Nací en Suiza, ya que mis padres, Hilario y María, que eran naturales de Carballo, vivían allí como emigrantes, aunque me considero coruñés porque cuando yo tenía cinco años mi padre falleció y mi madre decidió volver conmigo y mi hermano Carlos. Nos instalamos en Perillo, cuando entonces aún había muy pocas casas, y mi primer colegio fue el público del pueblo, en el que estudié hasta los diez años, tras lo que pasé al Liceo La Paz, donde terminé el Bachillerato.

El autor, en una imagen de su infancia en Suiza. | // LA OPINIÓN

Luego hice en Vigo los estudios de Peritaje Industrial y tras terminarlos empecé a trabajar en la empresa coruñesa Electrosonic como técnico de automatismos industriales. Luego pasé a Festo Pneumatic, en la que desarrollé el resto de mi vida laboral como comercial. Poco después de empezar a trabajar me casé con Sonia, natural de Vilaboa, con quien tengo dos hijos, Andrea y David.

Fernando, en su juventud en la Dársena. | // L. O.

Mis mejores amigos los hice en el Liceo, como Javier, Pier, Luis y Juan, con quienes jugué al hockey sobre patines hasta los diecisiete años, edad a la que tuve que dejarlo a causa de los estudios. También tuve amigos en Perillo, como José, Domingo y Juanolas, con quienes me lo pasaba fenomenal con los juegos típicos de aquellos años, como las carreras con los carritos de madera por las cuestas de la zona. También hacíamos grandes caminatas por los alrededores de O Burgo y Alvedro, donde muchas veces nos quedábamos para ver el aterrizaje del único avión que llegaba de Madrid en aquella época.

En mi juventud me gustaba más pasar el tiempo libre en la ciudad, por lo que los días festivos aprovechaba para ir al cine o a pasear por el centro y las calles de los vinos. En verano solíamos ir a las playas de Santa Cristina y Bastiagueiro, aunque esa última la cerraban por la mitad cuando iba Franco con su familia.

Recuerdo que usaba una casita que había a la entrada de la playa y que allí iban a verle las autoridades coruñesas. También tengo que destacar las fiestas que se organizaban en verano en Perillo, O Burgo, Vilaboa, Alvedro y San Pedro de Nós, ya que las disfrutábamos mucho durante el verano.

Desde muy joven me gustó el mundo de los ferrocarriles, por lo que en cuanto pude tener mi primer tren de modelismo se inició mi pasión por esta afición. Después de casarme conocí a otros aficionados y empezamos a reunirnos en la cafetería de la estación de San Cristóbal, por lo que decidimos crear la Asociación de Modelismo Ferroviario de A Coruña (Amfeco) que en la actualidad tiene quince socios, ninguno de los cuales tenemos relación profesional con este sector. Entre todos decidimos montar la maqueta de trenes más grande de Galicia y la tercera en dimensiones de España, que además está totalmente automatizada.

En este momento solemos pasar el tiempo que nos deja la familia en un bajo que tenemos alquilado en Santa Cristina que queremos dar a conocer a todos los interesados en conocer nuestra gran maqueta, que con dimensiones reales tendría una longitud de tres kilómetros y cuenta con puentes, túneles, estaciones y todo tipo de trenes, tanto antiguos como modernos.

Testimonio recogido por Luis Longueira