Cuatro guindas, Fanny, Ferrández, Ortuño y Martín, para un pastel: la OSG. Incomprensible que la música de Fanny Mendelssohn no suene habitualmente en los auditorios de todo el mundo, ya que su hermosura, cuando menos, es de la misma calidad que sus famosos contemporáneos. Deseoso de escuchar más Fanny en el futuro, uno se da cuenta del silencio e impotencia que debieron de sufrir las mujeres en el pasado (y no tan pasado) y que aún queda mucho trabajo por destapar y lograr una normalidad en esta brecha de género; con más Fannys será más funny. Con muchas ganas de escuchar al chelista Pablo Ferrández, demostrando el español que no es de este planeta.

La evolución de este músico en los últimos tiempos es asombrosa, perfilando ese ímpetu de hace años hacia un refinamiento en su interpretación que hace tocar el cielo, llevando al límite su Stradivarius en una sala que con talentos descomunales de este tipo no rinde y se queda pequeña, ya que no deja expandir y brillar todos sus armónicos ni percibir pequeñísimos detalles que los melómanos tenemos que descubrir en salas cercanas como Santiago, por ejemplo. El nivel de Ferrández es de top mundial y personalmente sueño con escuchar su doble de Brahms en Coruña acompañado por la OSG junto a la estrella del violín Anne Sophie Mutter, con quien registrará dicho concierto próximamente. Soñar no cuesta ¿no?

Muy enchufada la OSG toda la noche, mérito de la dirección de Jaime Martín, un genio de la flauta que con la batuta está a la par, o más, que como solista. Es fácil percibir a una orquesta cuando quiere a un director y hoy fue el caso. Una descomunal Ortuño que dio un recital desde su silla en complicidad con su maestro Martín, ese flauboe con Villa del que soy muy fan, unido a unas sensacionales maderas que ponen los pelos como escarpias y que Martín, Mr. Músico, sabe encajar como nadie en un balance con las cuerdas, de las que estuvo siempre muy pendiente y a las que elevó un poco en volumen sobre las maderas, logrando alcanzar ese nivel que diferencia a las grandes orquestas.

Delicia la concepción de sonido hasta los últimos acordes finales del maestro Martín, que hizo retener los aplausos finales durante unos segundos, y una orquesta que lo da todo cuando el que se pone en el podium tiene los elementos claros que distinguen a la OSG, cultura de sonido y música.