Al mismo tiempo que el portavoz del Ejecutivo local en 2001, Javier Losada, restaba trascendencia a la demolición del antiguo asilo, al que se refería como “derribo de un edificio”, el día en el que la comisión de gobierno municipal había aprobado su desaparición, el grupo del BNG en el Ayuntamiento hablaba de “escándalo”, de “gravísimo atentado contra el patrimonio”. En la formación nacionalista era concejal Mario Gómez Rico, quien años después fue concejal de Rehabilitación Urbana en el mandato del gobierno bipartito PSOE-BNG (2007-2011). El Bloque denunciaba la operación “especuladora” promovida por el Ejecutivo socialista y censuraba la “cooperación cómplice” de la Xunta por no defender la conservación del inmueble al negarse a apoyar una moción nacionalista en defensa del asilo. 

“Nos preocupaban varios aspectos, sobre todo la pérdida de un edificio histórico y catalogado, con unas galerías magníficas, que asistía a ancianos en el centro de la ciudad, y el traslado de los usuarios al otro extremo, a Eirís, a Monte Mero”, recuerda López Rico. “El cambio en el plan general, con descatalogación en el trámite de aprobación definitiva sin posibilidad de alegar, en un flagrante incumplimiento de la normativa legal, condenó a muerte al asilo permitiendo su derribo. La enorme edificabilidad que se le otorgó al solar, que pasó de 90 pisos a más de 200, convirtió la operación en algo muy sabroso gracias al Gobierno local. Ni siquiera la gran contestación popular logró parar esta operación de especulación inmobiliaria al borde de la playa que apantalló parte de Monte Alto”, lamenta.

Con la perspectiva del presente y el rescate en su memoria de este capítulo urbanístico del pasado, López Rico recela hoy de las políticas del Gobierno municipal en la materia de la que él también se encargó: “Se están haciendo cosas bien en rehabilitación, pero advierto una especie de neovazquismo, con casos como As Percebeiras y A Maestranza, y no me gusta nada. Esperemos a ver qué depara”.