El Juzgado de Instrucción número 8 de A Coruña decretó ayer el ingreso en prisión provisional, comunicada y sin fianza, del último detenido —el séptimo— por presuntamente haber participado en el crimen de Samuel Luiz, la madrugada del sábado 3 de julio en el paseo marítimo de Riazor. Este joven de A Coruña, nacido en 1995, fue arrestado el martes por la tarde y pasó ayer a disposición judicial, investigado por un delito de asesinato, según confirmó ayer el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG). En su comparecencia ante el juez, el joven se acogió a su derecho de no declarar.

El instructor caso apreció riesgo de fuga, por eso decretó su ingreso en prisión de manera provisional. Con esta última detención, hay cinco adultos —de entre 18 y 26 años— arrestados, de los cuales cuatro están privados de libertad desde el 9 de julio. Una joven —pareja de uno de los detenidos— se encuentra en libertad pero con obligación de comparecer en el Juzgado, y los otros dos detenidos son menores que están ingresados también desde el 9 de julio en un centro de internamiento, por lo que se encuentran privados de libertad.

La detención de este joven se produce más de dos meses después de la agresión mortal a Samuel Luiz y es fruto de los avances en la investigación realizada en este tiempo por la Brigada Provincial de Policía Judicial, que sigue trabajando en el caso. Durante estos meses, los agentes han analizado, entre otros datos, los teléfonos móviles de los detenidos para recabar información sobre lo acontecido la madrugada del 2 al 3 de julio, como fotografías y mensajes. El último detenido forma parte del grupo de amigos de los ya investigados como presuntos autores de la paliza mortal a Samuel Luiz y, según avanzó ayer el delegado del Gobierno, José Miñones, no conocía a la víctima de antes, como el resto de la pandilla, un extremo que confirmó en su declaración la amiga de Samuel que, esa noche, salió de fiesta con él y que se encontraba con él haciendo la videollamada por la que se inició la agresión.

El joven entró ayer en el Juzgado para comparecer ante el juez instructor de la causa sobre las diez de la mañana y abandonó pasadas las cinco de la tarde el edificio de la calle Monforte en un furgón de la Guardia Civil y con la cara descubierta con destino a la prisión.

Este joven acudió a declarar el 7 de julio ante los agentes de la Policía Nacional tras ser citado telefónicamente, según consta en el sumario de las actuaciones, al que ha tenido acceso este diario.

En su declaración, relató que, al salir de trabajar, sobre las 22.30 horas, acudió al pub El Andén, donde sabía que estaban sus amigos en un reservado. El joven aseguró que había estado en el local hasta las tres de la mañana, cuando el portero le dijo que se tenía que ir. Una vez que abandonó el local, aseguró que había saludado a algunos conocidos y que, en un momento dado, empezó a escuchar “un griterío” y que la gente decía “se están pegando, se están pegando” y que empezaban a correr en todas las direcciones y que, cuando esto sucedió, él subió las escaleras que dan acceso al paseo y que, entonces, vio que dos chicos se llevaban a otro agarrado que caminaba con dificultad en dirección a Rubine —seguramente, Samuel con Ibrahima y Magatte—, dijo que estuvo buscando a sus amigos, pero que no los encontró, por lo que empezó a caminar, hasta que se encontró con uno de ellos, que le preguntó por su novia, al final, concluyeron que la chica se había quedado en el pub. Cuando llegaron se la encontraron en estado de embriaguez, por lo que decidieron llamar a una ambulancia y, después, coger un taxi para subir al hospital e interesarse por ella.

En ese tránsito, según declaró el ahora detenido, vio a unas veinte personas alrededor de otra que estaba siendo atendida por una ambulancia —Samuel, ya en el suelo y una vez que habían llegado los sanitarios—. Ya en Linares Rivas, los dos amigos encontraron el taxi que estaban buscando y subieron al hospital donde, según la declaración de este joven, un sanitario de Cruz Roja les indicó que había muerto un joven en la zona de Riazor porque le habían “apuñalado o golpeado con un objeto punzante”. Sobre las 04.30 decidió irse a casa, cuando uno de los amigos de la pandilla —no detenido— le llamó para que bajase al parque de San Diego, donde estaban algunos de los ahora arrestados. Ahí, según explicó este joven a los agentes, relataron la agresión, diciendo que uno de los chicos se había enfrentado con un joven porque le estaba grabando y que le habían pegado entre dos y que después se habían unido otros dos. En esa reunión, según consta en la declaración inicial del séptimo detenido, él les había preguntado quién iba armado, a lo que le respondieron que uno de los menores que ahora está privado de libertad. En esa reunión, uno de los primeros detenidos, según su relato, había manifestado que él solo le había dos puñetazos al joven, pero que no lo había matado. Sobre las seis de la mañana, aseguró a los agentes que había abandonado la reunión y que, tanto ese día como a los siguientes habló con uno de los detenidos, que le había dicho que no había matado al joven, que solo lo había tirado al suelo y forcejeado con él.

Este joven declaró que uno de los chicos de la pandilla —el cuarto detenido— se había llevado el teléfono de la víctima y que se lo había intentado vender a uno de los miembros del grupo. A este joven se le imputa, además, el delito de apropiación indebida. En su declaración en sede judicial, el cuarto detenido admitió que había cogido el dispositivo y que después lo había tirado a uno contenedor.

El 091 entrega el análisis de los móviles


La Policía Nacional entregó ayer en el Juzgado de Instrucción número 8 —encargado de la investigación del crimen de Samuel Luiz— la documentación complementaria derivada del volcado del contenido de los teléfonos móviles de los detenidos para su incorporación a la causa. En total ha habido siete arrestos en relación a este caso. Además del último detenido, ya hay tres varones en prisión provisional, dos en un centro de internamiento para menores y una mujer en libertad con medidas cautelares. Los agentes están pendientes todavía de que el juzgado envíe a un fiscal de Estados Unidos la información complementaria que le permita solicitar a Facebook —la empresa propietaria de Instagram y WhatsApp— que facilite los mensajes y la actividad que registraron los detenidos tras la agresión, ya que algunas de las comunicaciones que se intercambiaron los sospechosos habían sido borradas. El Juzgado de Instrucción número 8 prevé enviar esta información adicional en breve, para poder acceder a la actividad en estas aplicaciones de los detenidos. Estas comunicaciones son importantes para saber cómo se referían a la víctima, ya que este crimen podría haber tenido una motivación homófoba, ya que Samuel era homosexual. Los agentes esperan todavía por más pruebas.