Ana Lee es una de las fundadoras del grupo Las Antonias, una banda que nació en una conversación de la sala coruñesa Mardi Gras, que se apoyó en ella durante sus inicios, y que mañana resucitará el local, tras un largo parón por el coronavirus, con un concierto a las 22.00 horas. Forma parte del ciclo Xacobeo de la Xunta, que traerá este sábado a la sala a Furacán y Os John Deeres y el domingo a Los Plutones.

Empezaron como dúo, ahora son un quinteto.

Empezamos Mamen y yo, después se incorporó Helena, que toca el fagot, y empezó a poner un poco de orden. Fuimos incorporando nuevos miembros, Jota, Sabela, pero estos y Mamen se bajaron del carro con la pandemia, por dificultades. Ahora seguimos manteniendo una formación de tres, para pequeños conciertos, pero lo que nos gusta es ir a cinco: Marta Figueirdo (batería), Raquel Huete (bajista), Marina Gundín (teclado y voces), Helena García (fagot, acordeón, melódica y lo que le pongas delante); y yo, vocalista. Estamos pensando en una nueva incorporación de viento.

El grupo nació para, en sus palabras, destripar canciones de su infancia, sobre todo boleros, dándole una vuelta a las letras y a sus mensajes machistas.

Seguimos destripando canciones, y los boleros son la fuente principal de la que seguimos bebiendo, pero incorporamos melodías, de rock o música ligera, de los 50 a los 70 que creemos que podemos interpretar bien y que la gente puede reconocer. Hemos ampliado territorios: una de las nuevas, por ejemplo, es Hotel California.

¿Cómo trabajan las letras?

Antes de la pandemia, nos juntábamos entre todas y empezábamos a desbarrar. Ahora cada vez es más complicado. En principio nos estamos basando en lo que tenemos, pero ahora estamos incorporando letras nuevas, que hacemos un poco entre todas.

¿Cuál es el papel del humor en este proceso de revisión?

Esa es la parte de retranca gallega que intentamos proyectar en las canciones. Es para quitarle el hierro a cosas que no nos gustan y porque creemos que con el humor se abren muchas más puertas. En vez de estar en lucha constante, somos la resistencia de hacer esa parte más amable, más fácil. Una risa provoca mucha más energía que un enfado. El humor abre corazones, la mente, muchos más aspectos que estar enfadadillas conque hayan hecho unas letras tan machistas (ríe).

¿Cuándo empezó a reflexionar acerca de esta música?

Cuando estaba en otra formación, en Fresquiños, ya de pureta. Siempre me ha gustado cantar, y le cantaba a mi abuelo cuando él iba a cortar la hierba. Yo era su radio. Cuando realmente me di cuenta del contenido de las letras estaba ya en el mundo de la música. Era como “Dios, qué machista, qué conceptos más retrógrados”. La idea empezó en la Mardi: mi primera fichaje era una amiga con la que quedaba para bailar por la noche en la sala, y empezó diciendo “me gustaría hacer una banda de mujeres que devolviesen a la música el equilibrio entre individuos, entre géneros”.

¿Cómo es volver a la Mardi Gras tras el parón del coronavirus?

Fue la Mardi Gras la que nos abrió las puertas, y siempre nos hemos sentido en casa en la sala, así que el que seamos as primeras en abrir el ciclo es un honor. Estamos entusiasmadas de formar parte de la República de Mardi Gras.

Han actuando en salas, en festivales, en pueblos... ¿Cuál es el formato que más le gusta de entre los que ha probado?

Lo que más me gusta es la sala, a nivel de conexión con el público. Es más cercano, es más potente. Invades con la música todo el espacio y ves cómo vibra la gente. Un festival es maravillosos, es increíble, pero la conexión es diferente. La sala te da calidez y te hace sentir más cercano, si el concierto sale bien. Las salas son nuestra cantera. El festival es un poquito más frío, con más gente, en la sala ves quién hace un comentario y le puedes replicar, ver las caras... Con la pandemia es difícil verlas, pero intentamos, en los conciertos, que la gente levante brazos, chasquee dedos, mueva las piernas... Interactúe con otras partes del cuerpo. Animamos a que la gente se venga arriba en la situación en la que nos encontramos. Pero ni tan mal; en los conciertos que hemos hecho este verano, el público ha sido maravilloso.