“Yo no tengo años, tengo vida”
La pintora coruñesa Maruxa Olavide, de 93 años, inaugura una exposición con la que redescubre su nuevo estilo tras la pandemia

Maruxa Olavide, en la inauguración, con Francisco Vázquez. | / /CARLOS PARDELLAS
Maruxa Olavide es el claro ejemplo de que nunca se deja de aprender sobre uno mismo. La pintora coruñesa, de 93 años, inauguró ayer en el Real Club Náutico la que por el momento es su última exposición pictórica. No lo hizo sola: junto a ella estuvieron el exalcalde Francisco Vázquez, el presidente del club, Fernando Cobián, y los periodistas Carlos Veira y Ernesto Sánchez Pombo.
Las 90 piezas escogidas componen la exposición Covid-19. La muestra no podía llevar otro nombre, pues nace de un proceso creativo inusual. “Cuando empezó la pandemia, en 2020, me pasó una cosa rarísima. Empecé a pintar cosas que no había pintado nunca”, comenta la propia Olavide.
Algo insólito, desde luego, pues en sus más de nueve décadas de vida y con toda la lucidez perfectamente conservada, la coruñesa ha hecho de todo: si bien la pintura es su gran amor, Maruxa Olavide escribe, compone, colabora en prensa y se sigue reinventando con cada revulsivo de la vida. Paradójicamente, a estampida del COVID en nuestras vidas supuso, para ella, una explosión creativa que, admite, no esperaba. “Fue como una fiebre que me entró. Estaba obsesionada con pintar, me levantaba por las noches porque se me ocurrían cosas”, rememora. Los cerca de dos años de crisis sanitaria que pasó pintando desde aquel momento fueron para ella como una epifanía: durante el encierro descubrió nuevas técnicas, colores y estilos que nunca había utilizado pero con los que, sorprendentemente, comenzó a identificarse en ese preciso momento de su vida. Las obras resultantes, reflexiona, son reflejo “de algo en mi interior que yo desconocía. Mi subconsciente estaba pintando algo relacionado con mi estado de ánimo”.
Las propias creaciones fueron evolucionando a la par que la situación epidemiológica, que, admite, para ella pasó totalmente desapercibida. “Empecé a pintar unos bichos rojos raros. Soy colorista, nunca había pintado surrealismo. Cuando terminé eso, me puse a pintar en blanco y negro. Salieron cosas surrealistas total. Luego volví al color. Están expuestos en ese orden en el Náutico. Ni me enteré de la pandemia, se me pasó rapidísimo”, asegura.
De esa catarsis surgieron, entre lienzos, láminas, folios y otros soportes, cerca de 400 obras para las que la autora solo concibe un destino. “Es el legado que quiero dejar a mis nietos”, afirma. Un capricho de los acontecimientos que no esperaba en 2018, cuando clausuró la que sería su última muestra en el mismo lugar. O eso pensaba ella.
La primera la inauguró en el año 1972, sin saber entonces que, 50 años después, no habría dejado de crear. Exponer las creaciones de este período justo ahora tiene, para ella, todo el sentido. “Una amiga mía que sabe de pintura me animó a dar a conocer estas obras, no tenía pensado ni exponerlas. Ahora que parece que la pandemia se está terminando, es hora de hacerlo”, señala.
Para Maruxa Olavide la edad no es, ni siquiera, un número. Mucho menos una atadura para dejar de hacer lo que a una le apasiona. “Yo no tengo años, tengo vida. Para mí los años no son una derrota, son una conquista, Sigo aprendiendo de mí misma”, reflexiona.
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