Domingo Villar no tiene claro si Algunos cuentos completos es un libro suyo con linograbados de Carlos Baonza o al revés, pero lo que sí asegura es que buscaban “recupera el júbilo del abrazo compartido”. Lo contará el miércoles, a las 19.00 horas, en la librería Moito Conto.

¿Cómo surgen estos cuentos?

Por pura invención. Nacieron como cuentos que escribía yo para mis amigos, sin mayor intención. De hecho, me resistía a publicarlos, prefería mantenerlos como parte de mi sustancia más íntima. Son cuentos que he ido escribiendo a lo largo de los últimos 20 años. Me gusta el cuento, me gusta la medida del relato breve. Mis novelas, aunque a veces son extensas, no las afronto como una novela completa sino como una sucesión de capítulos con estructura de relato, con introducción, nudo y desenlace y un agujerito para que quien se acerque a leerlo pueda pasar al capítulo siguiente. Así, poco a poco se van encadenando esa serie de relatos y con el hilo conductor de una trama policiaca, acaba surgiendo una novela.

Si no era su idea publicarlos, ¿cómo llegó a ello?

Mis editores llevaban muchos años pidiéndome que publicase los cuentos. Tanto Víctor Freixanes, que me los había oído contar varias veces, como Ofelia Grande me insistieron durante mucho tiempo. Me resistía porque me gustaba mantenerlos como relatos orales, que era para lo que habían sido escritos. Yo los compartía con mis amigos, pero como han llegado tantos meses en los que compartir cualquier cosa con amigos ha estado reducido a casi nada, los abrazos no los hemos tenido que guardar y los besos nos lo hemos envainado, pues me parecía que era una forma de replicar esos momentos más jubilosos, esos momentos entrañables, y que era necesario, por lo menos para mí, celebrar la vida y la amistad y hacerlo a través de unos cuentos.

Historias acompañadas por las creaciones de Carlos Baonza.

Es un pintor maravilloso. En ocasiones, con motivo de sus exposiciones, me había convocado a leer cuentos a los asistentes. Mientras yo leía, el pintaba y otro amigo nos acompañaba al piano. De alguna manera, el hacer este libro juntos ha sido reproducir aquellos momentos luminosos y recuperar el júbilo del abrazo compartido y de la amistad.

¿Qué aportan esos linograbados a sus cuentos?

Cuando le pedí que ilustrase el libro, decidió hacerlo con linograbados. Era consciente de la fuerza expresiva que el grabado tiene, y lo que teníamos claro era que queríamos hacer un libro hermoso, que tuviese valor por sí mismo, un cuaderno de autor. Carlos y yo tomamos la decisión de que las ilustraciones no fuesen redundantes, que no contasen solo lo que sucede en el cuento, sino que tuviese toda la libertad creativa para ampliar el mundo de mis cuentos, pequeñas historias que él las hace crecer, sueña por su lado los cuentos a su manera, los imagina de formas distintas y los enriquece muchísimo hasta el punto que yo ya no sé si es este es un libro de cuentos ilustrado con linograbados de Carlos o es un libro de linograbados de él subrayado por mis pequeñas historias.

Habla de una niña con un hermano ciego que es la encargada de ir al cine para contarle la película y de un emigrante gallego que vuelve y descubre que tiene el poder de la sanación.

Sí, son cuentos que tienen a Galicia en el centro, como encrucijada. Eso siempre me pasa. Cada vez que me siento a escribir, se me aparece mi tierra, me resulta inevitable. Todos estos cuentos hablan de gallegos en la diáspora, de gente que por alguna razón dio con sus huesos en Galicia o de gente común de nuestra tierra a la que el azar o la magia hizo de sus vidas algo extraordinario. Los cuentos están unidos por el hilván de la fantasía, de la magia, del viaje, del mar, que está presente en casi todos ellos como puerta al abismo pero también como fuente de aventuras.

¿Y qué papel juegan la ironía y el humor?

Todos los cuentos están pasados por el tamiz de la ironía. Están escritos para que mis amigos los disfruten, para buscar su sorpresa y su sonrisa. Y nada mejor que el humor para ello. Hay algunos que son algo más tristes, pero todos son entrañables, emotivos o divertidos. Todos están liberados de la tragedia, o por lo menos de la tragedia más burda, incluso cuando hay muertos, los muertos están felices.

¿Ha encontrado inspiración en autores gallegos contadores de historias, como Cunqueiro?

Es muy posible. Entre mis lecturas de cabecera están Cunqueiro, Carlos Casares, Manuel Rivas, Gonzalo Torrente Ballester, Emilia Pardo Bazán, Castelao o Xavier Alcalá. Todos ellos componen el mosaico de mi experiencia lectora. Es posible que haya algo de todos ellos en los libros, no voluntariamente, pero es inevitable que todo lo que vives, y leer es una manera de vivir, se acabe destilando en la obra.

Mirando hacia atrás, entre la publicación de La playa de los ahogados y El último barco pasaron diez años. ¿Por qué ese parón?

Escribir un libro es como echarse al mar en un barco. A veces llegas al puerto elegido en el plazo previsto y otras veces te demoras o te vas contra las piedras. Eso es un riesgo que tomamos todos los que nos adentramos en la aventura que supone escribir un libro. Tuve un libro terminado en el año 2012 pero no me convencía. Y no convenciéndome a mí era difícil que convenciera a un lector. Decidí empezar de cero. Son cosas del oficio. No le doy excesiva gravedad. Además, me permitió seguir escribiendo otra temporada larga y seguir embebido por la historia que tenía entre las manos. Lo que más me gusta de mi oficio es hacer el camino, mucho más que llegar.

¿En qué punto se encuentra el proyecto de llevar sus novelas a televisión?

Estamos en ello. Existe un proyecto para hacer del universo de mis novelas una serie de televisión. Se está desarrollando. Va despacio como van siempre las cosas en el audiovisual.