La carrera literaria de Fernando Aramburu no terminó con su éxito superventas Patria. Continúa, como bien hace ver, con su siguiente novela, Los vencejos, que presentó la pasada semana en la UNED de A Coruña, en un acto organizado por el Centro de Formación y Recursos, bajo dirección de Javier Pintor.

Le prometo que no le voy a preguntar sobre Patria.

Menos mal.

¿Está harto ya de hablar de eso?

Harto no, pero es un poco convencional, si todo el mundo me pregunta lo mismo, la respuesta será la misma.

Sobre todo porque, entre Patria (2016) y Los Vencejos (2021) ha escrito otros tres libros.

Sí, he publicado tres libros, ninguno de ellos novela.

Los vencejos es la siguiente novela después de Patria. Nos trae una cuenta atrás hacia la muerte.

Sí, esa es la columna vertebral de una novela que va de un hombre que decide poner fin a su vida al cabo de un año y no sabe bien por qué, entonces aprovecha ese plazo para racionalizar esta experiencia y hacer un recuento de ruinas y un repaso de su vida, y verter sobre las páginas toda clase de sensaciones, pensamientos y meditaciones.

Una novela intimista, alejada de la acción trepidante que corona las listas de ventas. ¿Encaja con el público lector de hoy en día?

Eso no me preocupa. Me alegra que la gente me lea, pero no me considero un sirviente que va halagando a los lectores o que se afana por cumplir las expectativas. Siempre he tenido la confianza de que hay un número razonable de lectores que me acompañan en mi aventura creativa. No me gusta repetirme, de vez en cuando me adentro por lugares poco esperables incluso para las personas que están habituadas a mi literatura.

No se adapta a las demandas del mercado, como otros superventas.

No, en absoluto. Yo no he sido nunca un escritor superventas. Tampoco lo he intentado evitar, lo que pasa es que Patria fue un bombazo editorial que no estaba premeditado, pero después he publicado otros libros que no han sido en absoluto comerciales. Yo sigo jugando la carta de la literatura. Mi principal ambición es la literatura, conseguir libros que realmente merezcan el tiempo y la dedicación de lectores. Si no llegan a las listas de más vendidos, pues tampoco me quita el sueño.

A la hora de narrar esa cuenta atrás hacia el suicidio, ¿intentó ponerse en la piel de una persona que tiene los días contados?

Hice exactamente el ejercicio contrario, quedarme al margen y contar una historia relativa a un ser humano que no se parece mucho a mí. Las similitudes son anecdóticas. Yo creo que la ficción nos permite contar historias que no son un derivado de nuestra propia biografía: yo no he vivido nunca en Madrid, no estoy divorciado, y por fortuna creo que tengo un destino vital diferente al del personaje. En la primera novela aproveché mucho de mi vida personal, pero es que creo que mi vida no da para más novelas, tampoco me ocurren continuamente grandes cosas. He escrito contra esa presunta convicción según la cual cada novela tiene un trasfondo autobiográfico.

¿Ni siquiera a la hora de imaginarse que se enfrenta a una muerte segura, con una fecha?

Eso es otra cuestión, uno se hace preguntas que no tienen respuesta. La imaginación nos permite saber cómo podríamos tener una respuesta. ¿Cómo viviríamos si supiésemos el día y la razón de nuestra muerte? Eso no nos lo va a responder nadie, pero la ficción nos permite imaginar que vamos a la Luna, o que vivimos tal aventura. Establecemos una estrategia vital diferente y gestionamos el tiempo de una manera diferente. ¿Cómo sé yo esto? Pues porque me lo he imaginado.

En Los vencejos, Toni, el protagonista, toma la determinación de acabar con su vida. A la hora de hablar del suicidio, un tema todavía muy tabú, ¿guarda algún tipo de cuidado con cómo pueda ser recibido ese relato?

En ningún momento trivializo la cuestión ni la frivolizo, porque es un tema actualmente muy candente, probablemente por causa de la pandemia, que añade más motivos de los que ya había. Las estadísticas son altamente preocupantes, por muy tabú que digan que es el tema, quien quiera informarse lo podrá hacer. Es un tema desagradable, en el sentido de que deja huellas inquietantes o dolorosas en el entorno del suicida. Uno se pregunta si pudo evitarlo, o si fue parte de la causa. Normalmente, estas cosas uno prefiere callarlas. No me consta que nadie vaya por ahí difundiendo que un pariente se haya suicidado.

