En el confinamiento, Juanjo Mena dejó a un lado el papel de director de orquesta para cuidar el huerto de su caserío en la montaña de Vitoria. Disfrutó del tiempo en familia, pero la música sigue siendo su motor, y lo ha vuelto a poner en marcha. Todavía no sabe dónde acabará de director titular. Por ahora, y como invitado, dirigirá mañana y el viernes a la Sinfónica de Galicia.

¿Cómo es su relación con la orquesta?

Nos conocemos desde hace bastante tiempo. Cuando el director titular era Víctor Pablo Pérez, estuve por aquí, con un programa que él escogió. Era muy complejo y cuando te enfrentas por primera vez a una orquesta que no conoces con un programa muy complejo, cuesta mucho entrar en contacto y comunicarse y surgen conflictos. Yo también era mucho más joven. Sin duda, cada año que pasa, nosotros tenemos un crecimiento interno muy importante por todas las experiencias que vivimos con diferentes orquestas, programas, situaciones...

¿Y ahora?

Cuando se acabó el confinamiento, en mayo de 2020, fui con esta orquesta al festival de Granada. Fue la primera vez que ellos salían de su comunidad. Vine en coche hasta aquí, me puse a ensayar con ellos y dirigí como siempre. De repente pensé: “Ostra, no estamos juntos, no vamos bien”. Las distancias habían cambiado y era la primera vez que la orquesta se enfrentaba en esta sala [Palacio de la Ópera] a hacer una obra con distancia entre instrumentistas. Yo, que soy una persona expresiva en la manera de dirigir, descubrí que no podía hacer música flexible y ambigua, tenía que hacer cosas muy claras y muy concretas. Lo planteé de una manera más técnica. Fue una vivencia muy bonita juntos. Cuando fuimos a Granada, disfrutamos muchísimo. Se puede decir que de los dos o tres programas que había hecho antes con ellos a este hubo un cambio grande. Creo que las experiencias que vivimos a lo largo de nuestra carrera van acumulando más capacidad de gestión de grupo.

En cuanto al impacto de la pandemia, ¿la situación ha mejorado?

Sí, claro. La orquesta ha aprendido a tocar con distancias. Y eso que ahora no son las mismas distancias que antes. Después del confinamiento, tuvimos que trabajar mucho y muy bien para poder estar a un buen nivel.

Como músico, ¿ha retomado el trabajo con más ganas?

Sí. El trabajo que hago ahora es muy intenso, precisamente por la necesidad de dar. Para ser director de orquesta necesitas saber escuchar al grupo que tienes delante, saber analizarlo, conocerlo e impregnarte de lo que te dan los músicos. Cuando sabes escuchar, puedes buscar lo que no te dan o ver cómo mejorar. Hay que escuchar a la orquesta a muchos niveles. No solo el sonido. También cómo se encuentra, qué necesita. A veces en el ensayo me sale una idea y todo el mundo despierta, conecta, y puedes hacer música mejor. Estamos continuamente intercambiando energía y llega un momento en el que ya no tienes que decir nada. Eso está ocurriendo ahora.

¿Tiene que reforzar ese papel cuando es director invitado, como ahora?

En efecto. Yo he trabajado con muy buenas orquestas, como la Filarmónica de la BBC, de la que fui titular durante muchos años y de la que aprendí mucho. También he estado en Pittsburgh, Oslo, Bergen... Esas orquestas siempre tienen el corazón abierto para que les des cosas. Estos días tenemos ensayos muy duros, muy intensos, pero en los que todo el mundo está disfrutando. No hay quejas porque estamos creando y creando. En tiempos de pandemia, el trabajo de los músicos ha sido muy importante. La música en directo, y la música clásica en directo, tiene un componente muy humano que toca el centro del alma de cada uno y puede ayudar a mejorar otros sufrimientos externos.

