Un autorretrato del pintor expresionista austriaco Egon Schiele, con la mirada a la vez firme y ausente que desafía al lector, preside la cubierta de Los juegos florales (Espasa), segunda novela de Santiago Isla (Madrid, 1994), que presenta hoy a las 19.30 en la librería Moito Conto en la calle San Andrés. El retrato guarda un cierto parecido con el autor del libro, que conduce a su frustrado antihéroe por Madrid, Manchester, Sanxenxo y Marbella; por el pijerío cultural madrileño, las cafeterías de estudiantes y las zonas residenciales de clase media. El amor y la literatura se dan la mano con melancolía en el segundo volumen de Isla, músico y escritor al que no le ha costado despegarse la etiqueta de “hijo de Pablo Isla”, el presidente del Inditex, y al que la escritura, como a los niños, le parece un juego.

¿Ha cambiado mucho el autor de Los juegos florales con respecto al de Buenas noches, que presentó hace solo un año?

Hay un cambio fundamental: cuando escribí la primera novela no sabía lo que era realmente escribir un libro y para escribir la segunda ya tenía esa experiencia previa.

“Una tragicomedia rabiosamente actual”, dice su editorial de su libro. ¿Qué tiene de trágico y qué de cómico?

Lo trágico es la forma de ver la vida a través de los ojos de una persona con tendencia a ver el lado oscuro de las cosas. Tiene de cómico el humor que manifiesta el personaje cuando se le abren puertas de optimismo.

¿Cuánto de realidad y cuánto de ficción hay en sus novelas?

Es inevitable que aspectos de mi vida se cuelen en mis libros, pero son libros de ficción. Creo que últimamente se tiende a denostar la imaginación y yo creo que las cosas, las historias, no son más válidas por tener un tinte autobiográfico. En esta segunda novela hay mucho imaginado, mucho que no tiene que ver con experiencias que haya vivido o con cómo soy.

Al personaje central se le presenta un poco como Peter Pan, como un niño perdido. ¿Ese tipo de personajes que no encuentran su sitio en el mundo se adaptan muy bien a las inquietudes de los escritores jóvenes?

Los escritores, como cualquier artista, somos como niños pequeños porque al escribir estamos jugando. La literatura es como un juego, es contar un cuento. Más que Peter Pan, que también lo es, el personaje, Benavides, es una persona frustrada y con tendencia a la frustración, incapaz de tolerar que las cosas se le tuerzan. Se niega a madurar, pero también es alguien que se pone la zancadilla a sí mismo.

¿Lo que le frustra a Ignacio Benavides es lo mismo que le frustra a Santiago Isla?

A él le frustra todo, realmente. Primero una relación amorosa, luego sus aspiraciones artísticas, que al principio no salen bien y luego parecen enderezarse. Las frustraciones que yo pueda tener en mi vida, que pueden coincidir en algún aspecto con las suyas, como el amor, son diferentes.

El personaje se refugia en la literatura. ¿Es también una tabla de salvación para usted?

Puede ser, en algún momento, pero yo no tengo una visión como esa, como si fuera una vía de escape para los momentos difíciles o angustiosos. Para mí escribir es un placer, lo disfruto muchísimo, tanto como el de leer, al que dedico más tiempo.

¿A qué géneros o autores recurre para inspirarse, o incluso para salvarse?

Muchísimos. Diría que el que siempre me anima y me ilusiona es Pío Baroja. Sus libros están completamente vivos, con personajes, sucesos y conversaciones reales. Me reconforta como escritor que todavía se pueda hacer esa literatura viva y disfrutarla.

En su libro, al personaje le decepciona el periodismo, que es lo que estudia. ¿Qué de malo tenemos los periodistas?

Le decepciona porque tiene un problema generacional, el de creerse merecedor de un futuro excepcional pero no ser capaz de afrontar los esfuerzos más inmediatos para alcanzarlo. No es un problema con la profesión ni con los profesionales, sino un problema que tiene el personaje. Él quiere ser escritor y se imagina un futuro grandilocuente, pero sus padres le piden que oriente su sueño a una perspectiva profesional con futuro. A él el periodismo le parece algo bajo para sus aspiraciones increíbles y suspende la mitad de las asignaturas.

Su prosa es irónica y hay momentos de humor, pero prevalece el tono pesimista que transmite el libro que escribe el protagonista.

Lo hace en un momento en que deja la carrera y en que su vida de forma absurda se desmorona. Más que una visión negativa, el libro da una visión un poco emo que puedes tener en la última adolescencia y en la primera juventud, cuando los pequeños hechos se magnifican y parece que la vida es una mierda y la felicidad es inalcanzable, lo cual es mentira.

¿Qué es lo que conduce más a la felicidad: el amor o la realización personal?

Buf, qué profundo. Eso me lo pregunto yo, qué conduce a la felicidad. Una parte muy importante es la suerte, que escapa al control de cada persona. Del porcentaje que sí controlamos, que no es alto, llegas a la felicidad según tu actitud, el modo en cómo te tomas las cosas.

Usted tiene su trabajo y es músico también. Y ha escrito y publicado dos novelas en muy poco tiempo. ¿Hay más obras guardadas en el cajón?

Guardo algunas cosas, tampoco tanto. Ahora estoy con mucha promoción, con mi trabajo y voy a dejar pasar unos meses. No me da la vida para hacer tantas cosas.