¿Se imaginan que, cuando tenían 11 años, sale una serie no apta para niños de su edad y que todo su entorno insiste en que no deben ver? ¿Se imaginan que, además, algunos compañeros de clase han logrado verla a escondidas? ¿Se imaginan que, por encima, su colegio prohíbe terminantemente los disfraces con motivos de esa serie? ¿No les entrarían unas ganas terribles de ver qué demonios es lo que ha causado tanto revuelo? Algo similar ocurre estos días con El juego del calamar, cuyos atuendos han sido vetados en algunos centros concertados de A Coruña durante la semana de Halloween. Está por ver si no redunda en un efecto Streisand por parte de los escolares. Padres, vigilen su Netflix.