Portugal celebra, este año, una doble efeméride, vinculada a dos mujeres que han escrito la historia pasada y presente de la música del país. Por un lado, se cumplen 100 años del nacimiento de la gran fadista Amália Rodrigues, la voz más universal de Portugal. Por otro, la otra gran referente de la canción lusa, Mariza, celebra sus 20 años de carrera. Lo hace aunando las trayectorias de ambas artistas, paralelas en muchos aspectos, en su gira Mariza canta a Amália, con la que rinde tributo a su predecesora a través de versiones de sus piezas más conocidas, y que aterrizará este viernes 26 de noviembre a las 20.30 horas en el Palacio de la Ópera.

Visita A Coruña con su nuevo proyecto, Mariza canta a Amália, en el que canta el repertorio de la gran Amália Rodrigues. ¿En qué momento se encuentra usted con la música de la gran artista del fado?

Esta ha sido una gira que ha sido hecha para la conmemoración de los 20 años de mi recorrido discográfico. No está solo basada en este disco, puedes pasar por 20 años de mi repertorio. En esta fase en la que estamos, está todo el mundo de la cultura esperando para entender estos cambios que la sociedad ha tenido, y esperando a ver qué va a pasar con las personas del mundo del arte, y cómo el mundo nos va a abrazar.

Desde el punto de vista artístico, ¿cuál es su relación con Amália Rodrigues?

Amália es una figura muy presente en Portugal cuando hablas de fado. Es una mujer que ha dejado un legado importantísimo. Este legado tiene música bellísima, con grandes poetas, grandes compositores. Ese legado tiene que continuar siendo cantado. Pienso que los grandes cantantes tienen que ser siempre recordados y cantados. Esto es lo que ha pasado aquí: hacemos un viaje por la voz más importante del siglo XX en Portugal, Amália Rodrigues.

¿En qué se nota la impronta de Mariza en una artista de ese calibre?

En la forma de cantar, que es totalmente diferente. Yo soy Mariza. Canto temas que hacen parte de la memoria de Portugal, hago mi aproximación, pero somos totalmente distintas.

¿Cómo ha llegado este legado de Amália Rodrigues a las nuevas generaciones en Portugal?

Yo creo que cuando hablas de Amália, el nombre será siempre muy reconocido, como cuando en Francia hablas de Édith Piaf, o en Estados Unidos de Frank Sinatra. Son nombres que se quedan en la historia de la música de un país. Para mí, los países son reconocidos por su historia y su cultura. Aquí, todo se funde: la mujer, la cantante, la voz, la historia. Amália ha hecho historia. Nosotros sentimos un orgullo muy grande de haber tenido esta voz, a esta mujer, con una visión muy moderna de la música para el momento en el que vivió. Las nuevas generaciones la conocen, probablemente no tan bien, pero cantando a Amália, y hablando de ella, la conocerán más.

¿Es esa la intención del proyecto? ¿Acercar a los jóvenes, más apegados quizás a su música que a la de su predecesora, a este legado previo?

Sí, si hablamos de los últimos 20 años, quizás me conocen más a mí. Las nuevas generaciones conocen Ó Gente da Minha Terra, Quem me dera, Melhor de mim...conocen estos temas porque han estado muy presentes en los últimos 20 años. Eso quizás es mejor que se lo preguntes al público portugués, que es el que sabrá responder mejor que yo.

Ambas, cada una en su época y estilos, han tenido trayectorias similares a la hora de llevar la música portuguesa por el mundo. ¿Cómo respira ahora la música de su país internacionalmente?

De mi parte, muy bien. Ayer llegué de una gira por Alemania, que estuvo muy bien. El mundo ha cambiado muchísimo con esta historia de la pandemia. Las personas están intentando entender en qué mundo estamos ahora. Lo que más ha sufrido han sido la cultura y los conciertos en vivo: el teatro, la danza, la música. Ha sido durísimo para todos. Estamos esperando a entender lo que viene en los próximos tiempos.

¿Y usted qué espera que venga para el sector?

Yo espero que todo esto pase muy rápido y volvamos a tener la libertad de poder estar todos juntos asistiendo a conciertos, de poder tener ese contacto directo con las personas. Ver conciertos por streaming, a través de las teles, porque no puedes tener personas en el patio, es doloroso. Una cosa es filmar un concierto y otra darlo delante de nadie. Es muy difícil. La música es pasión. Yo, por mi parte, soy muy positiva. A pesar de los cambios, creo que va a venir una época nueva en la que vamos a estar todos de nuevo compartiendo la música.

¿Qué cree que cambiará a partir de ahora?

Nada va a ser como antes. Es imposible, son dos años de miedos, de reclusión. Volver a hacer todo lo de antes es imposible. Los músicos llevamos dos años encerrados sin poder hacer lo que más nos alimenta el alma. Yo tengo un hijo muy pequeño, al que he podido dar más atención. El amor lo salva todo, ha sido una época de priorizar, de intentar entenderme a mí también como persona. Ha sido positivo, de alguna forma, a pesar de todo el lado negativo. Yo siempre buscaré el lado positivo.