El asentamiento chabolista de A Pasaxe se va quedando vacío. Ayer se marcharon del poblado Gonzalo y sus cinco hijos menores de edad, fueron los primeros en hacerlo en este nuevo año. Pasadas las dos de la tarde, Cristina, que parió a su hija Eugenia en la chabola que había levantado en el esqueleto de la antigua Conservera Celta, limpiaba el suelo con lejía y se hacía ya a la idea de que la que ha sido su casa en los últimos 34 años no lo volverá a serlo más. Madre e hija se mudarán en los próximos días a un piso que les ha conseguido alquilar la Concejalía de Benestar Social, así que, cuando se acabe la prórroga que Costas le concedió al Concello para hacer un realojo voluntario de los habitantes del asentamiento —expira el 31 de enero—, ellas ya no estarán allí sino adaptándose a su nueva vida.

Una de las viviendas ya abandonadas por sus habitantes, tras su realojo. | // CASTELEIRO/ROLLER AGENCIA Gemma malvido

Carlos Matos y su mujer estaban ayer también muy atareados, él, arreglando el motor de un camión ella, ayudándole, y haciendo planes y cálculos en el aire, porque en otro vehículo tenían ya cargado el mobiliario que instalarán en el que será su nuevo hogar. “Lleva mucho tiempo ponerlo todo y mucho trabajo”, decía Carlos. Ellos también se irán pronto, según explicaban ayer. La próxima semana irán a ver un piso en el que, según han acordado con el Concello, solo se podrán quedar tres meses, los necesarios para hacer las obras que precisan para acondicionar una pequeña vivienda en otro lugar, que se convertirá en su nueva casa y con la que dejarán atrás el asentamiento.

Carlos Matos, ayer, en A Pasaxe Casteleiro/Roller Agencia

Demarcación de Costas les envió a los residentes en el poblado, el 24 de noviembre del año pasado, un escrito para que abandonasen el poblado en un plazo de quince días alertándoles de que, si no se iban voluntariamente, iniciaría un proceso de desalojo forzoso. Al menos seis familias ejercieron su derecho a recurrir la decisión de Costas, aunque eso solo les permite ganar un poco de tiempo en su adiós al asentamiento, ya que, al ser territorio de dominio público, no hay posibilidad de que se les reconozcan derechos sobre el terreno en el que han residido durante décadas.

Tras esa comunicación de Costas, el Concello le pidió una moratoria a la Demarcación, con el objetivo de que la transición a una vivienda normalizada se hiciese sin tener que recurrir a la fuerza y ese plazo expirará con este mes.

Lejos de las 48 familias familias que residían en el asentamiento en 2017, quedan ahora cuatro, formadas por nueve adultos y dos menores. El Concello garantiza que todos ellos cuentan con una alternativa habitacional, aunque no sea la que los afectados hubiesen elegido como primera opción. Y es que, actualmente, el parque de vivienda municipal es muy limitado y no tiene capacidad para acoger a todas estas familias, por lo que las técnicas de Benestar Social se afanan en encontrar viviendas en el mercado libre y en hacer las gestiones necesarias para alquilarlas.

En 1986, el Ayuntamiento escogió este terreno cercano a la ría para que se instalasen las personas que vivían en los barracones de A Cubela y cuya estancia impedía el desarrollo de la zona. Como referencia, en septiembre de 1986 se inauguró El Corte Inglés de Ramón y Cajal y, un año después, abrió sus puertas el Centro Comercial Cuatro Caminos. En A Pasaxe quedan ahora cuatro núcleos familiares, algunos de ellos ya con un plano de ruta hecho para seguir adelante y muy pronto dejar atrás el asentamiento.