Kiosco

La Opinión de A Coruña

Javier Cercas | Escritor

“Escribir una novela consiste en formular una pregunta compleja y no contestarla”

“Los libros de mi trilogía se pueden leer como alegatos contra el abuso de los poderosos, que existen desde que el mundo es mundo”

El escritor Javier Cercas, ayer, en A Coruña. VICTOR ECHAVE

Con Terra Alta, premio Planeta en el año 2019, el escritor Javier Cercas (Cáceres, 1962) inició la historia de Melchor Marín, que conquistó a muchos lectores. Repitió con Independencia y ahora cierra el círculo con El castillo de Barbazul. Había pensado en hacer una cuarta entrega, pero de momento esa idea se queda al margen. Ayer habló de esto, de su novela y de sus personajes con Xavier Seoane y Javier Pintor en el salón de actos de la UNED en A Coruña, dentro del XVII Encuentro con escritores.

¿Supo desde el principio, desde Terra Alta, que iba a haber más de una historia sobre Melchor Marín?

Cuando escribí Terra Alta, para mí era un solo libro, pero, en cuanto acabé, supe que no se había acabado la historia y planeé tres libros más. Incluso he ido escribiendo partes de todos al mismo tiempo. Para mí, esto son tres novelas distintas y un solo libro verdadero. Solo que ahora al acabar esto he pensado que esto era el final. Es verdad que es un final abierto. No lo tenía planeado, pero las novelas se sabe cómo empiezan, pero no cómo acaban. Cervantes no tenía ni idea que iba a hacer una segunda parte que, por cierto, es mucho mejor que la primera. Ni Francis Ford Coppola sabía que iba a hacer tres Padrinos, que en realidad eran cuatro. Me da un poco igual, pero lo que sí supe es que iba a ser más de un libro. Nunca me ha ocurrido y no creo que me vuelva a ocurrir.

Es una trilogía y un mismo protagonista. Pero ha conseguido que las historias sean distintas.

Sí. El desafío es que los tres libros se puedan leer como una novela, pero también aisladamente.

Las dos primeras más situadas en la Terra Alta y Barcelona, esta en Mallorca. ¿Por qué ese cambio de escenario?

Tienes razón, pero no ha sido nada planeado. Me consta que es habitual que los chavales cuando acaban el Bachillerato se van de viaje a Mallorca. Cuando imaginé que Cosette se perdía, pues ¿dónde se iba a perder? Me pareció necesario. Yo no conocía muy bien Mallorca, pero me documento mucho para mis libros. Una novela no es exactamente una mentira pero se le parece. El verbo mentiri en latín significa mentir e inventar. Para que esa mentira o esa ficción sea creíble, necesito conocer muy bien la verdad. Cuando empecé a viajar allí y hablé con gente, me di cuenta que Mallorca era un lugar absolutamente ideal para que esto ocurriera. Esto puede ocurrir en cualquier sitio sino la novela es mala. Tolstoi decía una frase que yo repito mucho “pinta tu aldea y pintarás el mundo”. En Pollensa, mi historia puede ocurrir con mayor facilidad, porque es una zona muy aislada, muy concreta, y donde tienen casa algunas de las personas más ricas del mundo.

Entonces hablamos también de poder.

Claro. Es que eso es común a estas novelas, que tratan temas que nunca había tratado antes. Y uno de esos es el abuso de poder. Se pueden leer como alegatos contra eso, contra el abuso de los poderosos. Pero eso no es de hoy, como la violencia contra las mujeres, que también es un abuso de poder. Eso existe desde que el mundo es mundo. La violencia sobre las mujeres es un tema de los tres libros, aunque es más visible en este último. Me dicen “es el mejor libro de la trilogía”. Ojalá sea verdad, pero lo que creo que pasa es que todo cobra sentido.

¿Por qué ha querido destacar esa violencia sobre la mujer?

