Denso concierto este, el tercero de la temporada de la Sinfónica de Galicia. En los atriles partituras exigentes, nada nuevo para estos músicos, pero que necesitan que todos los elementos se ajusten para lograr el éxito en la interpretación. En el escenario Barry Douglas, sustituto de Yevgeny Subdin, que tuvo que cancelar en el último momento por enfermedad. Gran pianista sin duda Douglas, que gustó mucho al público en general, pero sin encandilar a un servidor, por, entre otras cosas, su tendencia a acelerar sin mantenerse rítmicamente en determinados momentos, cosa que se pudo comprobar en la interpretación de su bis de Prokofiev, acelerado, desacertado y rítmicamente dudoso, lo cual hizo complicado de seguir y encajar por director y orquesta en los Shostakovich. Bien el trompeta solista Berwaest, con el que próximamente la OSG registrará precisamente este concierto con el citado Subdin al piano. Trabajo extra y bien resuelto por Dima esta noche, debido a la complejidad de ajustar a orquesta con los solistas y la dificultad extra de la exigencia y duración del programa. Llaman la atención las diferentes plantillas que tanto Shostakovich como Weinberg concibieron para sus obras de esta noche. Solo cuerda, unido a piano y trompeta como solistas en el concierto de Shostakovich, y cuerda con solo un clarinete como solista, aderezado con tres notas de triángulo, en la obra de Weinberg. Sensacional Ferrer, clarinete solista de la OSG, en un concierto encubierto para clarinete de Weinberg en el que Ferrer, al que le da igual la faceta de músico que le toque, ya sea solista, en la orquesta o en una agrupación de cámara, consiguió con su sonido y calidad recrear musicalmente una obra que gana mucho haciendo sándwich con Shostakovich, logrando delicatessen en el diálogo con los chelos. Magníficos Spadano al violín y Mirás al chelo, que noche tras noche elevan el listón de calidad y profesionalidad para liderar sus respectivas secciones y orquesta, en puestos de responsabilidad artística de tanto peso dentro de una Orquesta Sinfónica. Es de justicia reconocer el nivelazo de los violines esta noche, en especial de los primeros, en un programa muy exigente en el que hay que estar muy en forma y donde se evidenció el estudio minucioso de cada partitura, y eso, unido a calidad en las manos, es sinónimo de éxito.