El catedrático en Derecho Constitucional y miembro de la Red Feminista en Derecho Constitucional, Octavio Salazar, visitará el Ágora el próximo lunes a las 19.30 horas para impartir la ponencia ¿Dónde estamos los hombres? Del silencio cómplice a la responsabilidad, en la que reflexiona sobre el papel que deben ostentar los hombres dentro de los avances del movimiento feminista.

¿Dónde están los hombres? ¿Dónde les gustaría estar?

Yo creo que en este momento una buena parte de los hombres están perdidos, desubicados, confundidos, ante lo que en las últimas décadas ha supuesto el avance en igualdad de la mujer, y el avance evidente del feminismo. El feminismo ha puesto sobre la mesa una serie de temas que habían sido invisibles y habían estado en un lugar secundario durante mucho tiempo. Ante ese avance de las mujeres como ciudadanas, muchos hombres no saben bien como resituarse en el nuevo esquema de cosas. Ese avance exigiría revisar buena parte de las cláusulas del contrato en el cual nos organizamos como sociedad. Las mujeres habéis movido ficha en el tablero, los hombres no lo hemos hecho. Ante ese contexto, creo que muchos hombres no tienen claro cual es el referente al que tienen que asemejarse, y un sector, minoritario pero muy ruidoso, está reaccionando de manera machista e incluso misógina. A nivel mundial están creciendo discursos muy reaccionarios que cuestionan los avances en igualdad, que censuran el feminismo y a las feministas, que aprovechan las redes sociales para lanzar estos mensajes, que incluso están llegando a los discursos políticos e institucionales.

¿Ha tardado el feminismo en reflexionar sobre el papel que debe representar el hombre dentro del movimiento? Se habla de feministas, de aliados…

Sí, pero por otra parte es entendible que ese debate no se plantease como algo central, porque, por otra parte, las mujeres estabais planteando cuestiones muy urgentes que tienen que ver con vuestra propia supervivencia. Donde está el fallo es en que los hombres no hemos asumido esa responsabilidad de reflexión crítica, de concienciación y de compromiso. Creo que cuando las mujeres estaban planteando cuestiones relacionadas con su estatus de ciudadana, también nos estaban interpelando a nosotros. Las mujeres han cuestionado la desigualdad que hay en el ámbito laboral, en el poder, lo que ocurre en el ámbito de la sexualidad; y también estaban planteándose qué papel desempeñábamos nosotros en esas realidades y en esos contextos. Nosotros no hemos hecho las tareas que nos correspondían. Cuando me preguntan qué tienen que hacer los hombres en el feminismo, respondo que la denominación en el fondo es lo de menos; lo importante es que los hombres empecemos a hacer ese trabajo de reflexión crítica, de concienciación, y por supuesto de empezar a actuar. Es un trabajo que tenemos que hacer nosotros, no podemos esperar que las mujeres lo hagan por nosotras y nos lleven de la mano.

Como jurista, ¿Cree que está el poder judicial estancada en estos avances? ¿Ha penetrado la perspectiva de género en el Derecho?

Yo ahora mismo me encuentro en un proyecto de investigación con unas compañeras sobre cómo aplicar la perspectiva de género a la administración de justicia. Es fundamental. No somos conscientes del poder que representa el Derecho. El derecho es una herramienta mediante la que se administran los recursos, se deciden los conflictos, se garantizan o no los derechos de la ciudadanía. Tenemos que tener unos operadores jurídicos absolutamente concienciados y comprometidos con la igualdad. No se puede ser imparcial en el compromiso con la igualdad, todos y todas deberíamos ser parciales. Nuestra justicia es deudora de un modelo androcéntrico y patriarcal. Se han ido introduciendo cambios durante la democracia, pero siguen estando muy presentes estereotipos de género, y una manera de interpretar la realidad en función de los intereses masculinos. Cuesta mucho trabajo que todo lo que tiene que ver con la mujer se haga visible al mismo nivel de importancia. Eso pasa por formación y sensibilización, no basta con aprenderte de memoria un código, hay que sensibilizar. Esa tarea no se está haciendo del todo bien en lo que tiene que ver con el Derecho y las personas que lo ocupan: judicatura, fiscalía, tribunales. En el Tribunal Constitucional hay dos mujeres de doce magistrados, y cuando ves las resoluciones que dictan, te das cuenta de que la perspectiva de género no está como línea principal, cuando debería estarlo.

“Los hombres no deben reclamar un espacio en el feminismo, sino tomar su espacio en la sociedad y hacerlo feminista”. Es una frase recurrente. ¿Está de acuerdo?

Sí, exacto. Creo que los hombres, en todos los espacios en los que nos movemos, debemos introducir el elemento crítico que representa el feminismo. Desde el grupo de Whatsapp en el que tú te relacionas con otros sujetos hombres, hasta tu lugar de trabajo, tu familia, tu relación de pareja, con los hijos... ahí es donde tenemos que actuar. También en el ámbito laboral: yo, que soy docente, tendré que llevar todo esto a cómo planteo mi relación con el alumnado, mi docencia, la investigación que hago en el ámbito del Derecho. La clave es que cualquiera de nuestros espacios acaben impregnados de lo que es el feminismo, que es una especie de ética. Esa ética hay que incorporarla a lo cotidiano. Ese es el papel: no tanto definirte como feminista, sino actuar como feminista. Es complicado, porque supone desaprender lo que hemos aprendido. Sigo teniendo ese machismo dentro de mí, por mucho que haya aprendido de estos temas, porque desde pequeño me he socializado en una cultura machista, y probablemente no me desprenderé de ello en toda la vida. El cambio empezará cuando seamos conscientes de que tenemos esa losa.