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La Opinión de A Coruña

Marcelo Expósito Artista, inaugura este viernes su exposición en la Fundación Luis Seoane

“Es importante oponerse al fascismo, pero lo es más producir modos de vida no fascistas”

“Estoy perplejo de hasta qué punto teníamos razón en la crítica al capitalismo hace 30 años”

Marcelo Expósito, en la Fundación Seoane. | // CARLOS PARDELLAS

El artista, crítico cultural y activista Marcelo Expósito inaugura este viernes en la Fundación Luis Seoane a las 20.00 horas la muestra Nueva Babilonia. Designar o no un trabajo como arte es una decisión táctica, que recoge sus 40 años de trayectoria creativa en múltiples formatos.

Cuarenta años de trayectoria y una conclusión: “Designar o no un trabajo como arte es una decisión táctica”. ¿Cómo llega hasta ahí?”

Hemos intentado que no se trate de un contenedor de obra muerta en el tiempo. Me gusta decir que hemos aplicado al contenido de la exposición un método de actualización en dos sentidos. Una parte importante de material son reconstrucciones de trabajos que no estaban pensados para formatos expositivos, y esto es un adelanto de la respuesta sobre por qué designar una obra como arte es una decisión táctica. Siempre pensé que la exposición no era el formato inevitable de finalización de los proyectos artísticos. He tenido que actualizar muchos proyectos anteriores para este formato. Una de las secciones de la exposición, El precio del progreso, comprende nueve proyectos de gran envergadura que fueron hechos entre el año 89 y el 94, que yo llamaba proyectos específicos. Eran intervenciones en situaciones específicas, fuesen regiones enteras o espacios expositivos o museográficos. Esos proyectos no estaban pensando como exposiciones, y han tenido que ser actualizados para poder ser mostrados aquí. Por otra parte, muchas de las problemáticas de las que tratan los proyectos, de una forma paradójica...

...están de actualidad.

Exacto. En lugar de quedar congelados en el tiempo, el tiempo los ha colocado en otro lugar de la agenda. Es evidente con los temas de memoria histórica. En los 80, plantear cuestiones relacionadas con la impunidad de los crímenes del franquismo, o las memorias de la resistencia o de la lucha antifascista, parecía anatemático, fuera de época. Hoy están más en la agenda política, y mucho más en la imaginación colectiva.

Cuando revisita sus creaciones de hace 40 años, ¿qué se encuentra? ¿conversaciones cíclicas, o rupturas?

Una cosa de la que me he dado cuenta haciendo esta revisión es que, efectivamente, es un trayecto biográfico de cuarenta años, pero, en realidad, dado que la muestra comienza en la primera mitad de los 80 y contiene proyectos realizados para la exposición y otros en curso, es un trayecto colectivo e histórico: el ciclo histórico de los 40 años de inicio de la hegemonía, y ahora crisis, del neoliberalismo. Finales de los 70 y principios de los 80 es cuando el neoliberalismo empieza a ser la actualización del capitalismo histórico. Cuando, en ciertos debates, se me pregunta sobre el estado de la resistencia, digo que, a veces, estamos perplejos de hasta qué punto teníamos razón en las críticas al neoliberalismo hace 30 años. Las críticas del movimiento ecologista al modelo de crecimiento ecológico o globalización neoliberal a veces se calificaban de exageradas. Hoy, cualquier exageración que quieras tener con respecto al impacto ecológico del capitalismo se queda corta.

Su creación artística siempre ha estado empapada por el compromiso y los movimientos sociales. ¿Cree que el arte que se hace hoy está impregnada por el neoliberalismo, por grande que sea su crisis?

Es complicado. Una de las virtudes que tiene el arte contemporáneo, y mira que yo he sido crítico, es que, de una manera extraña, en los últimos 30 o 40 años, se ha convertido en un campo en el que todo cabe. Hay dinámicas marcadas por las hegemonías del mercado en cada momento, pero, más allá del carácter dominante que el mercado del arte tiene en el crecimiento del sistema global del arte desde los 90 hasta ahora, en el arte contemporáneo hay unos márgenes de libertad que no hay en otros campos de la cultura. No tienes tanta capacidad de experimentación en la literatura como en el arte contemporáneo, porque ahí cabe la literatura, las artes visuales, las artes vivas. Es sencillo incorporar herramientas que vienen incluso de la politología o del periodismo. Mi trabajo, sin ser especialmente singular, es característico de eso. Esta exposición tiene una diversidad de formalizaciones, que son completamente híbridas, lo que no significa que la configuración del sistema global del arte desde los 90 y los 2000 haya sido, efectivamente, un crecimiento que al calor de la hegemonía del mercado y del capital financiero. Son ciertas las dos cosas: el arte es uno de los ámbitos en los que más se ha visto la influencia del capitalismo financiero, pero es un espacio de libertad enorme.

La muestra Nueva Babilonia, como decía, da testimonio de todas las posibilidades del arte, pero también de los momentos políticos y sociales de estos últimos 40 años. ¿Cómo lo presenta?

Hay dos cosas que nos planteamos que la exposición debía no ser, casi antes que concebir cómo debía ser. Hubo dos o tres planteamientos al contrario: tenía que no ser una exposición de pura documentación, de vitrinas. Segundo, no iba a ser una muestra organizada ni por soportes ni por temáticas. Se organiza de una manera más o menos cronológica, para que el espectador tenga un camino que seguir, por siete secciones, que responden a modelos constructivos o técnicas de producción. Es una forma de actualizar una idea que planteaba Walter Benjamin en los años 30. Cuando la Europa de Entreguerras se dio un debate sobre cómo el campo cultural se tenía que posicionar frente a la tensión entre el ascenso del nacionalsocialismo y las perspectivas de revolución socialista. Benjamin planteó una idea, seguramente influida por la experiencia teatral de Bertolt Brecht y por el arte constructivista y productivista soviético. Decía que, quizá, lo que el arte radical se tiene que plantear, no es tanto una radicalización de los contenidos, sino de las técnicas. Él pensaba que el fascismo no era solo señores con los brazos en alto pegando palizas, sino una forma de producir subjetividad, de colonizar la cabeza de las personas.

De crear marcos mentales.

Exacto. Y una manera de producir relaciones sociales. En los 70 se decía que es importante oponerse al fascismo, pero más importante es producir modos de vida no fascistas. El arte, al radicalizarse, debía plantearse no solamente incorporar contenidos progresistas: la clave es cómo la técnica de producción se convierte en algo que produce un tipo de relaciones sociales que son revolucionarias, que no son fascistas. Siempre le di vueltas a la idea de que las formas estéticas vienen después de pensar la producción de técnicas innovadoras o revolucionarias, o técnicas o modos de producción que responden a problemas concretos. Tienes que enfocar el problema político, estudiar el contexto, inventar el modo de producción, y las formas vienen después. En Bellas Artes se enseña al revés. Lo interesante son los modos constructivos, las técnicas de producción. Lo que la exposición hace es ordenar siete modelos constructivos, o técnicas de producción. Así se organiza la exposición: no por vitrinas o soportes, sino por técnicas o modos constructivos.

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