente el Maestro Pérez Sierra a lo largo de la noche en un repertorio, el operístico, en el que se desenvuelve como pez en el agua. Contentos de ver y escuchar de nuevo a Hill al oboe. Un lujo para nuestra ciudad. Amigos de la Ópera que hacen magia con los recursos de los que disponen.