El Ayuntamiento ha encargado la redacción de un nuevo Plan de Transición Climática que guiará las acciones municipales en un “horizonte de diez años”. Sustituye al iniciado en 2014 y caducado en 2020, e incluirá medidas tanto de “mitigación” como de “adaptación” al calentamiento global, con proyectos como la definición de una Agencia de la Energía. Pero también debe perfilar cómo atraer inversiones empresariales relacionadas con la economía verde e impulsar una imagen de marca de la ciudad como “sostenible” , publicitando su compromiso ecológico.

Este horizonte de una década se empezará a contar probablemente desde 2023, ya que es difícil que la estrategia se implemente antes del final de mandato. Se ha decidido que la elabore una agencia privada y el contrato, con un valor de unos 83.500 euros (101.000 euros contando el IVA), todavía está licitándose. Una vez que se asigne el contrato, la empresa elegida tendrá un plazo de un año para redactar el plan.

El documento incluirá partes de diagnóstico y análisis. Así, entre los objetivos de la estrategia se encuentra evaluar la situación de A Coruña en la lucha contra el calentamiento global, y deberá diagnosticar las capacidades para la lucha contra el cambio climático, tanto por parte del Ayuntamiento como, en general, en el “ámbito urbano”. Y, para guiar a la acción proactiva municipal, “proponer actuaciones que permitan mejorar la situación de A Coruña” ante la elevación de las temperaturas y buscar fuentes de financiación, públicas y privadas, para desarrollar proyectos.

Por fases, la primera labor de los redactores de la estrategia será observar el estado de partida de la ciudad y el “análisis y caracterización de la cadena de valor de la energía” en la ciudad, así como de las capacidades empresariales y tecnológicas que permitan mejorarla. Luego, habrá que identificar las “tendencias globales” relacionadas con el calentamiento global con las que A Coruña puede atraer inversiones empresariales.

Siguiendo con este aspecto, los autores de la estrategia deberán identificar a empresas con capacidad para “impulsar medidas y actuaciones climáticas” y diseñar una agenda de gestión de “alianzas público-privadas”. También una hoja de ruta para el impulso de talento y generación de empleo en sectores ligados a la energía y el clima.

Ya fuera del sector puramente empresarial, se busca conseguir fondos europeos, de otras Administraciones y público-privados para financiar las medidas que se tomen desde instancias municipales; el plan de transición climática deberá incluir líneas estratégicas para conseguir esta inversión. Después de ocuparse de este apartado, los redactores deben identificar las iniciativas que debe realizar la ciudad frente a los retos del clima, “tanto desde el enfoque de mitigación como de adaptación”.

Este esfuerzo se intentará rentabilizar para mejorar la imagen de la ciudad y ligarla a los valores verdes. Así, la estrategia incluye la definición de actuaciones “dirigidas a la identidad y marca sostenible de A Coruña”, para publicitar “el compromiso y liderazgo en energía y clima”, con el diseño de una “marca ciudad” y de un “discurso climático”. La estrategia valorará el mejor modo de presentar los resultados de estas estrategias y comunicarlos, así como abordar la elaboración de un “reporte climático de acuerdo a estándartes internacionales”.

En cuanto a las acciones concretas, los pliegos de contratación señalan que la adjudicataria debería configurar un “laboratorio de buenas prácticas públicas y privadas” relacionadas con el cambio climático, estableciendo “alianzas” con otros entes; y definir “el ámbito de la actuación” de uno nuevo, la Agencia de la Energía.

El Ayuntamiento ya planea realizar varias iniciativas relacionadas con la energía: un mapa para identificar posibilidades de generar electricidad de fuentes renovables en la ciudad, una oficina para apoyar a los consumidores y, en el futuro, un operador energético.

Pero, según fuentes municipales, estos proyectos no se pisarán con la Agencia de la Energía, ya que, mientras que el operador se centrará “en la gestión energética, en gestionar recursos”, la agencia será una “entidad distinta”, que se dedicará a “la puesta en marcha de campañas de concienciación y en la promoción de la energía verde”. También se ocupará de la “implantación de nuevas políticas energéticas, de lucha contra el cambio climático”.

La portavoz de Marea Atlántica, María García, señala que el plan es necesario para cumplir con las exigencias europeas, y que la emergencia climática “tiene que ser una prioridad, pero también recuerda que la anterior estrategia contra el cambio climático municipal caducó en 2020, y que renovarla fue parte del acuerdo presupuestario de su partido con el Gobierno local de ese año. Así que el nuevo plan, aunque “bienvenido”, se está proyectando con “demora” para el partido de la oposición.

Plan de 2014-2020

La anterior estrategia empezó a gestarse hace una década. El Ayuntamiento de A Coruña se unió en 2012 al Pacto de las Alcaldías, un movimiento de autoridades locales europeas que se comprometían a trabajar contra el cambio climático y para favorecer las energías limpias. Siguiendo el espíritu de este acuerdo, se elaboró un plan de acción para 2014-2020 que identificó gran cantidad de datos (como el consumo energético y las emisiones del Ayuntamiento y de las diferentes ramas de la economía privada del municipio).

La estrategia proponía 53 medidas para lograr un objetivo resumido como “dos veces 20 para 2020”, esto es, conseguir que el 20% de la energía consumida en el municipio proviniese de fuentes renovables y que las emisiones de gases de efecto invernadero se redujesen un 20%.

Estas medidas se dividían en seis bloques. Uno era el de iniciativas transversales, como la creación de una Oficina contra el Cambio Climático o la cuantificación de las emisiones en los planes municipales. Otro era la creación de una estrategia de movilidad sostenible: entre las líneas maestras se encontraba promocionar la bicicleta, peatonalizar espacios, la “ampliación y mejora” de la red de transporte público y la reducción de la contaminación causada por los autobuses.

En cuanto a la gestión energética, se proponía mejorar el acondicionamiento térmico de las instalaciones municipales y crear “tejados verdes” en edificios como colegios y polideportivos: se instalaría suelo y vegetación, con ánimo de extenderlo a equipamientos privados.

En la misma línea que se está planteando por el actual Gobierno local, el plan incluía la evaluación de potencial para aprovechar energías verdes en la ciudad. Para sensibilizar a los ciudadanos, se buscaba crear a grupos de voluntarios que actuasen como “animadores locales de cambio climático” e iniciativas como la de plantar un árbol por coruñés.

En cuanto al urbanismo, se proponía fomentar la rehabilitación y recuperar “barrios deprimidos” o zonas industriales e infraestructuras en desuso, entre otras medidas. Para disminuir los residuos generados, se apostaba por potenciar la administración electrónica y dar exenciones y bonificaciones a los vecinos que redujesen su producción, además de aprovechar el biogás de los vertederos.