El relato tiene tintes dramáticos, pero introduce elementos humorísticos, incluso cómicos. ¿Es complicado hacer humor con una tragedia vital, o es la única manera de enfocarla?

El humor va conmigo, está en mi instinto, tengo una tendencia natural, rápida, hacia el humor, lo que no puedo hacer es que se apodere de la narración, sobre todo cuando esta tiene algunos tintes dramáticos, pero sí es verdad que me impuse, al principio del proyecto, cuando diseñé Los vencejos, escribir un drama ameno. No un drama en el que se exagerasen las tintas, ni se escorase la narración hacia zonas de patetismo o hacia episodios tenebrosos, sino una especie de ensalada en la que cupiese todo: momentos de pena, con otros más ligeros, con otros directamente humorísticos.

El protagonismo recae en Toni, pero está rodeado de un elenco de secundarios. ¿Tienen entidad propia, o son sus interlocutores?

La responsabilidad narrativa cae en el protagonista, pero eso no quiere decir que el resto de los personajes sean secundarios. Son de importancia capital, pero el lector los verá a través de los ojos de un único narrador. Hay que recordar que este protagonista, Toni, recibe de vez en cuando notas anónimas que no sabe quién escribe, y que sirven para relativizar sus afirmaciones. Parece que no todo es como él dice que es.

Quien lo ha leído, especula que estas notas anónimas se las envía él mismo.

Me parece una teoría muy sagaz. Es una reflexión bastante plausible. Ahora, el autor tiene prohibido por la novela declarar quién introduce en el buzón de Toni las notas.

Entiendo que, cuando uno es autor, la obra deja de pertenecerle del todo.

Exacto. La obra es un texto que suscita en los lectores una historia y ellos son los que deciden.

¿Uno lee esta novela queriendo saber el desenlace de Toni, o disfruta del camino?

Eso no lo sé, pero es inevitable preguntarse en cada página si este hombre se va a suicidar o no, puesto que lo ha anunciado al comienzo de una novela. Esto puede dar lugar a una lectura desazonante o despertar la curiosidad. Toda la base narrativa fluye hacia un desenlace, que es: o lleva a cabo su propósito, o no lo lleva. Eso sí que da la sensación de cuenta atrás: cada día que transcurre es un día menos para este hombre, lo que hace que el lector se sienta en la posición de verdugo: si continúa leyendo, empuja a su personaje a un desenlace trágico.

Le mentí. Sí que voy a preguntarle por Patria.

¡Vaya por Dios! Me lo imaginaba.

Ahora que encara la presentación de la novela después de Patria, ¿qué impacto tiene en la vida de un escritor un éxito como este para todo lo que venga después?

Creativamente, ninguno. Patria es una obra acabada. Yo abordo otros proyectos, y no en función de la repercusión de Patria. No voy a juntar palabras con el fin de lograr algo que esté más allá de la literatura: ventas, premios, etc. Patria es un camino creativo recorrido plenamente, no habrá Patria 2, porque eso desvirtuaría la propia novela, sería una traición a su final. Es posible que en el futuro vuelva a contar historias que transcurran en el País Vasco que yo viví, por lo que tendría que hacer alguna alusión al terrorismo, pero me gusta imponerme retos creativos y superarlos.

¿Fue Los vencejos uno de estos retos?

Sí. He invertido mucha energía, mucha dedicación en Los vencejos. Es una de mis obras formalmente más ambiciosas, he llevado a cabo una serie de experimentos creativos o formales que el lector no tiene por qué percibir. Los lectores no deberían percibir el sudor del escritor, pero sí considero que esta novela es un paso más en cuanto a mis desafíos creativos; es una novela voluminosa que pone en práctica una técnica que me ha costado mucho, cercana al puntillismo, en forma de pequeños capítulos o secuencias, que unidas deberían dar lugar a un dibujo general.