El presunto operador energético municipal que pactaron PSOE y Marea es una tomadura de pelo. Como ejemplo, el de Barcelona, un fracaso absoluto. Si tan barata fuese su tarifa, los barceloneses harían cola para contratar sus servicios, pero ni siquiera los votantes de Barcelona En Comú (156.157) han elegido hacerse clientes.

Los datos también demuestran que Barcelona Energía es un fracaso. A uno de enero de 2021 apenas alcanzaba 3.000 clientes en dos años y medio de vida, con una población de 1,6 millones de personas, lo que supone un 0,18%, y muy alejada del objetivo de 20.000 que manejaba cuando nació.

Barcelona Energía mantiene los mismos precios y sistema de pago como el resto, porque lo obliga la ley y aplica los mismos precios que las privadas, y en algunos casos tienen picos en los que es incluso más cara, por lo que no han logrado abaratar el recibo de sus clientes. Se fundó en 2018 con la intención de ofrecer una alternativa eléctrica “más barata, limpia y ecológica”, decían, pero tres años después no ha cumplido ninguno de estos objetivos.

No da energía más barata, solo tramita un bono social igual que el resto y ha replicado las subidas que ha provocado el cambio legal de Sánchez. Además no es verde porque su principal fuente es la térmica, que emite CO2. Y, por último, está en números rojos: perdió 307.000 euros en 2020.

En Coruña, en el expediente municipal que fue a Pleno no hay estudio de costes, no hay informes, ni del Secretario ni de la Asesoría Jurídica. Dicen que lo va a gestionar Emalcsa, pero tampoco hay informe de la empresa municipal. No es más que una declaración de intenciones para que no se hable de que no hay presupuesto o de la inseguridad ciudadana.

Exigimos a Inés Rey que se centre en los problemas reales de los coruñeses, que son quienes de verdad no pueden dormir por la inacción municipal.