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La Opinión de A Coruña

Mujeres bravas sin fronteras

Tres activistas hondureñas visitaron A Coruña para narrar su cruzada contra el expolio de recursos naturales en su país

Coralia, Adolfina y Karina, en el Monte de San Pedro. | // CASTELEIRO/R. A.

Se revuelven contra las injusticias. Ponen sus cuerpos entre el pueblo y los poderosos. Paran minas y dragados ilegales, expolios naturales de empresas extractivas y macroproyectos destructivos. Yeni Karina Aguilar, Adolfina Contreras y Coralia Argentina Turcios volaron el mes pasado desde Honduras hasta A Coruña para traer consigo el espíritu de una lucha a la que han consagrado sus vidas y que conlleva, en ocasiones, graves perjuicios para su seguridad y la de sus familias. Al final, cuando las máquinas desaparecen y los coches blindados de los empresarios desaparecen de sus comunidades, saben que ha merecido la pena.

Las tres activistas hondureñas visitaron la ciudad de la mano de la asociación Enxeñería sen Fronteiras, que las invitó a compartir su lucha con los alumnos de la facultad de Educación de la Universidade da Coruña en la ponencia Mulleres bravas: muller, terra, territorio.

Detrás de cada una de ellas se encuentra una historia de perseverancia y resistencia. La de Yeni Karina Aguilar, activista ambientalista que lleva cinco años luchando contra el megaproyecto fotovoltaico que amenaza su población. Hoy, con 23, forma parte de un programa oficial de protección de defensores de la tierra. “No se nos consultó a las comunidades a la hora de instalar el megaproyecto. Estuvimos 9 meses viviendo en un campamento en la zona donde iban a instalarse. Acumulamos varios requerimientos fiscales que interpuso la empresa, por coacción, amenazas, usurpación y daños a la propiedad privada”, relata la activista.

Tras los nueve meses de resistencia en el lugar, fueron desalojadas y las máquinas entraron, tras lo que comenzó una persecución de las activistas. Cesar en su empeño, sin embargo, se pagaría caro. “En la zona en la que está instalada el megaproyecto pasan unas fuentes de agua que abastecen a nuestras comunidades. La empresa jamás nos mostró un estudio de impacto ambiental, y, tras dos años, ya estamos viendo los daños”, lamenta la activista.

Su empeño es bien conocido por Coralia Argentina Turcios, la guardiana de los manglares de la bahía de Chismuyo desde hace 20 años, cuando descubrió las pretensiones del alcalde del municipio de vender los terrenos a una industria camaronera. Una actividad que amenazaba la riquísima biodiversidad de la zona y que Coralia, con solo veinte años, interceptó gracias a su labor como guardia forestal voluntaria de zonas protegidas.

“Logramos parar la venta. El año pasado mandó a otros compradores. Acudí de nuevo a explicarles que esos recursos naturales no tenían precio”, recuerda. Una tarea de resistencia titánica para la que la lideresa contó con el apoyo de sus vecinos e incluso de las fuerzas armadas del país. “Nuestra población es chiquita, pero los militares nos ayudaron. No es lo habitual, pero cuando se trata de recursos naturales, tampoco les conviene a ellos perderlo”, asevera.

Adolfina Contreras, la veterana del grupo, escucha a sus compañeras desde el otro extremo del camino. Gracias a su empeño, logró declarar su municipio, Pespire, como Libre de Minería y libre de Zonas de Empleo y Desarrollo económico, una denominación “disfrazada” de medida de protección como excusa para la venta y explotación de los territorios donde se asientan las comunidades. Una conquista que no habría sido posible sin la unión de la comunidad ante las autoridades locales. “Querían quitarnos algo que nosotros necesitamos para vivir, como es el agua. Supone violentar nuestros derechos. Querían dragar un río del que nos abastecemos cuatro comunidades, alrededor de 900 familias. Nos reunimos en cabildos abiertos para organizarnos, y las autoridades locales quisieron pararlo. Al final, conseguimos frenarlo”, relata Adolfina sobre su lucha.

Ella es parte de un movimiento comunitario que cada vez cuenta con más arraigo y fuerza en su territorio, gracias al impulso de asociaciones sin ánimo de lucro que trabajan en el país para formar a los vecinos de las comunidades en métodos de defensa de su tierra. “Así se estimula la conciencia social de las personas, se implanta el deseo de defender lo nuestro”, resuelve.

Enxeñería sen fronteiras y Amigos da terra han programado nuevas actividades en torno a la defensa de la tierra en las que contarán con más voces comunitarias hondureñas a lo largo de la semana que viene.

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