Es una forma del abuso de poder particularmente sangrante. Y también oculta. Cuando era un chavalito e iba a la escuela, algo que ahora está en primer plano de nuestro debate en Occidente, que es la igualdad, no existía. Eso no estaba ni en la educación ni en los medios de comunicación. Hace muy poco tiempo de eso. ¿Sabes hace cuánto tiempo se contabilizan los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas en España? Menos de 20 años. Y antes existían, pero se llamaban crímenes pasionales, que suena hasta romántico. Igual que el abuso de los que tienen poder, la violencia contra las mujeres ha existido desde siempre. De repente nos hemos dado cuenta de que tenemos un problemón brutal. Este es un tema fundamental en estos tres libros, pero no es que yo haya ido a buscarlo. Las novelas salen de las tripas. Un escritor se encuentra los temas. Lo que estaba en mis tripas era Melchor Marín, un tipo asediado por eso, todas las mujeres de su vida han sido víctimas de una violencia brutal.

Sin embargo, su protagonista, muchas veces, también contesta con violencia.

Ese es el quid de la cuestión. Para mí, escribir una novela consiste en formular una pregunta compleja de la manera más compleja posible y no contestarla. Los novelistas no podemos contestar las preguntas que hacemos, por lo menos no hacerlo de una manera clara. Nuestras respuestas son ambiguas, contradictorias, poliédricas. En el fondo es el lector el que tiene que dar la respuesta, si quiere darla. La pregunta fundamental de estas novelas es esa a la que tú aludes: ¿se podría considerar legítima la venganza cuando la justicia no hace justicia? ¿tomarse la justicia por su mano? En la realidad, eso no se puede hacer. Pero en la ficción las cosas son de otra manera. Las novelas son, antes que nada, un placer, como el sexo, y una forma conocimiento, como el sexo. Las novelas ponen en cuestión nuestras propias certezas. La literatura nos saca de nuestras casillas, nos crea problemas, a cambio del placer que nos proporciona. Te permite empatizar con gente, con hechos y con ideologías que en la vida cotidiana no puedes aceptar. Shakespeare es capaz de que te pongas del lado de una bestia como Ricardo III.

Decía que toda la historia nace de sus tripas. ¿Quiere decir que su protagonista, Melchor, tiene algo de usted o se ve reflejado?

Flaubert dijo “Madame Bovary soy yo”. Pues yo podría decir “Melchor Marín soy yo, pero solo en lo malo”. Lo bueno es suyo. Melchor Marín nace como un personaje lleno de furia, de dolor, de oscuridad, de deseos de venganza... Lleno de todas esas cosas que todos sentimos. La parte maldita como le llama George Bataille. Quien no ha sentido eso, no es persona. Es una máquina o un mentiroso. Melchor nace de mi parte maldita, de mi dolor. Es un personaje terrible, hijo de una prostituta, nace en el barrio más duro de Barcelona, un tipo violento, salvaje... Me enamoré de este chaval. Era capaz de una gran oscuridad y de una luz extraordinaria.

¿Y cómo es en El castillo de Barbazul?

En esta última novela, la luz prima sobre la oscuridad. Se ha tranquilizado. Ya no lleva esa furia del principio. Ahora creo que sus virtudes son más visibles. Y esas son solo suyas, no mías. Y ya estaban desde el principio. Por un lado, el coraje. Churchill escribió en una ocasión que el coraje es la base, lo que hace posible todas las demás virtudes. Puedes ser una persona bondadosa pero dadas unas circunstancias complejas, una guerra por ejemplo, si no tienes coraje para ejercer esa virtud, esa bondad, te conviertes en un canalla. Esa es la primera virtud que tiene Melchor. Y la otra, que es más visible en este libro, es carisma. Originariamente, el carisma era un don que poseen determinadas personas y que les permite aglutinar entorno a ellos una comunidad. Unas personas que, gracias a ese carisma, son capaces de sobreponerse a su propia normalidad y dar lo mejor de sí mismos. Eso lo tiene Melchor de una manera natural, sin alardes, porque la virtud es secreta o no lo es. La virtud que se exhibe deja de serlo.

Compartir el artículo

stats