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Aquiles Machado Tenor y nuevo director artístico de la Temporada Lírica

“Planteo llevar la ópera a naves industriales y traer todos los años una obra nueva”

“Es crucial abrir la Temporada Lírica a nuevos compositores, a música de nuestro tiempo”

Aquiles Machado, director artístico de la Temporada Lírica, en la glorieta de los jardines. | // CARLOS PARDELLAS

El tenor venezolano Aquiles Machado fue discípulo de William Alvarado y Alfredo Kraus, y actuó en los principales teatros del mundo. Hasta ahora era director artístico del programa Más que Ópera de la Comunidad de Madrid, y desde hace unos días ocupa el mismo puesto para la Temporada Lírica, en sustitución de César L. Wonenburger.

¿Cuál es la Temporada Lírica que usted quiere dirigir?

Quiero ser lo más respetuoso posible con lo que ha dejado mi antecesor, no hacer un barrido. Tengo muchos encuentros artísticos con él, y trataré de llevar adelante las cosas ya programadas.

¿Se ha reunido con él?

Me he encontrado con mucha información que dejó por escrito, pero todavía no he podido encontrarme con él. Espero poder hacerlo y darle las gracias por lo que ha hecho por A Coruña.

Está programada La forza del destino, Norma... ¿Tiene alguna novedad en mente?

Hay varias que se están cerrando. Va a haber una ópera barroca, esperamos un concierto con una gran estrella... Y tenemos la intención de consolidar y ampliar los espacios. Hay ideas para espacios alternativos para las que hay que sentarse a ver las posibilidades. A ver si se pueden hacer este año o posteriores.

“Es importante que los artistas locales tengan un espacio donde arriesgarse”

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¿En qué sitios está pensando?

Estamos hablando de espacios verdaderamente rompedores, que pueden ser muy interesante para el público joven. Hablamos de llevar la ópera a naves industriales, a galpones, con un proyecto específico que haga que los jóvenes se acerquen y que cree afición por el gran teatro. Y queremos mantener el nivel de excelencia dentro de lo que se está haciendo en A Coruña, que ha tenido una programación muy buena estos años.

Cuando habla de naves industriales, ¿no estará pensando en los muelles interiores?

Estamos hablando de estrategia y de secreto (ríe). Pero se plantean espacios alternativos, además de emplear las maravillosas salas que tiene A Coruña para conciertos.

¿Vamos a ver más ópera contemporánea que en años anteriores?

Esto va a depender muchísimo de la posibilidad que tengamos de ampliar los títulos. Hay que entender la necesidad del público, la ciudad y los socios. Yo planteo intentar hacer todos los años alguna ópera que no se haya hecho en A Coruña: no repetir La Traviata o Rigoletto hasta la muerte, sino coger alguna ópera del XIX o Verdi que no se haya hecho en la ciudad. Se trata de ampliar la escucha. Yo soy un melómano, y el primero que está enamorado del grandísimo repertorio, que ofrece retos muy interesantes.

¿Cuál es la clave?

Hay que explorar para convertirnos en mejores melómanos, pero al tiempo respetar que la programación sea equilibrada, no lanzarse a aventuras que planteen un nivel de exigencia a la escucha que no sea acorde con el momento. Aunque también hay que exigirle apertura al público y llevarlo por ese camino. Desde luego, entendiendo que la ópera no puede ser un hecho arqueológico, es importante abrir la posibilidad de conocer nuevos compositores, música de nuestro tiempo, y abrirnos a nuevos formatos que no tienen cabida dentro de un teatro. Hay que plantear cómo abordarlo.

¿Cómo ve el nivel de los artistas locales de ópera?

Conozco a muchísimos cantantes, no solo coruñeses sino gallegos, de grandísimo nivel. Creo que merecen no solo tener carreras enormes a nivel internacional sino tener la oportunidad de que los escuchen en su tierra y que se conviertan en ídolos en esta. Es muy importante que tengan un espacio donde puedan plantearse riesgos. Una de las intenciones que tengo es tomarme tiempo para realizar audiciones abiertas a los jóvenes de A Coruña. En los últimos años he asesorado a fundaciones y si algo he hecho es preocuparme ya no solo por el talento joven sino por el público joven, fundamental. Ya no solo adolescentes, sino el público entre 20 y 35 años, y el más importante para mí: los niños. Trabajo con niños desde hace muchos años y hemos ido haciendo una labor en escuelas y colegios para acercarlos a la ópera. Una de las cosas que puede permitirse el festival de A Coruña es abrir un espacio para los niños, para que vengan a la ópera, disfruten de ella y tengan un contenido específico para ellos. Sería garantizar el futuro del género.

Pero ¿qué hay que hacer para atraer al público joven que ve la ópera como ajena?

(Ríe) Te vas a reír, pero exactamente como lo hacen ellos en las discotecas y en los bares: hay que acercarse a conversar con ellos, generar contenido que hable su mismo idioma, que permita que a través de esa comunicación directa tengan acceso a entender otras cosas que quizás no les son atractivas a priori. Eso es muy importante. A Coruña es una ciudad de gran cultura, pero hay ciudades de gran cultura como Nueva York que sufren los mismos problemas, en las que la ópera se ve como elitista, exclusiva, y eso aleja a la gente del teatro.

Como desiderátum, ¿qué obra, o qué artista, le gustaría traer a A Coruña?

Me gustaría organizar un concierto enorme con un artista superfamoso, que haya nacido este mismo año en A Coruña, que acabe de nacer ahora. Mi sueño es descubrir a ese tenor, a ese barítono, a esa soprano, y poder hacer que cante en A Coruña y que después nos lleve ella al Metropolitan.

Antes de ser programador, usted es un artista. ¿Qué le aporta esta experiencia a la hora de plantear una programación?

No sé si es una ventaja, pero lo que me aporta es que todos los problemas a los que se enfrentan los artistas durante la programación, durante la estancia, durante el periodo anterior a la llegada... Todos esos problemas los siento en carne propia. Creo que los artistas pueden esperar que quien haga las gestiones para la temporada tenga la sensibilidad de saber qué es lo que ellos necesitan, lo que quieren, y cómo pueden ser ayudados. Eso no quiere decir que no existan otros directores que no la tengan, pero yo me planteo la posibilidad de establecer una cercanía con los artistas que muchas veces añoramos en algunos teatros. Uno llega al teatro y ve al director artístico saludándolo en un palco; se va al mes y el único recuerdo que tiene es ese. Y los artistas dan mucho más de sí cuando sienten que están en casa.

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