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La Opinión de A Coruña

Manuel Horno Escritor, presenta hoy su libro ‘Las haraganas’ en la Fundación Luis Seoane

“El primer escritor que me marcó profundamente fue Miguel Delibes”

“La dificultad para tomar las riendas de la vida se ha dado en todas las épocas”

El escritor Manuel Horno. | // CEDIDA

El que fue miembro de la compañía músico-teatral La Trova, Miguel Horno, se ha estrenado como escritor con Las haraganas. En cartera tiene otras dos novelas preparadas, una acabada y otra en proceso. “Una vez que arrancas, es una especie de droga que ya no puedes dejar”, dice el autor, que presenta esta tarde (19.30 horas) su libro en la Fundación Luis Seoane, dentro del ciclo Somos o que lemos, junto a Fernando Ontañón y la actriz María Pujalte, que leerá textos de la obra.

Su profesión siempre ha estado ligada a la música y el teatro, ¿qué le ha llevado hasta este primer libro?

Siempre me ha gustado muchísimo leer. De adolescente, empecé a leer literatura de adultos. Era una inquietud que tenía de siempre y tengo ya 53 años. La novela la termine hace cuatro años, pero hasta que la pude publicar pasó un tiempo. Tenía muchas ganas de hacerlo. Era un reto. No encontraba ni el momento ni la energía para hacerlo. Quizá me influyó el hecho de que me fui a vivir a un pueblito pequeño, allí encontré mucha tranquilidad y me lancé. Me empujaron un poquito y ya tenía una historia que quería contar, sobre todo unos personajes que me interesaban mucho. Me puse a escribir y descubrí ahí una nueva faceta que me ha enriquecido mucho.

Parece ese cliché de escritor que se va de retiro para vencer a la página en blanco.

Sí, efectivamente es un poco cliché, pero yo creo que fue casualidad o igual la madurez. Grandes escritores han tenido una vida muy ligada a otro trabajo, Kafka era funcionario y Delibes, periodista. A mí se me dieron las circunstancias así. ¿Si hubiese seguido en la ciudad me hubiese lanzado a escribir? Pues no lo sé. Nunca llegaré a saberlo, pero sí que es verdad que la escritura me ha requerido un marco que me otorgue, sobre todo, tiempo. El tipo de vida que llevaba no me lo permitía porque viajaba mucho. No podía tener ese reposo mental para trabajar. Ahora, en mis ratos libres, escribo. Y ahí sigo, porque una vez que arrancas, es una especie de droga que ya no puedes dejar.

La pandemia también regaló mucho tiempo. ¿Lo aprovechó para crear algo nuevo?

Sí, lo aproveché para la segunda novela, pero ya la había terminado. Cuando terminé Las haraganas, la empecé a mover por editoriales y me adentré en ese mundo de la publicación que yo desconocía por completo. Tardó tiempo, pero al final salió Bala perdida, que le gustó la novela y me la publicó. Tenía claro que podían publicarla o podía quedarse como una más de las novelas que no llegan a ver la luz. Había disfrutado tanto escribiendo que decidí que iba a continuar. Me puse a escribir la segunda. Mi proceso de escritura es un poco caótico. Escribo las novelas, las dejo reposar y, una vez pasado ese tiempo prudencial, las vuelvo a leer y las retoco. Ya estoy enfrascado en la escritura de una tercera.

Con este libro se sale de los cánones de la literatura actual.

El estilo que le ha dado a Las haraganas ha sido fruto de dos cosas: la propia historia, que requiere ese estilo antiguo o viejuno, porque habla de unos personajes anclados en el tiempo, y, por otra parte, viene de mi formación como escritor a partir de la lectura. He bebido mucho de escritores de finales del XIX y de la primera mitad del XX. El primer escritor que me marcó profundamente fue Miguel Delibes. Leí Cinco horas con Mario con 14 años y me quedé fascinado con cómo una persona era capaz de crear todo un mundo a través de un solo personaje. He bebido mucho del estilo de Galdós y de escritores rusos como Tolstói. Como escritor, expresas lo que has bebido y yo he bebido de ellos. No me sentía capaz de hacer otra cosa. Una vez publicada novela, sí que veo que hay una especie de corriente que le llaman los neorrancios, de esos escritores que tendemos a un tipo de escritura que se sale de la modernidad. ¿Me puedo incluir ahí? Pues sí, yo encantado.

¿Cómo creó a sus tres protagonistas?

A partir de recuerdos que tengo de personajes que he conocido a lo largo de mi vida. Soy de Pamplona, pero mi padre era de un pueblecito y el mundo rural ha estado siempre presente en mi vida, y he conocido desde pequeños a personajes que vivían en un mundo que estaba en el pasado con respecto a mi presente, en los años 70 o 80. Ese ha sido el punto de partida de los personajes. Tenía claras las características básicas de cada una de ellas porque sabía la historia que quería contar sobre esas tres mujeres encerradas en su propio mundo. Pero cada personaje fue marcando su propio devenir.

¿Es un libro triste?

Yo no lo definiría como triste. Incluso he metido alguna pincelada de humor. Más que triste, es un libro íntimo e intenso.

No sitúa la novela en un tiempo concreto, ¿por qué?

Esa fue una decisión consciente que tomé al principio. En la primera frase, hago una pincelada muy vaga. Se podría situar en la posguerra española. Pero yo no la sitúo en el tiempo ni en el espacio. Porque lo que quería narrar no era la historia concreta de estos tres personajes sino, a través de ellos, reflejar esa realidad que es muy actual, que es esa dificultad para tomar las riendas de la vida. Eso se ha dado en todas las épocas.

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