Tienen concierto mañana en el Palacio de la Ópera y el viernes en Oviedo, y la Sinfónica de Asturias toca aquí el sábado. ¿Es importante que la orquesta salga fuera?

Yo creo que este intercambio es también energía. Es bueno que el público conozca el nivel de una orquesta cercana y que los músicos salgan con ese input de tocar ante otro público. Así nos vemos en otra sala diferente, otra acústica diferente... Es importante para aprender.

El público está respondiendo. ¿Ha quedado claro que la cultura es necesaria y segura, como dice el sector?

Sí, y necesitamos más cultura, sobre todo en estos momentos de tanta tecnología. Todo el mundo está pendiente de las notificaciones del móvil. Es una droga. Eso hace que la creatividad interior mengüe y sufra mucho. Todo son banalidades. Necesitamos un placebo muy rápido.

Ha trabajado con las filarmónicas de Berlín, Londres, Nueva York y Los Ángeles y las sinfónicas de Chicago, Baltimore y Toronto, entre muchas otras. ¿Cuál es la situación de las agrupaciones de ese nivel?

Pues ha habido movimientos muy extraños en el mundo de la dirección. Aquellos directores que estaban en buenas orquestas pero que veían que podía haber sitio en otras mejores, como la de Chicago o la de Nueva York, se empezaron a posicionar, pero esos puestos se han quedado congelados. Nadie se ha querido mover, sobre todo en América. De repente, los directores titulares que querían optar a esos puestos han visto que no les proponían y han renovado sus contratos por ocho años. Es como decir “me voy a asegurar que en los próximos años voy a tener un súper sueldazo”. Yo estaba en la lista para director titular de Montreal y estoy en la de Minnesota y en la de Pittsburgh, si Manfred Honeck se va.

¿Volverá a ser director titular?

Sí, pero quiero que sea una titularidad buena, interesante y exigente para que pueda seguir mejorando. Tengo muchas ofertas en España y en otros países europeos, pero busco algo con lo que pueda crecer más para hacer mejor música. Nunca sabes donde puede sonar la flauta. Tengo mucho trabajo, no me preocupo. Yo vengo aquí encantado a dar todo lo que sé, me desnudo, pero quisiera ponerme ropa de otros sitios para conocer más, saber más y mejorar. Quiero llegar a un sitio que sea exigente.

La Sinfónica de Galicia también tiene una plaza vacante. ¿Qué necesita la orquesta después del paso de Dima Slobodeniouk?

Tienen que ver qué es lo que les ha gustado y lo que les ha faltado y ver donde pueden encontrarlo. También si pueden no perder mucho de lo que Dima les ha dado. Además, deben escuchar voces nuevas. Yo doy todo lo que sé, intento ser agradable con ellos, que se lo pasen bien... Es una orquesta de muy buen nivel, con buenos metales, buenas maderas y una cuerda muy sólida, con mucho conocimiento. Tiene que venir alguien que tenga muchas ideas y muchas ganas para llevar a esta gente a potenciar sus capacidades. La Sinfónica de Galicia siempre ha tenido un buen nombre, pero los tiempos pasan. Veo una plantilla muy interesante. Dima ha hecho un gran trabajo con su carácter, su estilo y su lenguaje, y la orquesta seguro que habrá aprendido mucho. Ellos ya han trabajado con grandes directores. No solo el titular es importante, que lo es, sino que ese titular sepa traer a gente buena.

Pero el talento tiene que ir acompañado de más cosas, como una gestión cultural adecuada.

Sí. Por ejemplo, hace tres semanas estuve en Indianápolis. Es una orquesta increíble. Está muy cerca de la Sinfónica de Galicia en cuanto a calidad instrumental. Sin embargo, la ciudad no tiene crítica y no hay actividad musical ni se ve la presencia del Conservatorio. La orquesta está buscando titular y quieren que vaya, pero no sé qué voy a hacer en Indianápolis, no me parece una ciudad tan culta como a la que quisiera ir para seguir mejorando.