El fin de las restricciones al ocio nocturno hace que las molestias a los residentes en el Orzán hayan regresado, según pone de manifiesto la asociación de vecinos del barrio, que asegura que los trastornos son incluso superiores a los que se producían antes de la pandemia y que además se repiten a lo largo de toda la semana. “Los vecinos estamos sufriendo como hacía mucho tiempo que no pasaba”, señaló ayer José Luis Méndez, presidente del colectivo, para quien el problema reside en el nivel de ruido en la calle porque considera que “la gente está desbocada”.

Méndez detalló que la asociación ha solicitado mediciones de ruido en tres locales de ocio nocturno del barrio, pero que “el 99% de las quejas es por la calle” por la formación de aglomeraciones y por comportamientos incívicos como usar los contenedores como tambores o vaciarlos para meterse dentro de ellos y empujarlos por el barrio. Otro de los problemas denunciados por los residentes es que los establecimientos cierran a la hora establecida “pero la gente se queda en la calle porque les dejan sacar la bebida y algunos locales hasta sirven fuera”, según explicó Méndez.

Las calles Socorro y Sol, además de las plazas María Auxiliadora y Fuente Luisa son en las que el ruido es más elevado, según la asociación, ya que el público que acude a esa zona son adolescentes y veinteañeros que se comportan de forma escandalosa. En las calles Cormelana y José Sellier, a pesar de que también hay numerosos establecimientos y aglomeraciones que generan ruido, el hecho de que el público sea de mayor edad favorece que las molestias sean menores.

“Los efectivos de la policía por la noche no llegan ni para empezar”, opinó el presidente de la asociación de vecinos, quien recordó que la entidad mantuvo una reunión hace un mes y medio con el concejal de Seguridad Ciudadana, Juan Ignacio Borrego, a quien mostraron fotografías de las concentraciones en el Orzán. “No estamos viendo que sean capaces de dominar la situación, se les ha ido de las manos”, manifestó Méndez, para quien “no puede venir un coche patrulla a las tres de la mañana para disolver a 400 personas, el control tiene que empezar a las once y evitar las concentraciones”.

En su opinión, la solución a estos problemas pasa por “segregar las zonas de ocio nocturno de las residenciales”, ya que ve “imposible que estén las dos juntas y que la gente pueda dormir”. Para eso propuso que los establecimientos del sector se trasladen a zonas no residenciales, como el centro comercial Los Cantones Village o Pocomaco, para evitar las molestias. Méndez admitió que el comportamiento de los jóvenes durante la noche tiene relación con el largo periodo de restricciones al ocio impuesto por la pandemia, pero advirtió de que ese factor no limita el derecho de los vecinos al descanso nocturno. “Una cosa son las ganas de divertirse y otra molestar”, sentenció.

El coronavirus puso fin desde marzo de 2020 a los problemas que padecían los residentes en esta parte de la ciudad desde hacía años debido a la alta concentración de establecimientos de ocio nocturno y a los botellones que se realizaban en esas calles. La entidad vecinal denunció en varias ocasiones en los meses precedentes las aglomeraciones que se producían en el barrio, que sucedieron a la prohibición por parte del Concello que se organizasen botellones en los jardines de Méndez Núñez.

Algunos afectados abandonaban sus viviendas los fines de semana para poder descansar, mientras que otros trasladaban sus camas a habitaciones en las que no se escuchaba el ruido callejero. El Concello ordenó el incremento de la presencia policial y el control del horario de cierre de los locales, pero el fin de las molestias no llegó hasta la irrupción de la pandemia y la clausura del ocio nocturno.