El Gobierno local de A Coruña acababa de derribar el asilo de Adelaida Muro en contra de prácticamente toda la ciudad cuando unos meses después, en marzo de 2002, prosiguió su fiebre demoledora triturando la estación marítima, la antigua terminal de pasajeros de los años veinte que fue durante años una digna sala de exposiciones en medio del puerto coruñés. Casi veinte años después el espacio portuario vuelve a ser un centro de cultura, no de la mano de la Administración pública sino desde la iniciativa privada. “Fue idea de Marta Ortega traer esta exposición a su tierra, a ella hay que agradecérselo”, destacó ayer Benjamin, director de la fundación que preserva el legado de su padre, el legendario fotógrafo de moda Peter Lindbergh, tras explicar a los medios de comunicación, antes de la inauguración oficial hoy de Untold Stories, la significación de esta retrospectiva que reúne cuarenta años de carrera.

A Coruña es el único lugar de España donde podrá verse esta exposición pero también es el único sitio donde podrá contemplarse tal y como la diseñó su autor. “Este espacio industrial es muy adecuado y al ser tan grande hemos podido recrearla tal y como la imaginaba mi padre, exactamente como él la diseñó, incluso con su escenografía. Esta exposición ha viajado mucho y ha tenido que adaptarse a cada lugar, el contenido adaptarse al continente, pero aquí no, ha sido el continente el que se ha adaptado, y esto es una suerte increíble y es muy emocionante”, subrayó Benjamin Lindbergh, quien se mostró convencido de que las naves, silos, el puerto, son un espacio “increíble” como centro cultural.

La Autoridad Portuaria de A Coruña sacó a licitación en febrero de este año la demolición de los viejos silos de cemento que ahora forman parte imprescindible para completar esta muestra. El Puerto desistió de este derribo quince días después, anuló el contrato y después, con la organización de esta muestra ya en marcha, invirtió 180.000 euros en reformar la antigua nave del muelle de Batería para convertirla en contenedor portuario gigante que en su interior exhibe las 161 fotografías que el propio autor seleccionó de entre más de 600. Esta labor, junto con el diseño, el montaje, la agrupación de las instantáneas, el formato, todo lo realizó en dos años de trabajo y lo terminó apenas dos meses antes de su muerte en 2019.

Benjamin Lindbergh: "En A Coruña sí que se puede ver la exposición tal y como la pensó mi padre"

Con la exposición se ha editado un espectacular catálogo de Taschen pero además, solo para esta muestra en A Coruña, se ha sacado un segundo volumen, Raw Beauty, escrito en inglés, castellano y gallego, donde actrices, modelos o fotógrafos describen cómo era para ellos este artista que rompió los moldes de la fotografía tradicional de moda y creó el concepto de las supermodelos. En este libro figura un prefacio de la recién nombrada presidenta de Inditex, Marta Ortega: “Peter y Galicia guardan, en mi corazón, unas similitudes enormes...Naturaleza indómita, belleza natural, una calidez humana que te contagia de vida y una hospitalidad sin par. Yo tengo el gran privilegio de unirlos a ambos, y eso es algo que me hace inmensamente feliz. Lo hago con el único propósito de que todo coruñés, todo gallego, todo español y todo aquel que llegue a esta tierra maravillosa pueda disfrutar y apreciar libremente esta exposición exquisita que Peter preparó hasta el último detalle antes de dejarnos”.

Los visitantes hoy entrarán por la puerta de Entrejardines, cruzarán por una pasarela cubierta, con fotografías colgadas en las que aparece Lindbergh y frases de famosos sobre él, mientras pueden ver alrededor la veintena de contenedores portuarios construidos y montados para esta muestra como decorado. Al final se entra en la gran nave gris oscuro, metálica, que alberga tres grandes salas. La primera, con todas las paredes negras, se denomina Manifest, una experiencia inmersiva donde se exhiben vídeos cortos de making off de sesiones fotográficas y de modelos en varias pantallas.

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Exposición de Peter Lindbergh en los muelles de A Coruña Carlos Pardellas

La segunda sala, de color blanco, es la parte central, donde figuran las series icónicas de una Naomi Campbell en Ibiza en 2000 o una espectacular Helen Mirren a sus setenta años. Las actrices Uma Thurman, Jessica Chastain o Penélope Cruz se mezclan con modelos míticas como Amber Valetta, Kate Moss o Linda Evangelista. Solo tres fotografías tienen color. En muy pocas hay hombres. En todas es la persona, y no la ropa, la protagonista. “El cambió la fotografía de moda al sacar mujeres independientes y fuertes, la mujer es lo principal, él decía que la belleza es cuando la persona es tal cual es”, señaló su hijo Benjamin.

La exposición se cierra con otra sala de paredes y techo negros, Testament, donde se expone por primera vez la faceta más desconocida de Peter Lindbergh: una zona con fotografías en color, un primer plano de la misma cara repetida, donde resalta el color naranja del uniforme del preso del corredor de la muerte Elmer Carroll. Al lado, otra sala donde Carroll mira a la cámara de vídeo del fotógrafo durante treinta minutos sin decir nada. Lindbergh estaba frontalmente en contra de la pena de muerte. Consigue lo que pretendía, inquietar, desasosegar al espectador.