Yolanda Villa puso la primera piedra de la sala Mardi Gras allá por 1999. Tomi Legido, su programador, la llena de vida y ritmo. Detrás, un equipo enorme formado por artistas, mánagers, técnicos de sonido y camareros. Entre estos últimos se encuentra Ana Guillán que, junto a Villa y Legido, recogió el premio Martín Códax a la mejor sala de conciertos de Galicia. “El premio es de todos. Es importante que se reconozca el trabajo de todo el mundo porque hay una cadena muy grande de personas”, se sincera Tomi Legido.

La Mardi Gras había conseguido tres nominaciones en estos galardones y tras superar una pandemia se ha elevado al olimpo de las salas de música. “Esto llega en un momento de recuperación. Necesitamos mucho apoyo económico y moral, y el premio es esa parte moral. También que la gente nos siga visitando”, comenta.

Aunque es “pronto” para hablar de una mejora tras el parón del coronavirus, esta sala ya está cogiendo el ritmo con muchas citas programadas, como el concierto de Exit esta noche, la actuación de Lúa Mosquetera mañana y la fiesta de Halloween del domingo. “Todavía queda mucho. Fueron demasiados meses cerrados como para poder estar tranquilos ahora. Estamos intentando que la gente esté cómoda y segura, sin sensación de agobio. Vemos que tienen muchas ganas de bailar y disfrutar”, detalla Legido.

El local de Monte Alto, que recibió el mismo galardón que ya tiene el Garufa, conquistó el Martín Códax no solo por su actividad durante más de 20 años, sino por su esfuerzo para salir adelante en medio de una crisis. “Uno de los motivos por el que nos dan este premio es por el impulso de la Asociación Cultural República Musical Mardi Gras que, aunque es independiente de la sala, tiene un vínculo evidente, y permitió hacer aportaciones a otras salas de la ciudad durante el año pasado”, expone el programador. Se refiere al proyecto por el que, con la financiación de los socios, se pretende reforzar la actividad cultural coruñesa relacionada con la música. Uno de los objetivos es iniciar un sistema de micropréstamos para profesionales del sector de la música que formen parte de la asociación. “Hay más de 500 socios”, dice, orgulloso.

En tan solo unos días, el 16 de noviembre, la sala cumplirá 22 años. Más de dos décadas y una pandemia de por medio le llevan a celebrar este cumpleaños por todo lo alto. “Tenemos cosas pensadas, una programación especial, aunque hemos tenido menos tiempo de planificación que otros años porque con las limitaciones de aforo no nos podemos arriesgar”, analiza.

El próximo 6 de noviembre tocarán los hermanos Pardo, de Sex Museum, y Fernando dará una masterclass de guitarra eléctrica, y el día 16 habrá un concierto gratuito de Exit, la banda residente. “Llevaremos el trofeo del Martín Códax para que la gente se haga fotos con él. Nuestro público es fiel y queremos agradecérselo”, añade.

Aunque están siendo días de alegría y emoción, Tomi Legido y todo el sector tienen una espinita clavada. “Queremos que el Concello conceda a las salas el título de Espacios de Interés Cultural y Turístico de A Coruña”, sentencia, y añade: “Tenemos bandas y conservatorios, pero si esa gente no tiene donde tocar, hay un problema grave. Ahí estamos las salas”. Una reivindicación que no se apaga y que suena incluso más fuerte después de meses de silencio. Las salas de música ya ven la luz al final del túnel y la Mardi Gras lo hace con un Martín Códax en la mano.